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La muerte y sus nuevas ceremonias

La especialista reflexiona sobre las nuevas maneras de despedir a nuestros seres queridos y enfrentear el duelo

“Para la red, morir no es necesariamente un problema. Las cuentas no se cierran por inactividad como ocurre con los mails. Los perfiles de los muertos permanecen abiertos y tan disponibles como su propietario haya determinado en vida. Solo aquel que tenga la contraseña, puede acceder, publicar o darlo de baja como si fuese el usuario original. En la mayoría de los casos, el perfil permanece tal como la persona lo dejó”

“La compañía creada por Mark Zuckerbeg estima que en Argentina más de 500.000 usuarios de su red social (de un total de 20 millones en el país) tienen 65 años o más y la edad promedio ronda los 40 años. Si se tiene en cuenta la esperanza de vida nacional, en una década esos usuarios podrían estar muertos. Habría, en ese caso, medio millón de perfiles flotando en la web. Fantasmas virtuales, o como quieran llamarlos”.

“La no-presencia, constitutiva de la misma virtualidad, estimula y contribuye a sostener la ilusión de presencia tras la muerte. La virtualidad y la mortalidad son estados que nos privan de la carnadura, la presencia somática, tangible del otro cara a cara. Es por eso que Facebook puede volverse tan eficaz como cementerio virtual, pero también como lugar de imaginario reencuentro con el ser querido, posponiéndose así la aceptación de la pérdida. Es otra fantasía basada en la idea de que en Internet nada puede desaparecer una vez que fue subido o posteado. Ante la falta de certezas respecto de la prolongación de la vida en el plano espiritual una vez que el alma pasa “al otro lado”, Facebook ofrece un atractivo y constatable plan B: la eternidad virtual.

Transitar el duelo en la red social constituye para muchos una posibilidad confortable: Facebook actúa como una barrera de contención al no tener el doliente que lidiar con la relación cara a cara, pero sí está dispuesto a recibir apoyo y comprensión por parte de los otros, a través de comentarios y otras interacciones virtuales.

En la red, la ritualización de la muerte encuentra un espacio ideal. El duelo se vuelve un fenómeno público”.

Este texto fue escrito por Marian Moya y Victoria Ennis en la revista ANFIBIA (revista digital argentina de crónicas y relatos de no-ficción impulsada por la Universidad Nacional de San Martín, en el Gran Buenos Aires).

La muerte siempre ha tenido sus ceremonias; diferentes según civilización, raza, religión, país, época, o circunstancia. Pero absolutamente necesarias para transitar y tramitar la desaparición del otro y su respectivo duelo. Estrategias simbólicas que permiten tramitar el dolor, la ritualización del acto de morir nos ayuda a comprender aquello que no comprendemos. A pesar de entender que es nuestra única certeza: NACEMOS y MORIMOS.

Sin embargo, vivimos como inmortales. Vivimos como infinitos. Pero si a ésta realidad le contraponemos la opuesta, tampoco resulta llevadera. Tener continuamente conciencia de nuestra mortalidad y de nuestra finitud, no nos hace más felices a la hora de vivir el aquí y ahora… Nos inunda el desconcierto y nos quita la posibilidad de crear proyectos…

Ceremonias. Ritos. Finitud. Inmortalidad.

¿Cuál es el punto en el que menos duele? Tiempo atrás, la muerte de un familiar incluía etapas: velorio, entierro, ceremonias religiosas, luto en la vestimenta (color negro, gris, blanco, violeta, ropa despojada y sin adornos), tiempos establecidos sin salir, y de recibir visitas de pésame.

Las costumbres fueron cambiando. En pocos años se fueron borroneando las ceremonias. Pasamos de un extremo a otro. Nada de luto. Nada de ceremonias. Nada de nada.

Pero ese extremo, ¿resolvió el problema? Personalmente creo que no. Pero fue una forma de despojarse de antiguos rituales para dar espacio a los nuevos. En donde ingresan las redes, en donde lo privado se vuelve un poco más público, en donde la comunicación con aquellos que se fueron se hace en tiempo presente… y con fotos que nos permiten algo más que recordarlos.

A quienes les da un poco de temor la virtualidad, les dará un poco de escozor estos temas. Pero hay que reconocer que son nuevas formas. Nuevas ceremonias. Nuevas estrategias para mitigar el dolor. Y que sirven en tanto y en cuanto sirvan, aunque esto resulte una obviedad.

Y que, desde ya, es tanto más positivo tener nuevas ceremonias que carecer de ellas.

En esto, como en tantas cosas, «aggiornarse» es la idea. Dejar de pensar que lo pasado fue mejor. Ver y pensar si lo nuevo sirve, aunque sea diferente de lo que antes servía. Al menos, antes de negarlo o criticarlo, regalarse el espacio para pensarlo…