Al igual que en Córdoba y en el país, Río Cuarto quedó conmocionada al enterarse de la muerte en un accidente del tres veces gobernador José Manuel de la Sota. La trágica noticia produjo un estado de shock en los riocuartenses que no podían creer lo que había sucedido. Un ejemplo de ello fue lo que le pasó al propio intendente Juan Manuel Llamosas cuando se enteró del choque en la ruta 36: “Todavía no lo puedo creer. Estoy conmocionado y con profundo dolor por la pérdida de un gran amigo”. También el legislador Carlos Gutiérrez hizo referencia al lugar del siniestro, es decir la autovía que une Río Cuarto con Córdoba y que fue la obra emblemática de la última gestión de De la Sota. “Como una ironía de la vida, la muerte lo encuentra a De la Sota, el verdadero autor y defensor número uno de la autovía, que trajo tantas muertes, allí. Parece mentira que se haya llevado la de él”, dijo. En el Imperio del Sur, todo el mundo sigue estando perplejo frente al accidente fatal que le significó el final de su vida justo cuando soñaba con ser Presidente de la Nación.
De la Sota era un riocuartense más. A partir de la relación sentimental que entabló con Adriana Nazario, actualmente diputada nacional, el “Gallego”, como le decían popularmente, se vino a vivir a la ciudad. Ambos habían fijado residencia en el country que está ubicado en el sector este, camino a la Universidad local. Desde ese momento, se lo podía ver a De la Sota en distintos rincones de la ciudad. Tomando un café con algún dirigente justicialista en el microcentro o haciendo las compras en los supermercados locales como si fuera un vecino más. Su último emprendimiento local, el negocio de venta de ropa masculina bautizado con el nombre de “El Hombre”, hizo que el exmandatario provincial estuviera en boca de todos. En efecto, a De la Sota se lo podía ver en la semana atendiendo a los clientes que iban a su negocio a comprar o armando la vidriera los domingos por la noche para arrancar el lunes con todo acomodado. De la Sota era así: multifacético. Al tal punto que la muerte lo encontró preparando su programa de televisión, que tenía previsto salir el 5 de octubre próximo por un canal porteño.
La presencia del exgobernador acá significó un antes y un después para la ciudad. Al declarar a Río Cuarto Capital Alterna de la Provincia, en 1999, apenas asumió, se puso en marcha una seguidilla de obras públicas que le cambiaron la cara al Imperio. Entre ellas se pueden citar las escuelas, los azudes niveladores, las costaneras del río Cuarto y el Puente Colgante, en torno del cual grabó, junto a Juan Schiaretti, un spot de campaña que se hizo muy famoso porque apelaba al tradicional humor cordobés.
Tampoco hay que olvidar la obra que fue su obsesión: la autovía a Córdoba. En medio de un clima de tensión con el gobierno de los Kirchner, el exmandatario provincial recurrió a Alberto Cantero para que le hiciera las gestiones correspondientes a los fines de que se concretara el traspaso de la ruta 36 a la Provincia. Y así fue. Tras ese paso, De la Sota le puso proa a la ejecución de ese proyecto vial que era clave para su gestión. Y como una ironía de la vida, tal cual lo expresó el legislador Gutiérrez, el exgobernador murió en esa ruta que reconvirtió en autovía para evitar que se produjeran más muertes por accidente. Un capricho del destino.
La presencia del exgobernador acá significó un antes y un después para la ciudad. Al declarar a Río Cuarto Capital Alterna de la Provincia, en 1999, apenas asumió, se puso en marcha una seguidilla de obras públicas que le cambiaron la cara al Imperio. Entre ellas se pueden citar las escuelas, los azudes niveladores, las costaneras del río Cuarto y el Puente Colgante, en torno del cual grabó, junto a Juan Schiaretti, un spot de campaña que se hizo muy famoso porque apelaba al tradicional humor cordobés.
Tampoco hay que olvidar la obra que fue su obsesión: la autovía a Córdoba. En medio de un clima de tensión con el gobierno de los Kirchner, el exmandatario provincial recurrió a Alberto Cantero para que le hiciera las gestiones correspondientes a los fines de que se concretara el traspaso de la ruta 36 a la Provincia. Y así fue. Tras ese paso, De la Sota le puso proa a la ejecución de ese proyecto vial que era clave para su gestión. Y como una ironía de la vida, tal cual lo expresó el legislador Gutiérrez, el exgobernador murió en esa ruta que reconvirtió en autovía para evitar que se produjeran más muertes por accidente. Un capricho del destino.

