Río Cuarto | marcos-jure |

Córdoba, figura central en la remontada macrista

Ninguna provincia le dio un porcentaje tan elevado de votos al Presidente. Logró un promedio del 61,3 y llegó a picos del 66 por ciento. El Frente de Todos le lanza reproches al schiarettismo, que apenas consiguió una banca de las nueve que estaban en juego.  Por Marcos Jure

Ninguna provincia le dio tanto a Mauricio Macri como Córdoba. En medio de una crisis económica arrasadora, con fábricas que cierran, la desocupación y la pobreza en ascenso, el porcentaje con el que ayer se alzó el Presidente de la Nación fue un asombroso 61,30 por ciento. En algunos distritos, como en Córdoba capital, llegó a picos de 66,32, apenas unos puntos por debajo del histórico 70 por ciento que Macri obtuvo en el balotaje de 2015, cuando se enfrentó con Daniel Scioli y no había ningún otro candidato para repartir los votos.

Anoche, el presidente saliente se recuperó en las provincias del centro del país y ya no sólo ganó en Córdoba sino que también se impuso en Santa Fe, San Luis, Entre Ríos y Mendoza. Pero en ninguno de esos distritos llegó al 61% de Córdoba; incluso en Capital Federal, reducto originario del Pro, el porcentaje a favor de Juntos por el Cambio fue del 52 por ciento, 9 puntos menos que el distrito gobernado por Juan Schiaretti.  

Fue un aluvión para Macri. A los 17,79 puntos que ya le había sacado a Fernández en las Paso del 11 de agosto le sumó ahora 14,24 puntos y su ventaja se estiró hasta los 32,03 puntos en la provincia. 

El frente Juntos por el Cambio se alimentó de un inmenso caudal de nuevas adhesiones entre el 11 de agosto y el 27 de octubre. Sus 998 mil votos de las Paso se transformaron en 1.378.834; es decir, incorporó más de 380 mil votos. Para comprender la magnitud de esa cifra, puede compararse con Río Cuarto: esos votantes adicionales del macrismo equivalen a 2,8 veces los votos de la capital alterna de la provincia. Es como si entre las Paso y ayer se hubieran sumado casi tres ciudades de Río Cuarto y el 100 por ciento de esos electores hubieran votado por Macri.

El volumen que adquirió Juntos por el Cambio, y que implicó sumar en términos porcentuales el 40% de su caudal anterior, reafirma que el rechazo de los cordobeses hacia el kirchnerismo sigue, como hace cuatro años, incólume. Seis de cada diez ciudadanos de esta provincia prefieren padecer la crisis actual a acompañar una fórmula en la que aparece Cristina Kirchner.

Macri, con la campaña que puso en marcha en las últimas semanas, y con ese tono entre místico y pastoral que utilizó, consiguió convencer a una enorme mayoría de los cordobeses de que obviaran los resultados concretos de su política económica y volvieran a elegirlo como el símbolo que podía exorcizar el fantasma que más temían: la vuelta del cristinismo detrás de la candidatura de Alberto Fernández.

La abultada victoria nacional del Frente de Todos en las Paso sirvió, sin duda, como advertencia. Y no sólo envalentonó y fanatizó a quienes ya habían votado por Macri sino que incorporó a un universo que no fue a las primarias y que ahora decidió concurrir para hacer fuerza por Macri.

Esta vez, a diferencia de 2015, no le alcanzó. Pero sí contribuyó considerablemente a la remontada impensada del macrismo. No le hizo ganar pero, al menos, ayudó para que Fernández no llegara a la Presidencia con una diferencia abrumadora y un poder consecuente.

Uno de los que sufrieron el crecimiento vertiginoso de Macri fue el gobernador Juan Schiaretti, que vio cómo la segunda banca que pareció asegurarse en las Paso se esfumó y pasó a manos de Juntos por el Cambio, que ni siquiera en 2015 llegó a los seis diputados que obtuvo ayer.

Pero, además de esa pérdida concreta de una banca, el resultado de ayer puede generar efectos no precisamente positivos en la relación con el presidente electo. En los días previos a la elección, Fernández aseguró que la neutralidad de Schiaretti no sonaba neutral y Carlos Caserio anunció su renuncia a la presidencia del PJ cordobés por su prescindencia y su praxis, que incluyó hasta el reparto de boletas de Macri desde las sedes del partido hacia los domicilios de los votantes.

Los rencores dentro del Frente de Todos hacia Schiaretti son profundos. El escenario que se abre ahora es una incógnita. ¿Le harán pagar al gobernador un resultado tan desfavorable en las elecciones? ¿O el margen de maniobra de Fernández estará tan limitado por la crisis económica y por sus corsets políticos que obligatoriamente deberá  hacer borrón y cuenta nueva y recostarse en los mandatarios provinciales? Hoy, es imposible arriesgar un pronóstico aunque es de suponer que, si bien Schiaretti no estaría precisamente en el lote de los privilegiados, se dieron las condiciones para que pueda negociar. El Frente de Todos no tendrá quórum propio y necesitará de alianzas con otros bloques para alcanzarlo. En ese contexto, Schiaretti espera cerrar acuerdos eventuales, que pueden ser más convenientes que uno permanente. 

Eso sí, un elemento de diagnóstico sobre el que ha insistido el mandatario provincial ha demostrado ser certero: Córdoba sigue siendo intensamente antikirchnerista y cualquier posicionamiento suyo en favor del candidato del Frente de Todos le hubiera implicado un daño político. Prefirió preservar sus índices de imagen a alinearse con Fernández, aun a riesgo de pagar costos en el futuro.

Su meta siguió siendo preservar su territorio.