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Un inesperado espacio vacío

La denuncia en su contra deja a Carrizo al borde de la imposibilidad de competir en 2020, cualquiera sea su suerte judicial. El PJ intenta que se afiancen otros candidatos. Scoppa busca un acuerdo con Respeto. El Pro, sin diálogo con la UCR.  Por Marcos Jure

La vida privada de Pablo Carrizo irrumpió en el proceso electoral riocuartense y se transformó en un hecho político. La denuncia por violencia de género que presentó su pareja, la restricción de acercamiento y el botón antipánico que antecedieron a la imputación judicial, no sólo provocaron que su partido, Respeto, lo suspendiera como militante y candidato sino que, el hecho en sí, lo dejó en una posición de profunda endeblez para sostener su intención de competir en las próximas elecciones municipales.    

En Facebook, el exconcejal y principal referente de Respeto insinuó que podría ser candidato de todos modos, incluso si el partido que fundó sostiene su decisión de apartarlo. Sin embargo, en este tipo de casos la voluntad no es condición suficiente. 

Porque, al contrario de lo que el propio Carrizo planteó en las redes, las resoluciones judiciales no suelen ser determinantes en esas situaciones; por el contrario, el destino de un actor político se define principalmente en el ámbito público. Y, en ese plano, la denuncia por violencia de género deja de ser una instancia que inicia un proceso para transformarse en una que lo clausura. Todo lo que pueda venir después se torna superfluo. La acusación suele convertirse en constatación y la estadística en prueba.

Hay un elemento adicional que va en detrimento de Carrizo: la elección sería en el primer cuatrimestre del año próximo y su caso estará demasiado fresco como para disiparse en la memoria colectiva.

Si el exconcejal consiguiera superar la imputación judicial y quebrar el derrotero que suele producirse en estos casos, y ser candidato, por Respeto o por otro partido, y si además pudiera conservar aunque sea en parte el caudal de votos que le adjudican las encuestas, entonces, sería una anomalía. Una atipicidad.

El caso Carrizo lo afecta no sólo de manera personal sino que extiende el daño a Respeto, una agrupación que funciona con una lógica y una metodología propias. Es verdad, como sostienen algunos de sus dirigentes, que han realizado un trabajo eminentemente grupal, más horizontal que vertical, y que esa realidad debería trascender a la conducta de uno de los individuos que lo integran; sin embargo, tampoco suele ser así. Lo colectivo no tiene necesariamente un correlato electoral; es más, necesita de lo individual, de un candidato que sea convocante y tenga votos por sí mismo.

Respeto es grupal en su organización, pero no puede dejar de ser individual en el plano electoral. Sin Carrizo, en las urnas corre el riesgo de desmoronarse.

En ese punto, se abre un espacio que hasta el domingo pasado parecía estar ocupado por Respeto: el de tercera fuerza. Ahora, al menos por el momento, es un sitial en disputa. 

En los últimos días, el radicalismo, que lleva a Gabriel Abrile como candidato, comenzó a medir en una encuesta el impacto real del caso Carrizo. Con esos datos en la mano, buscará definir estrategias para tratar de captar al menos una porción de los votos que pueden haber quedado liberados.

Sin embargo, ¿es compatible el votante del exconcejal con la oferta radical? Hay un sector, todavía no cuantificado, que difícilmente se sienta tentado por la UCR riocuartense, que si algo no posee es ese componente de rechazo a la política tradicional que surge del discurso de Carrizo. La lista radical  es una encarnación del sistema, no su cuestionamiento.

Aunque hay una vertiente, que se desprendió del radicalismo con el argumento de que el armado se cerró para unos pocos y jamás se convocó al diálogo, que sí podría capturar un porcentaje de los votos que Respeto consiguió en 2016. Eduardo Scoppa y Miguel Ángel Besso, titular del Consejo Económico y Social, han dicho que están armando un espacio que podría ser alternativa para el 2020.

Scoppa, en los últimos días, consciente de que el cambio de panorama político podría implicar una oportunidad electoral, lanzó una convocatoria para comenzar a dialogar con Respeto. El exconcejal, dedicado desde hace cuatro años a la actividad privada, cree que su perfil puede atraer a una franja de votantes de Carrizo. Por eso, en su última aparición pública remarcó que no vive de la política, que padece la misma incertidumbre diaria que una personal normal y que su trabajo son las máquinas y los camiones.

El razonamiento de Scoppa es que Respeto puede necesitar un candidato y que un acuerdo podría ampliar el horizonte electoral de ambos.

En las encuestas del oficialismo, Scoppa mide 5 puntos, Besso 8 y Respeto orillaba los 15 pero, por supuesto, con Carrizo como candidato. Esa tabla de posiciones es anterior a la denuncia por violencia de género.

Desde el Palacio de Mójica fogonean que haya alternativas que ocupen el espacio que puede dejar vacío el dirigente denunciado. Si los opositores se multiplican, las posibilidades de reelección de Llamosas no sólo se acrecientan sino que se simplifican.

Recién dos meses después de la interna que se organizó el 29 de septiembre para instalar al candidato con tiempo, Abrile comenzó ayer con sus actividades públicas de campaña con un “lanzamiento de ideas” que se organizó en el campus de la Universidad. 

Hubo allí una demora difícil de justificar. ¿Por qué se apuró tanto el radicalismo en elegir a su candidato y definir su lista de concejales si después tardó 60 días para arrancar? Ese tiempo muerto tampoco se utilizó para diseñar alguna alianza que contribuya a diversificar su integración. El radicalismo parece decidido a ir en soledad.

Ya perdió al socialismo en manos de Hacemos por Córdoba, el Frente Cívico se desmembró y también terminó alimentando a base de alonsismo la oferta de Llamosas, y el Pro ya cerró a nivel provincial con Juan Schiaretti. En Río Cuarto, el partido de Mauricio Macri se queja de que el diálogo con los radicales está directamente clausurado.

En los últimos días, Manuel Betorz se mostró como candidato, con fotos en los barrios y el slogan “Nos une Río Cuarto”. Desde el oficialismo alientan la variante Pro: le vaticinan al menos un concejal y la posibilidad de crecer en la tierra en la que el Presidente saliente se llevó el 56 por ciento de los votos en medio de una crisis económica descomunal. Como contracara, en la UCR le bajan el precio a su mínima expresión: dicen que el Pro como sello, sin Macri como candidato, apenas  mueve el amperímetro.   

Y prefiere quedarse con lo que consiga cosechar por sí solo, antes que correr el riesgo de compartir con sus socios minoritarios lo que ofrezca el 2020.