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Optimizar el uso de antibióticos: una estrategia para cuidar al paciente y frenar la resistencia antimicrobiana

Una investigación desarrollada por profesionales de Clínica Regional del Sud fue seleccionada como finalista en el XVII Congreso de la Sociedad de Infectología de Córdoba. El trabajo analizó el impacto de la implementación del Programa de Optimización del Uso de Antimicrobianos (PROA) en áreas críticas de la institución, con resultados favorables

La resistencia a los antimicrobianos se ha convertido en uno de los principales desafíos para la medicina contemporánea. El fenómeno ocurre cuando bacterias, virus, hongos y otros microorganismos desarrollan mecanismos que les permiten sobrevivir a los medicamentos utilizados para combatirlos. Como consecuencia, tratamientos que durante años fueron eficaces pueden dejar de funcionar y las alternativas terapéuticas disponibles se vuelven cada vez más limitadas.

En los hospitales, este problema adquiere una dimensión especialmente relevante. Las infecciones asociadas al cuidado de la salud pueden involucrar microorganismos resistentes y afectar a pacientes que, por su condición clínica, requieren tratamientos complejos y prolongados. En ese escenario, utilizar los antimicrobianos de manera adecuada no es solamente una cuestión de eficiencia terapéutica: constituye también una herramienta de seguridad y calidad de atención.

Con ese objetivo trabaja el equipo del Comité PROA de Clínica Regional del Sud, integrado por el doctor Fernando Riera, director del programa, junto con Lucas Stefanini, Laura Decca, Sergio Chavero, Aldana Mano, Elina Agüero y Marcela García. La experiencia desarrollada por el grupo fue presentada en el XVII Congreso de la Sociedad de Infectología de Córdoba, donde fue seleccionada como finalista.

“Es un programa de calidad dentro de los programas de calidad de atención médica para asegurar el bienestar de los pacientes”, explicó a Salud & Ciencia el doctor Fernando Riera (MP 21645 ME 7418), especialista en infectología.

El propósito del PROA no consiste simplemente en utilizar menos antibióticos, sino en utilizarlos mejor. Esto implica evaluar si un antimicrobiano es necesario, cuál es el medicamento más apropiado, qué dosis corresponde y durante cuánto tiempo debe administrarse. También supone revisar la indicación a medida que aparecen nuevos datos clínicos o microbiológicos.

“Racionalizamos, pensamos cada tratamiento antibiótico y evitamos que se tomen antibióticos de manera automedicada, de manera no recomendada”, señaló Riera.

La estrategia adquiere particular importancia frente al uso de antibióticos de amplio espectro, capaces de actuar sobre una gran variedad de microorganismos. Aunque pueden resultar indispensables en determinadas situaciones, su utilización indiscriminada puede favorecer la selección de bacterias resistentes y alterar la microbiota del paciente.

Por eso, cuando las condiciones clínicas y los estudios disponibles permiten identificar el agente causante de una infección, la propuesta es avanzar hacia tratamientos más específicos. “Se traduce en menos días de tratamiento, o sea, tratamiento óptimo, tratamientos dirigidos, no a amplio espectro, sino hacia una bacteria determinada”, explicó Riera.

El concepto de tratamiento dirigido representa así uno de los pilares del programa. No se trata de elegir necesariamente el antibiótico “más fuerte”, sino el que resulte más adecuado para la infección que se está tratando.

Cada día cuenta

La investigación realizada en Clínica Regional del Sud permitió medir una disminución en el uso de antibióticos y observar que ese resultado puede sostenerse mediante un seguimiento permanente.

Para Riera, incluso reducir un solo día de tratamiento puede generar beneficios concretos. “Disminuir un día de antibiótico en un paciente es muy importante”, afirmó.

La reducción de la exposición a los antimicrobianos puede disminuir la posibilidad de eventos adversos vinculados con la medicación, contribuir a una recuperación más eficiente y favorecer una eventual reducción de la permanencia hospitalaria. Al mismo tiempo, tiene impacto sobre los costos de la institución.

Pero existe otra dimensión menos visible y de gran importancia: el denominado impacto ecológico. Los antibióticos no afectan únicamente a los microorganismos responsables de una infección, sino que también pueden modificar el equilibrio de la microbiota, el conjunto de microorganismos que normalmente habitan nuestro organismo.

“Tenemos que conservar la microbiología, el microbioma, que se habla ahora, la flora normal”, destacó el infectólogo.

El uso racional de antimicrobianos busca justamente reducir esa presión innecesaria. Cada indicación debe contemplar no solamente el beneficio inmediato para el paciente, sino también las consecuencias que puede generar una exposición innecesaria o excesiva.

Una tarea integral

Uno de los aspectos distintivos del programa implementado en Clínica Regional del Sud es su carácter interdisciplinario. La optimización del uso de antimicrobianos no depende exclusivamente del médico infectólogo, sino que requiere la participación coordinada de distintos profesionales y sectores de la institución.

El infectólogo cumple un papel central mediante la recorrida diaria y la interacción con los médicos que atienden a los pacientes. Su tarea incluye evaluar tratamientos, responder consultas y acompañar la toma de decisiones.

La Farmacia también ocupa un lugar estratégico. El farmacéutico registra los consumos y puede advertir situaciones en las que un medicamento no se encuentra adecuadamente prescripto. De esta manera, la información sobre utilización de antimicrobianos se convierte en una herramienta para detectar oportunidades de mejora.

A esto se suma la capacitación dirigida a los diferentes niveles profesionales de la institución. Enfermeros, médicos, farmacéuticos y otros integrantes del equipo participan de una estrategia que busca instalar criterios comunes y transformar el uso racional de antimicrobianos en una práctica cotidiana.

“Trabajamos con el médico infectólogo que hace la recorrida diaria, interactúa con los profesionales, con una capacitación a todos los niveles profesionales de la clínica”, detalló Riera.

El programa también articula su trabajo con el área de control y prevención de infecciones. La interacción entre ambas estrategias permite abordar el problema desde diferentes perspectivas y reforzar las medidas destinadas a mejorar la seguridad de los pacientes.

La experiencia demuestra, además, que la optimización comienza incluso antes de que un medicamento sea administrado. El seguimiento de los consumos y la interacción con sectores como Farmacia y Compras permiten incorporar criterios de racionalidad en diferentes etapas del proceso.

Un problema trascendente

Aunque el trabajo presentado por el equipo PROA se concentra en la atención humana dentro de Clínica Regional del Sud, la resistencia antimicrobiana no es un fenómeno exclusivamente hospitalario.

El uso de estos medicamentos también tiene relación con otros ámbitos, como la medicina veterinaria y determinadas prácticas vinculadas con la producción agropecuaria y el ambiente. Por eso, el abordaje actual de la resistencia propone una mirada integral sobre la salud humana, animal y ambiental.

“Esto no acaba en los hospitales, sino va a la comunidad también, a lo que es veterinaria, que nosotros no lo hacemos, y también los antimicrobianos que se usan en el ambiente”, señaló Riera.

En este contexto, los programas PROA representan una de las respuestas posibles desde el ámbito de la salud humana. Su función es promover una utilización responsable de los antimicrobianos y evitar que su administración innecesaria contribuya al crecimiento de la resistencia.

La problemática tiene además una característica particular: se encuentra en permanente evolución. Los microorganismos cambian, aparecen nuevos mecanismos de resistencia y, paralelamente, surgen nuevos medicamentos y métodos diagnósticos. Por esa razón, las estrategias de optimización no pueden considerarse una intervención puntual.

La selección del trabajo como finalista en el Congreso de la Sociedad de Infectología de Córdoba constituye un reconocimiento al abordaje implementado por el equipo de Clínica Regional del Sud y a la solidez de una experiencia basada en la práctica cotidiana.

Para Riera, sin embargo, el desafío más importante no es alcanzar una mejora inicial, sino conseguir que pueda mantenerse en el tiempo.

“Los desafíos son poder mantener el programa en el tiempo, hacer que esto sea sustentable. Uno logra un impacto inicial y luego sostener este programa es el desafío más importante y sostener los resultados”, resaltó.