Llevó la bandera de los veteranos de Malvinas a la cima del Aconcagua
En un nuevo desafío, el hernandense Jonathan Stobbia consiguió llevar el estandarte de los veteranos de Malvinas de Hernando al pico más alto de Sudamérica: el Aconcagua. Si bien es su segundo viaje a la montaña argentina, en esta oportunidad pudo hacer cumbre, ya que en la primera travesía por cuestiones climáticas no alcanzó la cima, ubicada a unos 6.960 metros sobre el nivel del mar. “La bandera volvió a estar en uno de los lugares más altos del mundo, que es donde merece llegar”, aseguró el escalador aficionado en diálogo con Puntal.
Al rememorar lo vivido a mediadios de enero, narró que en esta oportunidad la pandemia del coronavirus causó algunos contratiempos por contagios en los campamentos. Sin embargo, su grupo pudo cumplir el desafío sin registrar positivos en los 11 días días de expedición.
El vecino de la zona es comerciante pero comenzó a hacer montañismo en el año 2015, tiempo en que también se gestó el proyecto de llevar la insignia de los exsoldados a los siete puntos más elevados del planeta, como una forma de rendirles homenaje.
Esta última experiencia se suma a tres similares con el estandarte de los héroes en la cúspide de los montes: Denali, considerado el más alto de Norteamérica y que está ubicado en Alaska (2021); Elbrús, el más alto de Europa en Rusia (2018); y Kilimanjaro, el más elevado de África situado en Tanzania (2017).
-¿Es tu segunda visita al Aconcagua?
-Sí pero ahora pude hacer cumbre. La primera vez que fui en 2015, cuando empecé con este proyecto de llevar la bandera a los picos más altos, no pude llegar. Logramos llegar hasta Cólera, que es el último campamento a 6.050 metros (sobre el nivel del mar). La noche que íbamos a la cima nos agarró una tormenta terrible, rompió casi todo el campamento, hubo gente con hipotermia. Fue una noche bastante trágica en la montaña y tuvimos que bajar. Entonces me había quedado pendiente ese trayecto. Después no se había dado más la oportunidad de ir al Aconcagua y de repente después de subir Denali conocí a un chico de Buenos Aires, que me invitó a hacer juntos la montaña en verano. En ese momento lo tomé solo como un comentario. Y hace un mes me llamó para contarme que el parque estaba abierto y que estaba la posibilidad de ir. Decidí hacerlo sobre la marcha y se dio.
-¿Cómo fue esta última expedición?
- A pesar de no ser una montaña técnicamente difícil, tiene mucha altura, por lo que hay que irse aclimatando correctamente. El lugar siempre tiene un as bajo la manga para no entregarse tan fácil. Teníamos estipulada una expedición larga. Entramos al parque el día 4 de enero, con idea de hacer cumbre entre el 18 y 19 de enero. Pero con el tema de salud que se vive por el Covid fue todo muy raro. Los seis que estábamos en la expedición debíamos estar siempre juntos y no tener contacto ni charla con nadie por los contagios. En el parque había infectados. Cuando nosotros hacíamos el ascenso venían bajando dos grupos que dieron positivo. Cuando estábamos en Plaza de Mulas otra expedición dio positivo. Nosotros nos pusimos la cláusula de cuidarnos porque si daba positivo alguno debíamos bajar todos. Nos tuvimos que cuidar mucho y particularmente habíamos llevado test rápidos, así que teníamos nuestro propio control arriba. En los primeros días en el parque hubo muy buen clima pero después empezó a desmejorar. Las brechas de buen tiempo se acortaban y tuvimos que planificar la cumbre el 15 porque el 16 venían tormentas feas hasta el 20 y 21. Así, se nos acortó tres días la idea que teníamos que en montaña es muchísimo, más en una de gran altitud que requiere aclimatación paulatina. Aceleramos la expedición, casi no tuvimos días de descanso. Además tuvimos que subir muy pesados para ir armando los campamentos, íbamos con 25 a 30 kilos en las mochilas para adelantar el proceso. Finalmente, el día 15 a las 5 de la tarde logramos hacer cumbre.
- Para completar tu proyecto de los picos más altos con la bandera te restan tres cumbres...
-Sí, el Everest, que es la más alta del mundo; la Pirámide de Carstensz, que es la más elevada de Oceanía y el Monte Vinson, que es el más alto del Polo Sur. Si bien no son complejas técnicamente, ni físicamente y esto se suma a las ganas que tengo de hacerlas; el problema de las tres es el costo económico, para un sudamericano sobre todo. Con la devaluación que tenemos, los valores se ven muy lejos pero la idea sigue y confío en que algún día se pueda cumplir.
- ¿Y pensás otros desafíos?
- Sí. En el Aconcagua, hablando con algunos guías y compañeros salió otro proyecto interesante que no lo hizo ningún argentino. Es decir, no lo han hecho en tiempos estipulados. Se trata de hacer los 13 picos más altos de la Cordillera de los Andes. Son 13 montañas que superan los 6.500 metros de altura. Algunos lo han hecho pero en años o de manera salteada. Es una linda idea para seguir. Lo hicieron sólo unos italianos hace un par de años. Es un desafío llamativo y complejo porque algunas de las montañas son complicadas y de mucha altura.