Han pasado ya 15 años desde que Lionel Messi marcó su primer gol con Barcelona, desde que el rosarino tomó la costumbre de anotar y anotar. Y ese día, cuando comenzó la historia que ya va en 627 tantos, el argentino tenía diecisiete años. Fue asistido por Ronaldinho para dibujar una vaselina que superó a Raúl Valbuena, el arquero de Albacete.
Todavía con la camiseta número treinta que lo acreditaba como un jugador del filial, Messi había debutado en partido oficial tan sólo seis meses antes y aquella tarde de mayo se presentó al estadio habiendo disputado ocho encuentros en los que había sido titular en dos. Frank Rijkaard esperó hasta el minuto 88 antes de sacar del campo a Samuel Eto'o. Apenas unos segundos después, Lionel no solo tocó la pelota sino que puso el 2-0 para sentenciar el encuentro.
"Fue una jugada en que la tocó Ronnie y me puso una pelota estupenda", dijo Messi al final de ese partido. según explicó Messi al final del partido con una sonrisa que no lograba esconder. Ronaldinho, por su parte, lo valoró como el más firme candidato a sucederle por aquellos tiempos. En otras palabras, fue el simbolismo perfecto del cambio de generación: el ídolo que iba a partir asistiendo al que iba a llegar.
Quince años después de ese gol, Messi ya es indiscutiblemente el gran dominador del fútbol, líder en asistencias, regates y títulos ganados en la historia de Barcelona, sin olvidar que también tiene a tiro el récord de partidos disputados. Porque aquel día nació un goleador, es cierto. Y ello lo convirtió en el futbolista más definitivo que ha visto el fútbol en su siglo y medio de vida. No se sabe cuánto le queda pero qué más da. Lo mejor es seguir celebrando sus goles como si fueran el primero, como aquel que le marcó a Albacete hace quince años y con el que empezó todo.

