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Las fuerzas del cielo y las del mercado ¿confluyen o colisionan?

Esta última semana se vieron movimientos que parecen diluir la pureza del pensamiento anarcocapitalista que define al presidente Javier Milei. Algunos supermercados cambiaron ciertas prácticas tras una reunión con el ministro Caputo

En el mundo de la producción hay una sospecha de que algunos eslabones posteriores de la cadena están logrando desde hace tiempo, y en particular con el río revuelto del actual salto inflacionario, márgenes de utilidades importantes, mientras que otros sufren una asfixia interminable y están en un angosto desfiladero. Pero, a su vez, observan cómo los consumidores padecen precios en franco ascenso con bolsillos deprimidos. Vale un ejemplo rápido: un litro de leche al productor se paga hoy unos 300 pesos, pero en el supermercado ya casi no hay opciones por debajo de los $1.000. Una aclaración al margen: con un litro de leche en la tranquera se hace más de un litro de leche de sachet. Se podría agregar el caso de la yerba, en el que el kilo de hoja verde se pacta en unos 350 pesos.

Concretamente, los productores, e incluso la industria, miran los eslabones siguientes: el de la comercialización y logística. En el caso de la leche cabe destacar el último informe del Observatorio de la Cadena Láctea (Ocla), el cual detalla que los aumentos interanuales del orden del 305% interanual (por encima del promedio de inflación del 276%) en los productos lácteos son en su versión minorista. Y remarca que mañana se publicarán los precios mayoristas (salida de fábrica), “que seguramente darán un interanual del orden del 250%, es decir, 50 puntos por debajo de los precios minoristas de los lácteos. Esto evidencia un incremento en el mark up (diferencia entre salida de fábrica y consumidor final), que no sabemos si es atribuible a mayores márgenes y/o mayores costos de logística y comercialización”, sugieren desde el observatorio.

Se agudizó el malestar de los productores cuando el gobierno nacional anunció la “liberación” de importaciones de alimentos como remedio para frenar con más fuerza el incremento de la canasta y así evitar las severas consecuencias sociales que esto trae y que se traduce en el sensible indicador de pobreza e indigencia. Esa “liberación” no es otra cosa que la baja de carga impositiva al ingreso de bienes terminados dentro del rubro alimentos y medicamentos. En la teoría eso obligaría a bajar los precios, por efecto de la competencia, a los mismos productos que se producen en el país. Allí hay una serie de dudas que se abren: cuando comiencen a ingresar los productos importados que competirán con los nacionales, ¿se venderán mucho más baratos o llegarán a la góndola con similar precio y la ventaja se perderá en el camino a favor de algún eslabón? Si se vende más barato, ¿qué sucederá con los nacionales, bajarán el precio o desaparecerán?Esto último es lo que temen los productores e industriales que ya reclamaron que bajen la carga impositiva (para igualar condiciones con importadores). Primero fue la poderosa UIA y luego la Unión Industrial de Córdoba (UIC) pidió que se dé igualdad de condiciones, por ejemplo, liberando el ingreso de materias primas necesarias para las fábricas.

Entre la inflación de precios minoristas de leche y los mayoristas hay una diferencia de casi 50 puntos. Hay tensión por esa diferencia intracadena.

El foco está puesto en Brasil. Y hay un par de productos, como la carne de cerdo o los lácteos, que temen un ingreso masivo desde ese país que provoque un colapso en las cadenas nacionales. Las granjas porcinas aseguran que el kilo vivo cayó 30% en lo que va del año y que su negocio dejó ya de ser rentable. Pero al mismo tiempo admiten que esa situación no se trasladó a la góndola, en la que la carne de cerdo es una opción más barata que la de vaca, pero está lejos de haber retrocedido 35%. En el medio, de nuevo, alguien absorbió esa diferencia.

Los tambos no ven un panorama diferente, siempre inmersos en crisis que asoman como terminales y que al final del día concluyen con algunos emprendimientos que envían sus vacas a la feria y una mayor concentración de la producción. Cada vez hay menos tambos pequeños y el potencial de los grandes se amplía porque el negocio cierra sólo a escala mayor. Lo dicho, la industria láctea también muestra su descontento con este anuncio del Gobierno.

El 13,2 por ciento de inflación mensual con un marzo siempre caliente y con liberación de tarifas en marcha no es para festejar.

En el medio, la gestión de Javier Milei parece entrar en conflicto entre su teoría y su práctica. El nivel inflacionario de febrero, del 13,2%, fue menor al esperado por la mayoría de las consultoras e incluso tal vez el propio Gobierno. Pero ese 13,2% de inflación mensual con un marzo siempre caliente y con liberación de tarifas en marcha no es para festejar. Por eso pareció abandonar la ortodoxia anarcocapitalista y llamó por teléfono a los supermercadistas para que se presenten en el quinto piso del Ministerio de Economía. Los recibió el ministro Luis Caputo. Salió de allí públicamente cierto malestar del funcionario con determinadas prácticas comerciales que evitaban la baja de precios a cambio de promociones como el 2x1 o el 3x2. Más allá de eso, en la reunión había grupos comerciales con logística e intenciones de importar bienes terminados para poblar sus góndolas. Algunos de ellos, los apuntados también por los eslabones anteriores de las cadenas alimenticias por la situación de los precios. Horas después se conoció que se quitaba presión tributaria para facilitar el ingreso de alimentos del exterior.

La novela terminó con el ministro Caputo publicitando ofertas de una gran cadena de supermercados en su cuenta de X, que había dejado las promociones por cantidad y había pasado a ofrecer descuentos directos en varios productos.