Las Paso del 11 de agosto pasado dejaron a Mauricio Macri como a un boxeador aturdido por los golpes de su rival y buscando abrazarse a él para no desplomarse en el ring. El Gobierno no esperaba perder por una abultada diferencia en las elecciones primarias. A tal punto que en la conferencia de prensa del día siguiente se vio a un Macri muy enojado con los votantes que habían optado por la alternativa encabezada por Alberto Fernández. Después la historia es conocida: vino la autocrítica del Presidente y el fuerte impacto de la crisis que parece no tener fin. La coyuntura actual es compleja y a su vez delicada. Preocupa al oficialismo, a la oposición, a las instituciones y a la sociedad toda. Se están viviendo días de gran turbulencia económica y de mucha zozobra en la población. Las continuas disparadas del dólar, el aumento del riesgo país y las subas de los precios de las mercaderías en las góndolas de los supermercados mantienen en vilo a los argentinos. El pedido de la Argentina al FMI para renegociar la deuda pública desencadenó todo tipo de reacciones. ¿Estamos en default? La calificadora Standard & Poor's declaró a la Argentina en “default selectivo”, en tanto Fitch habló de “default restringido” y Moody’s bajó la calificación sin mencionar “default”. En la Casa Rosada dieron precisas instrucciones para que los ministros salgan a decir que el país no está en cesación de pagos. “Digan que no estamos en default”, ordenó Macri a sus funcionarios. Los rumores corren como reguero de pólvora. Hasta se llegó a escuchar de que puede regresar el “corralito”, versión que puso los pelos de punta a los ahorristas. “Acá no hay cepo ni ningún tipo de corralito”, tuvo que aclarar el candidato a vicepresidente de Juntos por el Cambio, Miguel Pichetto, mientras el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, busca frenar el dólar.
La Argentina está en una profunda crisis económica a la que hay que sumarle el factor político que no es menor. ¿Hay vacío de poder? Estamos frente a un Presidente debilitado tras el resultado electoral que busca aquietar las aguas de un mar embravecido para evitar que el país sea un barco a la deriva y frente a un candidato opositor, como lo es Fernández, que ganó las Paso pero que no significa que ya sea un presidente electo. Ese cuadro de situación genera una incertidumbre tal que no permite llevar tranquilidad ni a los mercados ni por ende a la sociedad. Desde distintos sectores se pide que Macri y Alberto F. hagan una tregua que permita transitar todo este proceso que concluirá con las elecciones presidenciales de la forma más madura y pacífica posible. Pero la campaña interfiere en esos planes. En medio de la imperiosa necesidad que tiene el país de controlar su economía, el primer mandatario busca revertir el duro traspié de las Paso y el postulante del Frente de Todos llegar finalmente al Sillón de Rivadavia ampliando la diferencia de votos con el oficialismo. “Mi tarea no es cogobernar”, dijo categórico Fernández al aclarar que su rol es el de ser opositor. El principal candidato opositor no quiere quedar pegado como corresponsable del descalabro económico. “Macri y el FMI pusieron al país en un default virtual”, declaró Fernández días pasados. Macri y Alberto F. habían fumado la pipa de la paz. Pero la marcha a favor del gobierno nacional y la salida al balcón de la Rosada del Presidente aregando a los presentes a dar vuelta el resultado en las elecciones de octubre produjeron un quiebre en el pacto que ambos habían sellado. A partir de ahí todo se volvió a complicar. El dólar volvió a dispararse por encima de los 60 pesos y el riesgo país superó los 2.000 puntos. En el medio, el Gobierno anunció una serie de medidas, entre ellas el “reperfilamiento” de la deuda, que no convencieron a los mercados. Y la corrida cambiara prosiguió durante la semana pasada llevando nuevamente intranquilidad y angustia a los argentinos. Históricamente el dólar siempre ha sido una obsesión para los ciudadanos de este país. La divisa norteamericana guía nuestros pasos. Por estos días, no hubo argentino que se levantara cada mañana para fijarse en cómo estaba cotizando el dólar. Aunque cabe subrayar que también hubo compatriotas que arrancaban el día sin la posibilidad de conseguir un trabajo o sin un plato de comida en la mesa de sus respectivos hogares.
En el marco de una campaña electoral hiperpolarizada resulta muy difícil lograr un pacto de gobernabilidad. El encauzamiento de una economía inestable se ve alterado por los consabidos cruces y chicanas políticas propios de toda etapa electoral que no le hacen bien al país en estas circunstancias particulares que está atravesando. No es la primera vez que la Argentina vive una crisis. Entre tantas, se puede recordar la hiperinflación durante el gobierno de Raúl Alfonsín y la del 2001 que acabó con la presidencia de Fernando de la Rúa. En la política argentina hacen falta gestos de grandeza. Salir de los egos personales y cerrar de una vez por todas la famosa grieta. Ése será el gran desafío del próximo presidente: unir a los argentinos. Una misión muy difícil en los tiempos que corren pero necesaria para sacar al país adelante.
Marcelo Irastorza. Redacción Puntal
En el marco de una campaña electoral hiperpolarizada resulta muy difícil lograr un pacto de gobernabilidad. El encauzamiento de una economía inestable se ve alterado por los consabidos cruces y chicanas políticas propios de toda etapa electoral que no le hacen bien al país en estas circunstancias particulares que está atravesando. No es la primera vez que la Argentina vive una crisis. Entre tantas, se puede recordar la hiperinflación durante el gobierno de Raúl Alfonsín y la del 2001 que acabó con la presidencia de Fernando de la Rúa. En la política argentina hacen falta gestos de grandeza. Salir de los egos personales y cerrar de una vez por todas la famosa grieta. Ése será el gran desafío del próximo presidente: unir a los argentinos. Una misión muy difícil en los tiempos que corren pero necesaria para sacar al país adelante.
Marcelo Irastorza. Redacción Puntal

