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Cómo el poder afecta la salud: de Evita a Schiaretti

La historia argentina es testigo de cómo la gestión deteriora la calidad de vida de los hombres públicos. Los casos de Menem, De la Rúa, Kirchner, Cristina y del mismo Macri. La angioplastia al gobernador cordobés reactualizó el debate.  Por Marcelo Irastorza

A las 20.25 del 26 de julio de 1952 Eva Perón “pasó a la inmortalidad”, según se anunció oficialmente ese día. Tenía apenas 33 años de edad. A Evita se le ocultó que tenía cáncer. También se trató de que la sociedad argentina no se enterara de dicha enfermedad hasta donde se pudo. Es que a mediados de 1951 ya era imposible ocultar la verdad. El 4 de junio de 1952 María Eva Duarte acompañó a Juan Domingo Perón al acto de asunción de su segunda presidencia. Ella quiso ir pese a que su salud estaba resquebrajada.  Poco a poco su vida se iba apagando como una velita. Para Perón, Evita era un pilar clave de su gobierno. El por entonces presidente intuía que sin su esposa todo iba a ser muy diferente. Y así fue. Tras la muerte de la “abanderada de los humildes” vino la debacle y el fin de la era justicialista. De ahí que Perón trató de guardar bajo siete llaves la enfermedad de su amada. Hasta que todo resultó tan evidente que los propios hechos se encargaron de develar el misterio en torno de la salud de Evita. En su libro “Enfermos de Poder”, el periodista Nelson Castro cita la visión que sobre el particular tenía el escritor Ernest Hemingway. “Hemingway le atribuyó a un colega del periodismo norteamericano la teoría de que el poder afecta de una manera cierta y definida a todos los hombres que lo ejercen”, expresa Castro. Y añade: “Quiso decir que líderes políticos que llegaban sanos a las mayores alturas, tarde o temprano terminarían registrando en su salud esa acción implacable, propia de la posición suprema que habían alcanzado”.



La historia argentina es testigo de cómo el ejercicio del poder deteriora la salud de los hombres públicos. Por ejemplo, cuando corría 1993, Carlos Menem fue operado de la carótida. Un cosquilleo en el brazo izquierdo seguido de un pequeño desvanecimiento fueron los síntomas que derivaron en una imprevista intervención quirúrgica. En una Argentina que venía de una hiperinflación, los mercados se empezaron a intranquilizar con la noticia. Por ese motivo, el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, salió a decir: “Gracias a Dios, el Presidente está bien y no es grave”. También su sucesor, Fernando de la Rúa, tuvo un episodio similar durante su mandato que puso en vilo al país. Efectivamente, en el 2001 fue sometido a una angioplastia para desobstruir la arteria coronaria derecha. Las complicaciones en la salud, producto del estrés que produce estar en el poder, también alcanzaron a Néstor Kirchner. En el 2004, el primer mandatario tuvo que ser internado a raíz de una gastroduodenitis erosiva aguda con hemorragia. Kirchner venía de padecer su primera derrota política: la masiva marcha de Juan Carlos Blumberg en reclamo por mayor seguridad. Luego se desencadenaron los problemas coronarios. En el 2010 fue operado de urgencia dos veces en solamente seis meses. La primera vez por una obstrucción de la arteria carótida derecha y la segunda por un problema coronario, oportunidad en la que se le colocó un stent. Tras esta última intervención, salió antes de que le dieran el alta y a los pocos días se presentó en un acto político. Por ese entonces se buscaba minimizar los distintos episodios a los fines de no mostrarlo debilitado. En el 2010, Kirchner murió de un infarto agudo de miocardio. También Cristina Fernández de Kirchner fue víctima de los efectos del poder en la salud. Concretamente, la operaron de un cáncer de tiroides. La intervención no presentó ningún tipo de inconvenientes. “La cirugía de la señora Presidenta se realizó sin ningún inconveniente ni complicaciones”, sostuvo el secretario de Comunicación, Alfredo Scoccimarro. Hasta Mauricio Macri tuvo que someterse a distintos controles médicos. “Estoy bien”, declaró el Presidente, al salir de uno de ellos.



La angioplastia que se le practicó al gobernador Juan Schiaretti reactualizó el debate acerca de la salud de los gobernantes. Desde El Panal se dijo que el mandatario provincial se sometía a un chequeo de rutina en el Sanatorio Allende y, a las horas, se informó que se le colocaron cuatro stents. “El gobernador se encuentra en perfectas condiciones. Su evolución es muy favorable. Los profesionales que lo están atendiendo piensan que pronto va a poder estar en su casa y no se va a modificar la agenda”, aseguró el ministro de Salud, Francisco Fortuna. Apenas se produjo la intervención se dejó en claro que la recuperación es favorable y que inmediatamente el mandatario provincial reanudará sus funciones. Ayer le dieron el alta para que pueda retomar su actividad pública. No es la primera vez que Schiaretti tiene incidentes de este tipo. Se recordará, por ejemplo, cuando se desmayó durante la pronunciación de su discurso en la apertura de sesiones del año 2018 en la Legislatura. Esta intervención se da justamente cuando se ha iniciado la campaña electoral y frente a la cual un conductor político no puede mostrar signos de vulnerabilidad. La operación a Schiaretti disparó una catarata de versiones en torno de su salud que fueron inmediatamente disipadas desde el Centro Cívico. ¿Podrá el gobernador afrontar el proceso electoral que está en marcha? En el schiarettismo dicen que sí.



Marcelo Irastorza.  Redacción Puntal