Regionales
Malvinas: un huinquense entre los pilotos condecorados por “su valor en combate”
Se trata de Walter Hugo Véliz, un excombatiente que junto a otros 23 compañeros serán homenajeados hoy en el Senado de la Nación. Las misiones que llevaron a cabo, volando en aviones Hércules, durante la guerra fueron recientemente desclasificadas
Después de 37 años 23 pilotos de aviones Hércules que fueron parte de la Guerra de Malvinas serán condecorados hoy en el Senado de la Nación por su “valor en combate”. Entre estos héroes, se encuentra Walter Hugo Véliz, un excombatiente oriundo de Huinca Renancó.
Este soldado junto a sus compañeros fueron parte de misiones secretas a bordo de aviones, y cuyas acciones recién fueron conocidas tras ser desclasificados los documentos que hacen referencia a estos hechos.
En el Senado de la Nación, a las 11 horas de este miércoles, se entregará la segunda más alta condecoración militar del país a pilotos de aviones Hércules que protagonizaron arriesgadas misiones durante la Guerra de Malvinas
El comodoro retirado Walter Hugo Véliz, nativo de Huinca Renancó, está entre ellos.
Pasaron ya más de tres largas décadas y Walter Véliz asegura que "como todas las guerras son dolorosas, esta no fue una excepción" . Y a pesar de querer dar una "vuelta de página", para él, Malvinas indudablemente "sigue vigente".
Su sentimiento cobrará más vigencia hoy cuando junto a sus excamaradas reciba la segunda condecoración militar más importante del país: "La Nación Argentina al valor en combate".
Durante varios años este personal realizó innumerables vuelos con los aviones Hércules C-130 para cumplir distintas misiones en el continente antártico e integró tripulaciones con capacitación especial para operar en esas latitudes.
Estas misiones tuvieron lugar el 27 de mayo, con el nombre clave de "Picho"; el 28 y 29 de mayo fue "Loco"; el 30 de mayo, "Polo"; y la última el 31 de mayo y 1° de junio, "Tiza". A todas ellas los tripulantes las llamaban "el loco". En la mayoría de los vuelos, se localizaron blancos ingleses.
En muchos casos estas tareas fueron calificadas como "imposibles", ya que no había nada parecido en el mundo por su riesgo e improvisación y en el cumplimiento de esta última, el enemigo en un combate aéreo derribó al avión Hércules C-130 matrícula TC-63, en aquel entonces perdieron la vida siete tripulantes del Escuadrón I - Hércules C-130.
"Muchos de los recuerdos no son gratos en una situación así se ven muchas cosas terribles y dolorosas, estábamos operando en un teatro de guerra", afirma Véliz y recuerda a sus compañeros que cayeron en un C-130 abatido por un avión inglés, "los conocía a todos".
La historia personal
Walter Véliz egresó como aviador muy joven en la Escuela Militar de Aviación de Córdoba en 1964. Nunca imaginó que el destino lo pondría al frente de una de las misiones más arriesgadas de una guerra frente a una potencia mundial: la de comandar los Hércules C-130, grandes aviones de carga que sirvieron de puente entre el continente y las islas para reaprovisionarse de soldados, mercadería y armamento.
Por una tradición familiar en su lugar de origen Huinca Renancó, su pasión fueron los aviones y desde que se subió a uno supo que su destino estaba en el aire antes que en la tierra, en el medio de su carrera atravesó una guerra sobre la cual hoy prefiere dar vuelta la página; sin embargo, ese tramo de su ruta de vuelo fue también parte de una historia de temple que indefectiblemente merece contarse.
Entre mayo y junio de 1982 en el inicio del conflicto bélico, entonces con el grado de Mayor, se le encomendó comandar uno de los Hércules C-130 que hacían su bautismo de guerra en la Fuerza Aérea Argentina, estas misiones que se realizaban con estos aviones de gran porte, recuerda, volaban "con carga completa y con sus tanques repletos de combustibles". “Éramos un blanco fácil para ser abatidos y en muchos casos llegamos a tener que realizar maniobras evasivas a muy baja altura casi en roce con las olas del mar", relata.
Los aviones Hércules despegaban del continente en horas de la tarde y regresaban desde las islas a la madrugada.
Los C-130 llevaban soldados a las islas y material bélico y asiduamente regresaban con heridos al continente pero también en ese trayecto identificaban buques enemigos como blanco.
“Había que cuidarnos las espaldas desde Chile y se hacían planes de vuelo ficticios que después se corregían en viaje, volábamos de noche para no ser detectados visualmente y a unos 50 o 60 metros de altura para no ser localizados por los radares ingleses", detalla.
En su carrera de aviador, Véliz integró tripulaciones de los vuelos que trasladaron al entonces presidente Raúl Alfonsín a España y Estados Unidos en la década del 80, actualmente está retirado de la Fuerza Aérea con el grado de comodoro y hasta el año 2002 voló en líneas comerciales. Hoy reside en Buenos Aires.
Poner la vida en riesgo
Durante la Guerra de Malvinas, las misiones que llevaron adelante los Hércules C-130 fueron dos: detección de blancos navales y de interdicción aérea.
Este riesgoso proceder, contrario a cualquier instinto de supervivencia básico, tenía un objetivo: identificar a los barcos y de esta forma se obtenían las coordenadas exactas del blanco, se informaba al comando que enviaba a los aviones cazabombarderos, para que lancen sus ataques en un lugar exacto del inmenso mar.
En las misiones de localización de buques enemigo, se volaba rasante sobre el mar, a una velocidad de 590 kilómetros por hora, y con el radar apagado, a fin de no ser detectados por el enemigo. Cuando se llegaba a un punto prefijado, se aceleraba a fondo, se elevaba la nariz del aparato 30 grados hasta llegar a los 10.000 pies.
En caso de identificar un blanco, se enviaban al comando las coordenadas para dirigir un ataque. Cuando el avión comenzaba a caer, se apagaba el radar.
Cabe destacar que los ingleses en varias oportunidades reconocieron la valentía y arrojo de estos tripulantes de los C-130 .
Ignacio Castro. Redacción Puntal
Este soldado junto a sus compañeros fueron parte de misiones secretas a bordo de aviones, y cuyas acciones recién fueron conocidas tras ser desclasificados los documentos que hacen referencia a estos hechos.
En el Senado de la Nación, a las 11 horas de este miércoles, se entregará la segunda más alta condecoración militar del país a pilotos de aviones Hércules que protagonizaron arriesgadas misiones durante la Guerra de Malvinas
El comodoro retirado Walter Hugo Véliz, nativo de Huinca Renancó, está entre ellos.
Pasaron ya más de tres largas décadas y Walter Véliz asegura que "como todas las guerras son dolorosas, esta no fue una excepción" . Y a pesar de querer dar una "vuelta de página", para él, Malvinas indudablemente "sigue vigente".
Su sentimiento cobrará más vigencia hoy cuando junto a sus excamaradas reciba la segunda condecoración militar más importante del país: "La Nación Argentina al valor en combate".
Durante varios años este personal realizó innumerables vuelos con los aviones Hércules C-130 para cumplir distintas misiones en el continente antártico e integró tripulaciones con capacitación especial para operar en esas latitudes.
Estas misiones tuvieron lugar el 27 de mayo, con el nombre clave de "Picho"; el 28 y 29 de mayo fue "Loco"; el 30 de mayo, "Polo"; y la última el 31 de mayo y 1° de junio, "Tiza". A todas ellas los tripulantes las llamaban "el loco". En la mayoría de los vuelos, se localizaron blancos ingleses.
En muchos casos estas tareas fueron calificadas como "imposibles", ya que no había nada parecido en el mundo por su riesgo e improvisación y en el cumplimiento de esta última, el enemigo en un combate aéreo derribó al avión Hércules C-130 matrícula TC-63, en aquel entonces perdieron la vida siete tripulantes del Escuadrón I - Hércules C-130.
"Muchos de los recuerdos no son gratos en una situación así se ven muchas cosas terribles y dolorosas, estábamos operando en un teatro de guerra", afirma Véliz y recuerda a sus compañeros que cayeron en un C-130 abatido por un avión inglés, "los conocía a todos".
La historia personal
Walter Véliz egresó como aviador muy joven en la Escuela Militar de Aviación de Córdoba en 1964. Nunca imaginó que el destino lo pondría al frente de una de las misiones más arriesgadas de una guerra frente a una potencia mundial: la de comandar los Hércules C-130, grandes aviones de carga que sirvieron de puente entre el continente y las islas para reaprovisionarse de soldados, mercadería y armamento.
Por una tradición familiar en su lugar de origen Huinca Renancó, su pasión fueron los aviones y desde que se subió a uno supo que su destino estaba en el aire antes que en la tierra, en el medio de su carrera atravesó una guerra sobre la cual hoy prefiere dar vuelta la página; sin embargo, ese tramo de su ruta de vuelo fue también parte de una historia de temple que indefectiblemente merece contarse.
Entre mayo y junio de 1982 en el inicio del conflicto bélico, entonces con el grado de Mayor, se le encomendó comandar uno de los Hércules C-130 que hacían su bautismo de guerra en la Fuerza Aérea Argentina, estas misiones que se realizaban con estos aviones de gran porte, recuerda, volaban "con carga completa y con sus tanques repletos de combustibles". “Éramos un blanco fácil para ser abatidos y en muchos casos llegamos a tener que realizar maniobras evasivas a muy baja altura casi en roce con las olas del mar", relata.
Los aviones Hércules despegaban del continente en horas de la tarde y regresaban desde las islas a la madrugada.
Los C-130 llevaban soldados a las islas y material bélico y asiduamente regresaban con heridos al continente pero también en ese trayecto identificaban buques enemigos como blanco.
“Había que cuidarnos las espaldas desde Chile y se hacían planes de vuelo ficticios que después se corregían en viaje, volábamos de noche para no ser detectados visualmente y a unos 50 o 60 metros de altura para no ser localizados por los radares ingleses", detalla.
En su carrera de aviador, Véliz integró tripulaciones de los vuelos que trasladaron al entonces presidente Raúl Alfonsín a España y Estados Unidos en la década del 80, actualmente está retirado de la Fuerza Aérea con el grado de comodoro y hasta el año 2002 voló en líneas comerciales. Hoy reside en Buenos Aires.
Poner la vida en riesgo
Durante la Guerra de Malvinas, las misiones que llevaron adelante los Hércules C-130 fueron dos: detección de blancos navales y de interdicción aérea.
Este riesgoso proceder, contrario a cualquier instinto de supervivencia básico, tenía un objetivo: identificar a los barcos y de esta forma se obtenían las coordenadas exactas del blanco, se informaba al comando que enviaba a los aviones cazabombarderos, para que lancen sus ataques en un lugar exacto del inmenso mar.
En las misiones de localización de buques enemigo, se volaba rasante sobre el mar, a una velocidad de 590 kilómetros por hora, y con el radar apagado, a fin de no ser detectados por el enemigo. Cuando se llegaba a un punto prefijado, se aceleraba a fondo, se elevaba la nariz del aparato 30 grados hasta llegar a los 10.000 pies.
En caso de identificar un blanco, se enviaban al comando las coordenadas para dirigir un ataque. Cuando el avión comenzaba a caer, se apagaba el radar.
Cabe destacar que los ingleses en varias oportunidades reconocieron la valentía y arrojo de estos tripulantes de los C-130 .
Ignacio Castro. Redacción Puntal