La campaña por la intendencia ya arrancó. El oficialismo la inauguró con un movimiento y una vuelta; la oposición con la exteriorización de sus tensiones y su riesgo de atomización. Juan Manuel Llamosas mostró una foto sonriente; Cambiemos cristalizó sus asperezas en un tuit.
¿Cuándo será la elección? La fecha cierta aún se desconoce pero no estaría lejos de marzo. Así, el intendente despejaría dos riesgos: que la crisis económica se agrave y los problemas de caja se profundicen; que la oposición encuentre el tiempo que necesita para organizarse.
“Si lo hubiéramos preparado nosotros, no nos habría salido tan bien”, dijo en las últimas horas un funcionario de Llamosas. Se refería a la dispersión que afecta al frente Cambiemos, la principal fuerza opositora, y que se hizo indisimulable desde que Humberto Benedetto, dirigente del Frente Cívico y exconcejal, lanzó una catarata de encendidos tuits en los que acusó al radicalismo de expulsar a sus socios.
El oficialismo había pensado dar un golpe de efecto hacia adentro y hacia afuera del peronismo pero no contaba con que, a la vez, la oposición fuera a exponer tan abiertamente sus desinteligencias.
La movida de Llamosas puede tener un efecto más simbólico que real. La designación de Miguel Alonso, hijo de Gumersindo, en la subsecretaría de Legal y Técnica, un cargo despojado de vuelo político, estuvo acompañada por una puesta en escena del oficialismo: no se trató sólo de la cobertura de un puesto sino del regreso formal al justicialismo riocuartense de un sector que tuvo una fuerte gravitación y que en los últimos 16 años prefirió aliarse con el radicalismo y consiguió alzarse con la intendencia en tres oportunidades.
El alonsismo fue el pilar principal del Frente Cívico en Río Cuarto. Sin ese grupo, ¿qué queda de esa agrupación que creó Luis Juez y que en los últimos años ha ido desintegrándose y desinflándose? Sin el apellido Alonso, lo que resta es poco y nada.
En realidad, el propio alonsismo está lejos de ser lo que era y el aporte que su desembarco implicará para el proyecto reeleccionista de Llamosas será más gestual que concreto. Al intendente le sirve para mostrar que va incorporando sectores, incluso uno largamente alejado como el alonsismo, y ostentar una mayor amplitud política.
En el Palacio de Mójica señalan que es sólo el comienzo y que están dispuestos a ir sumando a otras figuras y a otros grupos, no necesariamente peronistas, para afianzar el armado con el que Llamosas ganó las elecciones en 2016. Al intendente le han ido apareciendo candidatos ligados al PJ, por ejemplo José Ojeda, identificado con el albertismo, pero en el oficialismo sostienen que sólo serán incorporados si se supeditan a la estrategia definida para no espantar con kirchnerismo a los votantes riocuartenses, que vienen de apoyar en masa a Mauricio Macri, incluso en las zonas más humildes de la ciudad.
La foto con Alonso, en la que apareció el “Gumer”, cumplió el doble objetivo de instalar un eje que perseguía el gobierno pero, a la vez, de evidenciar el desmembramiento que está sufriendo una oposición que nació como un frente y que ha ido perdiendo socios en el camino. Al Cambiemos original ya se le había escapado el Partido Socialista, que en la provincia acordó con el schiarettismo, y que sólo mantiene a su concejala Marilina Gadpen en el bloque opositor por una imposición legal. En los hechos, vota poco y nada junto a sus exaliados.
Ahora, si bien el Frente Cívico, o lo que queda de él, no se fue por completo de la coalición, ahora amaga con hacerlo. Sin los dirigentes vinculados a Alonso, en esa agrupación quedan Benedetto, parlamentario del Parlasur, Pablo Benítez, prosecretario del Concejo, y no mucho más. La concejala Vilma Sabarini no responde a ellos y Osvaldo Córdoba, tribuno de Cuentas, ni siquiera fue fiscal en la elección de octubre.
“El problema del Terto es que se está quedando afuera y sin poder de fuego para negociar”, señaló un dirigente radical. Benedetto amenazó con romper Cambiemos e ir por fuera si no le dan lugares expectables. En una postura similar, aunque atenuada públicamente, está el Pro, que en las conversaciones con el radicalismo señala que los lugares 7 y 8 que se reservaron en la lista de concejales son inaceptables y reclama que le cedan casilleros menos riesgosos para dos de los suyos. “Si no, nos vamos”, deslizó Manuel Betorz, al frente de la negociación.
En el radicalismo, al menos en los sectores que acordaron la lista que lleva a Gabriel Abrile como candidato a intendente, no hay demasiada predisposición a ceder espacios. “Por una vez, había que contarles los porotos a los socios. La realidad indica que son muy chiquitos”, explicó un radical.
Pero también dentro de la UCR se oyen ruidos. No sólo porque Eduardo Scoppa insiste con que podría ir por fuera, en repudio al acuerdo de pocos, sino porque además hay críticas a la estrategia cansina del candidato. “¿Para qué fuimos a internas en septiembre con el argumento de que teníamos que tener tiempo para instalar al Gaby si desde entonces no hicimos nada?”, se preguntó un dirigente de peso en el partido opositor. Incluso sus socios originarios le reprochan cierta quietud el exsecretario de Salud, que todavía no tiene diagnóstico ni proyectos.
La ecuación es directa: a mayor división, menor es la sensación de riesgo en el oficialismo.
El interrogante de fondo es si el radicalismo se planta ante la elección de 2020 con vocación de poder o si la piensa como una transición; es decir, si está resignado a la derrota y sólo aspira a asegurarse los cargos para sí en vez de correr el riesgo de compartirlos con sus actuales aliados.
Pero, además del plano electoral, también hay un aspecto institucional que no debe soslayarse. Hoy, la oposición conforma un híbrido que no sólo es resultado de la conformación actual de las fuerzas políticas sino de su propia realidad: allí conviven dirigentes con visión opositora con otros que no la tienen tanto y con más de un sector que se ha pasado directamente al oficialismo.
Esa modificación del mapa político ha debilitado a una oposición que, ya de por sí, durante los últimos cuatro años no ha evidenciado una estrategia coherente ni resultados demasiado destacables derivados del ejercicio del control. Si se comparan las estructuras, en ese punto ha sido más Respeto que Cambiemos.
Si el gobierno no demuestra signos de incomodidad ante las elecciones que se avecinan es, es parte, por la oposición que le ha tocado en suerte.
“Si lo hubiéramos preparado nosotros, no nos habría salido tan bien”, dijo en las últimas horas un funcionario de Llamosas. Se refería a la dispersión que afecta al frente Cambiemos, la principal fuerza opositora, y que se hizo indisimulable desde que Humberto Benedetto, dirigente del Frente Cívico y exconcejal, lanzó una catarata de encendidos tuits en los que acusó al radicalismo de expulsar a sus socios.
El oficialismo había pensado dar un golpe de efecto hacia adentro y hacia afuera del peronismo pero no contaba con que, a la vez, la oposición fuera a exponer tan abiertamente sus desinteligencias.
La movida de Llamosas puede tener un efecto más simbólico que real. La designación de Miguel Alonso, hijo de Gumersindo, en la subsecretaría de Legal y Técnica, un cargo despojado de vuelo político, estuvo acompañada por una puesta en escena del oficialismo: no se trató sólo de la cobertura de un puesto sino del regreso formal al justicialismo riocuartense de un sector que tuvo una fuerte gravitación y que en los últimos 16 años prefirió aliarse con el radicalismo y consiguió alzarse con la intendencia en tres oportunidades.
El alonsismo fue el pilar principal del Frente Cívico en Río Cuarto. Sin ese grupo, ¿qué queda de esa agrupación que creó Luis Juez y que en los últimos años ha ido desintegrándose y desinflándose? Sin el apellido Alonso, lo que resta es poco y nada.
En realidad, el propio alonsismo está lejos de ser lo que era y el aporte que su desembarco implicará para el proyecto reeleccionista de Llamosas será más gestual que concreto. Al intendente le sirve para mostrar que va incorporando sectores, incluso uno largamente alejado como el alonsismo, y ostentar una mayor amplitud política.
En el Palacio de Mójica señalan que es sólo el comienzo y que están dispuestos a ir sumando a otras figuras y a otros grupos, no necesariamente peronistas, para afianzar el armado con el que Llamosas ganó las elecciones en 2016. Al intendente le han ido apareciendo candidatos ligados al PJ, por ejemplo José Ojeda, identificado con el albertismo, pero en el oficialismo sostienen que sólo serán incorporados si se supeditan a la estrategia definida para no espantar con kirchnerismo a los votantes riocuartenses, que vienen de apoyar en masa a Mauricio Macri, incluso en las zonas más humildes de la ciudad.
La foto con Alonso, en la que apareció el “Gumer”, cumplió el doble objetivo de instalar un eje que perseguía el gobierno pero, a la vez, de evidenciar el desmembramiento que está sufriendo una oposición que nació como un frente y que ha ido perdiendo socios en el camino. Al Cambiemos original ya se le había escapado el Partido Socialista, que en la provincia acordó con el schiarettismo, y que sólo mantiene a su concejala Marilina Gadpen en el bloque opositor por una imposición legal. En los hechos, vota poco y nada junto a sus exaliados.
Ahora, si bien el Frente Cívico, o lo que queda de él, no se fue por completo de la coalición, ahora amaga con hacerlo. Sin los dirigentes vinculados a Alonso, en esa agrupación quedan Benedetto, parlamentario del Parlasur, Pablo Benítez, prosecretario del Concejo, y no mucho más. La concejala Vilma Sabarini no responde a ellos y Osvaldo Córdoba, tribuno de Cuentas, ni siquiera fue fiscal en la elección de octubre.
“El problema del Terto es que se está quedando afuera y sin poder de fuego para negociar”, señaló un dirigente radical. Benedetto amenazó con romper Cambiemos e ir por fuera si no le dan lugares expectables. En una postura similar, aunque atenuada públicamente, está el Pro, que en las conversaciones con el radicalismo señala que los lugares 7 y 8 que se reservaron en la lista de concejales son inaceptables y reclama que le cedan casilleros menos riesgosos para dos de los suyos. “Si no, nos vamos”, deslizó Manuel Betorz, al frente de la negociación.
En el radicalismo, al menos en los sectores que acordaron la lista que lleva a Gabriel Abrile como candidato a intendente, no hay demasiada predisposición a ceder espacios. “Por una vez, había que contarles los porotos a los socios. La realidad indica que son muy chiquitos”, explicó un radical.
Pero también dentro de la UCR se oyen ruidos. No sólo porque Eduardo Scoppa insiste con que podría ir por fuera, en repudio al acuerdo de pocos, sino porque además hay críticas a la estrategia cansina del candidato. “¿Para qué fuimos a internas en septiembre con el argumento de que teníamos que tener tiempo para instalar al Gaby si desde entonces no hicimos nada?”, se preguntó un dirigente de peso en el partido opositor. Incluso sus socios originarios le reprochan cierta quietud el exsecretario de Salud, que todavía no tiene diagnóstico ni proyectos.
La ecuación es directa: a mayor división, menor es la sensación de riesgo en el oficialismo.
El interrogante de fondo es si el radicalismo se planta ante la elección de 2020 con vocación de poder o si la piensa como una transición; es decir, si está resignado a la derrota y sólo aspira a asegurarse los cargos para sí en vez de correr el riesgo de compartirlos con sus actuales aliados.
Pero, además del plano electoral, también hay un aspecto institucional que no debe soslayarse. Hoy, la oposición conforma un híbrido que no sólo es resultado de la conformación actual de las fuerzas políticas sino de su propia realidad: allí conviven dirigentes con visión opositora con otros que no la tienen tanto y con más de un sector que se ha pasado directamente al oficialismo.
Esa modificación del mapa político ha debilitado a una oposición que, ya de por sí, durante los últimos cuatro años no ha evidenciado una estrategia coherente ni resultados demasiado destacables derivados del ejercicio del control. Si se comparan las estructuras, en ese punto ha sido más Respeto que Cambiemos.
Si el gobierno no demuestra signos de incomodidad ante las elecciones que se avecinan es, es parte, por la oposición que le ha tocado en suerte.

