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"No veo posible que el oficialismo se desuna antes de las elecciones"

El politólogo Gustavo Marangoni indicó que el Gobierno está tan enfocado en sostener los equilibrios internos que pierde de vista los problemas económicos y sociales de fondo que tiene que resolver

Gustavo Marangoni, politólogo y profesor universitario, opinó que el gobierno de Alberto Fernández está tan ocupado en sostener los equilibrios internos de la coalición que pierde de vista los profundos y complejos problemas que tiene entre manos y que tienen un alto impacto social.

Marangoni habló con el programa Mensaje Directo, que se emite por Somos Río Cuarto y Quatro TV, y manifestó que, a pesar de los ruidos internos que se han visibilizado en los últimos días, no ve posible un proceso de desunión dentro del oficialismo.

- El fallo de la Corte sobre las clases presenciales en ciudad de Buenos Aires intensifica el conflicto entre el Ejecutivo y la Justicia. ¿Cómo queda planteada esa relación desde el punto de vista político?

- Hay que hilvanar temas que hacen al fondo de la cuestión. Existen dos hechos recientes importantes:lo ocurrido con la Corte y lo que ocurrió la semana pasada, respecto de la relación intra-Ministerio de Economía entre el ministro Guzmán y su subsecretario de Energía, Federico Basualdo. Habitualmente decimos que en nuestro país hay una coalición gobernante, tanto ahora como en el mandato anterior. Pero eso es relativamente cierto porque nosotros le ponemos el nombre de coalición porque los libros hablan de que las coaliciones son uniones que se dan para intentar darle gobernabilidad a un sistema. Pero eso funciona en los ámbitos y países con regímenes parlamentarios, que no es el nuestro. Nosotros tenemos un régimen presidencialista, la gente vota presidente o presidenta y sabe o quiere que la conducción esté ahí.Esto en la Argentina de los últimos años no ha sido posible y se arman “coaliciones” que en realidad son, siguiendo a Maquiavelo, uniones que se dan fácilmente para derrocar a un príncipe pero que después no son tan fáciles de mantener porque son pedazos que se reúnen y después llevan a una situación deliberativa. En Argentina estamos haciendo un experimento raro:un coalicionismo con presidente. Esto me parece que es lo que nos ayuda a entender el conficto intra-Ministerio de Economía y el conflicto con el Poder Judicial. El año pasado el presidente Fernández estaba centrado, había arrancado la pandemia y se había instalado en el centro de la escena. Ese centro a él lo beneficiaba políticamente y hasta le generaba algún ruido a la oposición porque muchos hablaban de Horacio Rodríguez Larreta como de un traidor. La estrategia oficialista le reportaba porque hacía subir al Presidente en la opinión pública y le generaba ruidos a Juntos por el Cambio. Un año después la situación es inversa. Con el fallo de la Corte festejaron los halcones y las palomas de Juntos por el Cambio y el Gobierno vio que el cambio de estrategia de la coordinación a la confrontación lo hace pasar por la caja política a pagar más que a cobrar, incluyendo el conficto que se dirime en la Corte. Uno se hace una pregunta de naturaleza política más que jurídica:por qué el Ejecutivo va tomando decisiones que llevan el asunto a un terreno donde uno puede suponer que, por otros conflictos existentes, la resolución no le iba a ser favorable. Como en estas “coaliciones” lo que no parece haber es un vértice que tenga la capacidad de resolver rápido, sin consultas y sin que queden heridos, pasan estas cuestiones donde estás tratando de mantener los platitos chinos como los malabaristas y estás tan ocupado en eso que terminás perdiendo concentración y eficacia para resolver otras cuestiones que está mirando la gente vinculadas a precios, salud, seguridad.

Mensaje Directo: Gustavo Marangoni - La corte falló a favor de la ciudad de Buenos Aires

- ¿Este fallo de la Corte puede tener aunque sea como efecto temporario un abroquelamiento del oficialismo para decir:“El adversario está ahí, en el Poder Judicial?”.

- Como siempre que hay algún tipo de conflicto explícito o subterráneo aparece la foto para decir acá no ha pasado nada. Por supuesto que al estar en campaña lo que procurás es que el antagonismo acentuado te ayude a juntar a la tropa, que es algo que el oficialismo tiene que hacer rápidamente porque tiene muchos desafíos de aquí a 5 meses que nos separan de las elecciones. Tiene que tratar de surfear la ola de Covid, tiene que procurar que los precios bajen, tiene que consolidar la recuperación económica, pero además tiene que revisar su relación con la ciudad de Buenos Aires teniendo en cuenta la experiencia de Córdoba 2011-2015. Si un distrito se siente particularmente desatendido o agredido por el poder nacional, lo lógico es que se convierta en una ciudadela casi inexpugnable para el oficialismo de turno. La ciudad de Buenos Aires viene desde hace muchos años votando en contra el panperonismo, el kirchnerismo pero si estos episodios en los que termina laudando la Corte Suprema hacen que esa situación no sólo se consolide sino que aumente, entonces esto puede traducirse en términos electorales en una ayuda para la oposición.

- Recién planteaba los inmensos desafíos que tiene el gobierno y también analizaba la coalición un poco extraña, a la Argentina, y uno piensa si no hay una situación paradójica en el centro del gobierno. Porque Cristina Fernández en una de las últimas apariciones públicas en conjunto con el Presidente planteó allí la agenda económica y social que debe tener el gobierno y para cumplir esa agenda se necesita un gobierno y un presidente con fortaleza política. ¿Ese reproche público que hace Cristina no termina debilitando al mismo Presidente que debería ser fuerte, una situación que se agudiza aún más con episodios como el de Federico Basualdo?

- Viéndolo desde el oficialismo tenés incentivos cruzados. Porque un ministro de Economía normalmente está para decir más que no que sí y sobre todo en un país que no tiene acceso al crédito. Vienen los otros ministros y te dicen que necesitan más presupuesto y Guzmán tiene que recortar. Y se da un dilema. Tiene lógica que el ministro de Economía diga no nos pasemos de rosca con la emisión porque vamos a anabolizar la inflación;por lo tanto, necesito que los subsidios se contengan. Pero también aparece la lógica de los que están pensando en la campaña y dicen:“¿Pero en medio de la campaña vamos a aumentar tarifas?”. Si de acuerdo a tu razonamiento el problema es la inflación, si aumentamos las tarifas aumentamos la inflación. Así que ahí hay algo que no digo que sea un problema insoluble pero es bastante difícil encontrar el punto de equilibrio. Si tuviésemos el presidencialismo que marca la constitución, quien saldaría sin fijarse quién queda herido sería el Presidente pero el Presidente se ha puesto en que él está con el propósito de mantener unida la coalición de gobierno y, a veces, el mantener unida la coalición de gobierno hace que un día te manifiestes a favor de uno, otro a favor de otro, y esto al público, ya sea la gente como los inversores digan “a ver cómo es esto, paremos hasta que esto se aclare”. De todos modos, no veo posibilidades de que el oficialismo se desuna de aquí a la elección porque el panperonismo o el peronismo unido tiene un piso nacional de 35/40 por ciento que, a priori, lo planta bien pero tiene amenazas sobre eso. Porque si los refuerzos económicos que da vía programas sociales te los come la inflación, y si los salarios vuelven a perder frente alos precios, tenés ahí una cuestión importante a la que hacer frente. Y a 5 meses de las elecciones no estás para cambio. Por eso me parece que el episodio Basualdo tratará de hacerse olvidar .

- Uno de los grandes puntos que el Gobierno planteó como expectativa en la campaña fue la recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores y claramente no lo está cumpliendo.

- Siempre se supone que cuando sos local no tenés que perder. Uno se dio cuenta de que el gobierno de Macri ingresaba en la zona de zozobra y de peligrocuando los empresarios le retiraron el apoyo. Ahora, el sustento del Frente de Todos está de la mitad de la tabla para abajo en términos socioeconómicos. En un gobierno peronista los asalariados, los sectores más postergados, la economía más informal, no puede perder. Si en los próximos meses vemos que estas variables no terminan de acomodarse y ponés 10.000 o 15.000 pesos al bolsillo pero se los come la inflación, entonces me parece que ahí hay un sector de la población que va a aplicar más el bilardismo:va a mirar más lo que gana o lo que pierde.