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Terapistas, una especialidad crítica: "Es muy difícil ver morir a la gente"

Lo aseguró la doctora Natalia Rosales, quien se desempeña en la parte pública y privada. Habló sobre el trabajo hecho por el Covid

La médica Natalia Rosales (MP 34373 / ME 17978), subjefa de la terapia intensiva de Neoclínica e integrante de la unidad de cuidados críticos del Nuevo Hospital San Antonio de Padua, habló con Puntal sobre el trabajo que han desarrollado los terapistas a lo largo de toda la pandemia y dijo que hoy están más capacitados y con mayores herramientas para enfrentar al coronavirus. Al mismo tiempo, la doctora contó que son pocos los especialistas en la materia debido a que es muy difícil ver morir a la gente.

-Estamos a casi dos años del inicio de la pandemia, ¿qué evaluación hace?

-En el transcurso de estos dos años hemos ido aprendiendo mucho. En el inicio de la pandemia casi nadie tenía conocimiento de lo que se nos iba a venir. Es más, pensábamos que iba a durar menos y la realidad es que se fue alargando y hoy se sabe que no se va a terminar, a pesar de que han salido las vacunas. Cuando arrancó la pandemia, el tema de las vacunas era muy lejano y, sin embargo, surgieron bastante rápido. Creo que hay que destacar el aprendizaje constante que se ha dado en estos dos años. Al principio, volvíamos a casa de trabajar y nos poníamos a estudiar y ver webinar de otros lugares. Hoy en día, los conocimientos están mucho más sólidos. Gracias a Dios, hemos logrado sacar adelante a muchísimos pacientes, por lo que estamos contentos por lo hecho.

-¿Alguna otra patología demandó toda la atención en la terapia intensiva como el Covid?

-No, la verdad es que no. Hace 10 años que hago terapia intensiva y nunca viví una experiencia como esta. Es una experiencia dura y difícil desde el punto de vista de la familia y de la persona que está internada. Por el lado profesional, también es complicado por los miedos que tuvimos todos. El miedo de contagiarnos mientras evaluábamos y atendíamos a un paciente. El miedo de llevar el virus a casa. De todos modos, con los cuidados correspondientes, hemos logrado sobrellevar la situación. Actualmente, ya no tenemos más ese temor. Estamos muy comprometidos con la profesión. Hoy contamos con más herramientas para tratar la enfermedad y eso es lo que nos da más seguridad a los médicos.

-¿Qué perspectivas hay de cara a lo que viene?

-La única enfermedad que se erradicó con un plan de vacunación fue la rubéola en 1980. Sin embargo, el resto de las enfermedades, con las vacunas, se han controlado (no han desaparecido). Hoy tenemos las vacunas y están cumpliendo con las funciones para las que fueron desarrolladas, que tienen que ver con evitar la enfermedad grave y las muertes. Nuestra expectativa es que todas las personas se vacunen. Mientras existan ciudadanos que no estén vacunados, la enfermedad se va a seguir perpetuando y van a seguir surgiendo nuevas variantes, lamentablemente. La gente que es antivacunas va a perpetuar la enfermedad. Esto lo podemos combatir con ciencia, es decir, con conocimiento, tratando de que la gente que está en contra de la vacunación cambie de opinión, aunque sabemos que es difícil.

-A propósito de los que no se quieren vacunar, ¿por qué es mejor evitar llegar a terapia con un cuadro de coronavirus?

-El plan de vacunación evita la enfermedad grave. Ingresar a la terapia intensiva representa la última instancia, es decir, la última chance de sobrevivir. Trabajo tanto en la parte pública como en la privada y he podido ver que, lamentablemente, la gran mayoría de los pacientes que llegan al respirador fallecen. Son pocos los que han logrado sobrevivir. Además, los que están vivos han quedado con muchas secuelas, no solamente a nivel respiratorio, sino también a nivel cardíaco y muscular. Quedan con una debilidad general, por lo que las actividades de la vida diaria se vuelven más difíciles. Por otro lado, mucha gente no puede volver a producir en el corto plazo, por lo que también existe un perjuicio económico. La enfermedad va a seguir estando. Las personas se van a seguir enfermando, pero con la vacuna el nivel de gravedad baja y no es necesario que ingresen a la unidad de cuidados críticos.

-Saliendo de lo que hace al coronavirus, ¿cómo es trabajar en una terapia intensiva, un lugar sensible, en la que las personas se debaten entre la vida y la muerte todos los días?

-Trabajar en una terapia intensiva es duro porque es complicado ver pacientes que ingresan y que lamentablemente fallecen. Pero, al mismo tiempo, es satisfactorio, porque también se ven pacientes que entran muy graves y que salen adelante. La terapia es el lugar que alberga a los pacientes más graves que se debaten entre la vida y la muerte. Es una especialidad que era poco conocida hasta que irrumpió la pandemia. Es decir, en este tiempo se hizo un poco más popular. Los terapistas somos pocos. Es una especialidad que no todos eligen porque es muy difícil ver morir a la gente. Más allá del Covid, por diversas patologías, las personas fallecen o quedan con secuelas graves y es muy duro para una persona ver eso. Creo que por eso somos pocos los que elegimos esta especialidad. Hay muchos profesionales que eligen otras especialidades que no necesariamente son más fáciles, porque ser médico no es fácil, pero que no tienen la vida y la muerte tan a flor de piel. De todas formas, cuando un paciente sale de la terapia y vuelve y te da las gracias o un presente, y uno lo ve recuperado, es muy gratificante. Creo que no muchos colegas sienten esa sensación. Es muy satisfactorio cuando salen adelante y es muy triste cuando no lo hacen. Hay una ambivalencia constante, no hay un punto medio.

-¿Por qué eligió ser terapista?

-Cuando terminé la Universidad quería hacer cirugía. Sin embargo, hubo un módulo de cuidados críticos que era optativo y que decidí cursarlo porque me llamó la atención. En ese momento me di cuenta de que era eso lo que quería hacer. Con el correr de los meses me empezó a apasionar. Voy a trabajar con muchas ganas. En la parte pública es cuando más se hace notorio lo que hacemos porque es mayor el tiempo y el esfuerzo que uno tiene que hacer, porque somos pocos. Hemos llegado a atender hasta 60 pacientes en una guardia entre cuatro médicos. A pesar del cansancio, sentí una gratificación muy grande en el corazón porque sabía que estaba ayudando. Uno elige la especialidad de acuerdo con las expectativas que tiene de ayudar. En este caso, los terapistas ayudamos a sobrevivir. Son pacientes que se debaten entre la vida y la muerte los que atendemos a diario. Hay pacientes que ingresan y no sabés si van a salir vivos o no, pero uno hace todo por sacarlos adelante.