Opinión | opinión | comentario | Milei

Córdoba, otra vez

La provincia quedó en el centro de la escena nacional. Así, se reedita la pelea de los últimos años con la Rosada, pero en un contexto inédito: ahora, se plantea entre dos gobernantes con buena imagen

Javier Milei parece casi haber olvidado al kirchnerismo. Es un actor ausente en sus obsesiones y en sus episodios de furia. Su foco, ya sea en sus declaraciones o en sus insomnes posteos de madrugada, está en ese amplio abanico, que él iguala, de opositores y gobernadores que pudieron ser sus aliados, que manifestaron expresamente su voluntad de acompañarlo, que incluso trabajaron para él, en la superficie o en la sombra, durante la campaña pero que cometieron el pecado al parecer imperdonable de no doblegarse y aceptar mansamente la ley ómnibus que el Gobierno envió al Congreso.

Desde que sus Bases fracasaron en Diputados, Milei no tiene paz, no encuentra la templanza a pesar de haberse rodeado de rabinos y de cardenales y de su inminente encuentro con el Papa.

El Presidente es incapaz de encontrar límites en sí mismo y reacciona desmesuradamente cuando a esos límites se los impone la realidad. Lo que ocurrió en el Congreso, con un oficialismo en inferioridad de condiciones porque en las Legislativas apenas consiguió 38 diputados y 7 senadores, es completamente habitual en democracia. Ante una debilidad estructural, lo que suelen hacer los gobiernos, al menos los que no están conducidos por mesiánicos, es dialogar, encontrar puntos en común, ceder en lo accesorio y resguardar lo principal.

Milei acaba de decir que la búsqueda del consenso es, en sí misma, sinónimo de corrupción. Es decir, inhabilita, hacia atrás y hacia adelante, la construcción de acuerdos. Él mismo queda impedido de encarar cualquier conversación. Y, además, establece una duda sobre su conducta reciente:¿por qué aceptó negociar con los bloques opositores y los gobernadores si el simple hecho del intercambio es espurio? ¿Oes que se dignó a abandonar por un rato la pureza para exponer cuán impuros son los demás?

El Presidente encarna un liderazgo que reniega de la institucionalidad. Por eso ataca exageradamente todo lo que encuentra a su paso. En ese punto, encarna una novedad:las tensiones entre la Nación y las provincias suelen ser habituales, ya sea por razones políticas o administrativas, pero hasta ahora nunca se plantearon en el plano que propone Milei:el de la descalificación. Para el libertario, el único depositario de legitimidad política es él;los gobernadores -todos- son unos corruptos ávidos de prebendas que no defienden y pelean por los recursos porque tienen a su cargo la salud, la educación y la seguridad de sus provincias sino sólo porque pretenden vivir robando.

Ese discurso de Milei no es sólo rabia,tiene además objetivos que abarcan la configuración del escenario político y la construcción de un esquema de poder.

El Presidente recupera y exacerba la división entre el centro y el interior. Primero porque establece discursivamente una separación que lo pone a él del lado del bien y a todo el resto del lado del mal. Es una construcción de tipo fascistoide, que tiene puntos de contacto además con el kirchnerismo. Segundo, lo que está buscando Milei, a través de, por ejemplo, el recorte de partidas para las provincias, es asfixiar financieramente a los gobernadores y obligarlos a doblegarse ante la Casa Rosada. No busca el acuerdo, sino la rendición.

El diseño de Milei, que es de todo menos inocente, requiere de algunas condiciones y está superpoblado de riesgos. La primera condición es que sólo puede seguir por esa línea mientras tenga acompañamiento popular. Si sus índices caen por debajo de ciertos umbrales, entonces su base de sustentación se resquebrajará. Por ahora, a sólo dos meses de asumir, la popularidad de Milei se ha resentido pero aún sigue en niveles que le permiten jugadas como la que está ensayando.

Pero el riesgo del Presidente está en sí mismo, en la concepción de su gestión.Hasta ahora, lo único que ha ofrecido a una población ya agobiada es ajuste impiadoso y vertiginosa caída del poder adquisitivo. Sólo en diciembre, los salarios perdieron por 13,2 puntos contra la inflación. Una goleada.

El oficialismo se vanagloria por haber cerrado sin déficit el último mes de 2023,pero lo hizo a costa de destruir las jubilaciones, los salarios, la actividad económica, comercial y productiva. Tal vez, en ese escenario la paciencia no sea infinita.

Entre los principales enemigos que ha encontrado Milei en su cruzada culpabilizadora está el gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, a quien ayer, desde Roma, nombró expresamente. Las declaraciones terminaron de coronar una semana en la que la provincia volvió a estar, como en los tiempos de los Kirchner, en el centro de la escena. Córdoba se instaló como protagonista: a Llaryora lo atacó Milei, el radical Rodrigo de Loredo lloró en las puertas del Congreso, Osvaldo Giordano fue la primera víctima del encono del Presidente y debió dejar su cargo en Anses por no haber tenido lo que hay que tener para disciplinar a su pareja, la diputada Alejandra Torres, y obligarla a votar ciegamente la ley ómnibus.

Córdoba, corazón de mi país, solía decir José Manuel de la Sota.

Antes de Llaryora, los enfrentamientos con el poder central fueron para el peronismo cordobés una vía de construcción política. De la Sota y Juan Schiaretti se victimizaban por lo que presentaban como una discriminación constante del kirchnerismo. Tuvieron éxito: embanderaron a la provincia en contra de todo lo que tuviera cierto tufillo kirchnerista y, de paso, contribuyeron para que los candidatos enfrentados a los K consiguieran aquí cifras de escándalo:Macri obtuvo el 70%, Milei acaba de llevarse el 75 en el balotaje.

Pero esa configuración de la escena, ese alambramiento del territorio, pudo ejecutarse y sostenerse porque contemplaba una contraposición entre un gobernador con altos índices de imagen positiva y un presidente o una presidenta fuertemente cuestionados. En términos políticos, una pelea sencilla: nada más fácil que oponerse a una figura odiada y repudiada.

Ahora, el escenario es inédito en la provincia. Porque Milei planteó públicamente una pelea entre dos dirigentes que tienen un alto índice de imagen positiva en Córdoba. Si Llaryora aceptara el convite estaría adentrándose en una disputa con un presidente al que sus votantes votaron.

Por eso el gobernador se mostró renuente al enfrentamiento abierto y directo. Sólo respondió públicamente después de que el libertario lo nombrara en muy malos términos durante una entrevista y le cuestionara los gastos. Pero contestó sin entrar en un cruce de descalificaciones. “No es tiempo de responder agravios ni insultos”, señaló en un hilo de la red social X en el que prefirió ponerse del lado de los trabajadores, la producción, los docentes y la industria y anunciar que seguirán los programas de transporte como el Boleto Educativo y el Boleto Obrero.

“Córdoba nunca se arrodilló y tampoco lo hará ahora”, publicó Llaryora, en una frase que puede leerse como una declaración de principios y de continuidad con sus antecesores. En otro tramo, les reclamó mesura y cordura a todos los dirigentes en un momento tan complejo del país. En esa generalización puede leerse en realidad un mensaje con nombre y apellido: a quien le pidió mesura y cordura es, en realidad, a Milei, que no ha mostrado hasta ahora ninguna de esas dos cualidades y que sólo ve conspiraciones y traiciones por todas partes.

Milei entendió, cuando le cedió puestos claves al peronismo cordobés, que a partir de ese momento tenía garantizados los votos en el Congreso. Cuando comprobó que no había ningún acuerdo a libro cerrado, le bajó desde Roma el pulgar a Giordano. Pero aún quedan cordobeses en cargos claves. Uno de ellos también fue protagonista en la semana:Franco Mogetta, secretario de Transporte, que supo ser un defensor del interior cuando ocupaba el mismo puesto en la gobernación de Córdoba pero que se pasó del lado de los verdugos ahora que hubo que eliminar los subsidios. Sería una ironía que lo despidieran después de negarse a sí mismo.

Hace menos de 10 días Mogetta recibió a intendentes del interior; entre ellos, a Daniel Passerini, de Córdoba, y a Juan Manuel Llamosas, de RíoCuarto, para analizar el reclamo por los subsidios. Les dijo que no había más plata pero jamás les insinuó que la partida de 102 mil millones de pesos se cortaría de cuajo. Un indicio de que ni Mogetta sabía lo que se venía;que no es verdad que la eliminación de la partida hubiera estado prevista sino que fue una reacción vengativa y aleccionadora de quien, desde Tierra Santa, hizo pagar la insurrección con dolor.