Salud | Silvina Ambrosini | filosofía | psicóloga

El árbol frondoso

Hoy voy a hacer una pequeña reflexión sobre algo que yo lo voy a dar en llamar "el árbol de los pretextos"

El árbol de los pretextos es el árbol detrás del cual nos escondemos muchas veces a lo largo de la vida.

Este árbol tiene bastantes características: es muy frondoso, de tronco ancho, de muchas frutas que nos sirven… nos sirven exactamente para poder escondernos detrás de él y que realmente no nos vean. Y para el Otro, para el que nos mira, es tan frondoso, tan lindo que realmente distrae… distrae a la persona que lo ve.

¿Qué quiero decir con esto? Imaginemos este diálogo: existe un Otro que nos pregunta “Hola, ¿qué tal? ¿Cómo estás? ¿Qué estás haciendo?” Y uno dice algo. “¿Por qué no estás haciendo lo que querés?” Y uno contesta algo, ¿no? Entre esa persona que nos pregunta o ese “Otro” entre comillas, como lo llama la filosofía, y yo, está ese árbol famoso, el árbol de los pretextos que, no solo me es funcional a mí, porque se disfraza de una manera tan grande que yo puedo esconderme tras él, sino que también sirve para que el otro mire ese árbol tan lindo de manera tal que cuando nosotros le decimos algún pretexto se queda tan enamorado del árbol, que no piensa en nuestra respuesta.

Ese árbol es funcional a todos: nos es funcional a nosotros porque nos podemos esconder detrás de él. Les es funcional a los Otros porque quedan tranquilos con la pregunta y con la respuesta, y le es funcional al árbol porque tiene un ego enorme y siempre está muy lindo.

El tema es que este árbol va teniendo estos disfraces diferentes, así de lindos, durante muchos años y durante muchas épocas y etapas de nuestra vida. Ese árbol se vuelve frondoso cuando los chicos son chicos y nosotros nos ponemos tras de él para decir por qué no hacemos las cosas, ese árbol se pone frondoso y lindo cuando estamos en un duelo que no nos permite hacer otras cosas, ese árbol se pone frondoso cuando estamos cuidando a alguien y ese árbol se pone muy muy frondoso también con el tema de la escasez de tiempo.

El tema es que por momentos esos pretextos se caen, y al caer el pretexto o al terminar la situación que servía de pretexto se cae también el disfraz del árbol, y el árbol queda sin hojas, sin frutos y con un tronco bastante delgado, y ya no podemos escondernos tras él. Entonces, frente a la pregunta del otro: “¿Por qué no estás haciendo algo?” uno queda expuesto a una respuesta sin estar escondido tras nada. “¿Por qué no lo hago?” Bueno, este es el tema: ¿Por qué no hago las cosas? ¿Cuán frondoso es mi árbol de pretextos? ¿Qué pasa cuando ese árbol frondoso se deshoja? ¿Y ahora, qué? ¿Y ahora qué digo?

Para reflexionar, ¿no? ¿Cómo anda nuestro árbol de pretextos? ¿Cuán frondoso es? ¿Cuánto le sirve al Otro? ¿Cuánto me sirve a mí?

Y qué bueno que sería tratar de deshojar algunos árboles para exponerme frente a la real pregunta de qué me pasa, de por qué no hago las cosas… y dejar de tercerizar la responsabilidad.

Por Silvina Ambrosini | Lic. en Trabajo Social MN 2425 y Psicooncóloga