En medio de la crisis económica que sacude al país, con un dólar que se dispara y el regreso al Fondo Monetario Internacional, el rol de los gobernadores del Partido Justicialista ha cobrado significativa importancia. Hacia ellos recurrió en busca de apoyo el presidente Mauricio Macri, en su momento de mayor debilidad política, tras haber anunciado el inicio de las negociaciones con el FMI. A ese encuentro, realizado en la Casa Rosada, concurrieron los mandatarios llamados dialoguistas, entre ellos Juan Schiaretti. Desde el oficialismo se calificó la reunión de “muy positiva”. Y el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, declaró que los gobernadores respaldaron la decisión de recurrir al Fondo. Sin embargo, los mandatarios provinciales salieron de ella sin hacer declaraciones. En esa línea, Schiaretti, el peronista con mejor relación con Macri, no habló. Desde el Centro Cívico se dijo: “El Presidente convocó a los gobernadores a una reunión y éstos fueron a escucharlo. Pero no hubo declaraciones”. ¿Cambió de posición el mandatario provincial? No. El gobernador sigue apostando a la gobernabilidad. Así lo expresó a través de su cuenta de Twitter: “De esta situación que vive el país saldremos adelante si todos nos convencemos de que debemos garantizar la gobernabilidad”. Y a renglón seguido añadió: “Debemos evitar las grandes crisis, porque sólo nos dejaron más pobres y más castigo a la clase media, a los trabajadores y a los más vulnerables”. Sin embargo, Schiaretti aclara que los gobernadores no están cogobernando con el Presidente. Según trascendió, el “Gringo” busca tomar distancia de los costos políticos del gobierno nacional. Ya tuvo un alto costo cuando los diputados del bloque Córdoba Federal dieron su voto para la polémica reforma previsional. Mañana, en Capital Federal, los gobernadores peronistas tendrán una cumbre para unificar una postura frente a la crisis. No todos ellos apoyan un acuerdo con el FMI pero a la vez son conscientes de que la coyuntura actual puede afectar sus gestiones. Están dispuestos a respaldar la institucionalidad pero aclaran que no comparten muchas de las decisiones políticas del gobierno nacional y remarcan que siguen siendo oposición. También avisan que no pueden hacer más ajustes en sus provincias so pena de que esto derive en una escalada de conflictos sociales en sus propios territorios. La situación por la que atraviesa el país es delicada. Pero en Cambiemos juran que no hay riesgo de volver al 2001, el año del corralito y del posterior descalabro económico que terminó con el gobierno de la Alianza liderado por Fernando de la Rúa.
En su fuero íntimo, Schiaretti está preocupado. Sabe que, si no se controla la economía, la crisis se llevará puestos a la administración nacional y a las provinciales. Por eso, pidió prudencia a sus funcionarios para no agitar más las aguas en medio de un mar tormentoso.

