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¿Los salarios deberán esperar a la primavera para descongelarse?

Después de perder por goleada frente al acelerado proceso inflacionario desatado en diciembre, los economistas discuten cuándo la línea de ingresos quebrará a la de precios. Algunos sugieren que para eso al menos “hay que pasar el invierno”

“Yo no lo veo en los próximos 4 o 5 meses de manera sostenible. Puede darse en algún mes en particular. Un buen escenario sería que esto ocurra a partir de septiembre, tal como ocurrió en 2002 con la salida de la convertibilidad. A partir de ese momento se recuperaron la actividad y los salarios”, apuntó el economista del Cedlas de la Universidad Nacional de La Plata Leopoldo Tornarolli, experto en pobreza, desigualdad y otros aspectos socioeconómicos.

Su estimación corta de cuajo el optimismo de algunos de sus colegas, que insisten con la posibilidad de que en “un par de meses” la situación rebotará. Pero Tornarolli, además, para marcar una distancia mayor con esa versión más edulcorada, resalta que septiembre sería un buen escenario. Y luego subraya que “sería positivo terminar con tres meses de crecimiento en este 2024”. Es decir, deja un margen de dudas incluso sobre la posibilidad de que eso ocurra.

Si los ingresos recién empiezan a ganarle a la inflación de forma sostenida en septiembre, ¿hay en el horizonte otros 6 meses de pérdida de actividad?

La discusión no es casual. Porque hay una coincidencia en que a partir de la recuperación salarial podría empezar a hacer pie la actividad económica, hoy en franco desmoronamiento. Si los ingresos recién empiezan a ganarle a la inflación de forma sostenida en septiembre, ¿hay en el horizonte otros 6 meses de pérdida de actividad?

Eso abre otro sinfín de interrogantes: el principal estaría relacionado con qué quedará en pie y qué no para entonces. Es decir, quiénes podrán pasar el invierno y quiénes no, parafraseando aquella famosa frase del fundador de la Ucedé y exministro de Economía, ÁlvaroAlsogaray.

No es casual esta cita. Porque aquel ministro, en junio de 1959, durante su primer mensaje, describió un panorama bastante desolador sobre la situación, pidió un esfuerzo extra a la población y lanzó la frase que pasó a la inmortalidad: “Hay que pasar el invierno”.

“Lamentablemente, nuestro punto de partida es muy bajo. Muchos años de desatino y errores nos han conducido a una situación muy crítica. Es muy difícil que este mes puedan pagarse a tiempo los sueldos de la administración pública. Todavía seguiremos por algún tiempo la pendiente descendente que recorremos desde hace ya más de diez años”, agregó Alsogaray en aquella oportunidad. Los puntos de contacto con la realidad actual, 65 años después, al menos invitan a reflexionar. Incluso podría complementarse todo con “los brotes verdes” que prometió Nicolás Dujovne para el segundo semestre de 2016, que seguramente cayeron bajo el castigo de alguna helada economía que les impidió hacerse realidad.

Lo cierto es que hay un dato reciente que mostró el Indec, pero que, sin embargo, es demasiado viejo por todo lo que ocurrió en materia económica en la Argentina entre diciembre y marzo. El organismo publicó cómo cerró el PBI el año pasado: previsiblemente fue con signo negativo, después de una severa sequía que castigó al principal sector de la economía como es el campo y la agroindustria. Haciendo foco en el último trimestre de 2023, el Producto cayó 1,4% como resultado de la evolución del consumo, la inversión y la diferencia entre exportaciones e importaciones. Aunque esa foto se vea hoy en sepia, sirve de todos modos para hacer una primera proyección a partir de una pregunta: ¿cuál de las tres variables que definen la evolución del PBI mejoró desde el cierre del año pasado hasta ahora?

Claramente la principal de ellas es el consumo interno y allí radica la importancia de los ingresos alicaídos que viene mostrando la gran mayoría de los argentinos. Las inversiones están lejos de repuntar, al menos hasta que ciertas cuestiones de la macroeconomía no terminen de consolidarse y ordenarse. Sí empezó a mostrar una tendencia muy distinta la performance de la balanza comercial con un nuevo tipo de cambio que, a contrapelo de lo que ocurría a fines de 2023, ahora alienta a la exportación y no incentiva la importación. Además, muchos adelantaron compras en el exterior sabiendo que se venía la deavaluación más cantada de la historia económica nacional. Por lo cual, entre que no hay incentivo para importar por el valor del dólar y una demanda planchada, y el adelantamiento que hicieron algunos “que la vieron”, hoy el ingreso de mercadería cayó fuerte con respecto al final del año pasado. Eso hizo que comenzaran a publicarse balances positivos de la balanza comercial en los últimos meses, con exportaciones que retomaron la delantera y que presumiblemente lo seguirán haciendo a partir de ahora, con la consolidación de la cosecha gruesa y la liquidación de divisas. ¿Habrá unificación cambiaria en las próximas semanas aprovechando el envión de las exportaciones? Es una posibilidad, alimentada porque además permitiría darles un incentivo adicional a productores y exportadores para acelerar ventas al exterior y liquidar bajo un mejor tipo de cambio, que lógicamente se ubicaría en torno a los $1.000.

¿Habrá unificación cambiaria en las próximas semanas aprovechando el envión de las exportaciones? Es una posibilidad cierta.

En ese proceso también radica parte del optimismo oficial por el impacto de la campaña en la actividad económica y el empuje del sector agropecuario.

Sin embargo, sería demasiado imaginar que a partir del buen resultado agropecuario la actividad económica repuntará. Es posible que no sea suficiente si en paralelo no hay un rebote más acelerado del ingreso de buena parte de la población que hasta acá ocupa gran parte de su día repasando dónde más ajustar su economía doméstica.