Río Cuarto | pediatra | vacunas | familia

Laura Martínez, casi 50 años con la pediatría: "Es una profesión hermosa"

La médica repasó su carrera y dijo que la familia es fundamental para el correcto desarrollo de los niños, porque "es la base de todo". Sostuvo que, pese a los tiempos difíciles que se viven en la actualidad, hay que acompañarlos en todo momento

Nacida en Cruz del Eje y radicada en Río Cuarto desde su juventud, la doctora Laura Martínez de Yanelli lleva casi 50 años ejerciendo la pediatría, especialidad a la que califica como “una de las más lindas” de la medicina. En una charla con Puntal, la médica repasó su carrera y dijo que lo más importante es la familia y estar cerca del niño. Además, sostuvo que acompaña a sus pacientes en todo momento, más allá del consultorio.

-Se recibió de médica muy joven…

-Sí, hice la carrera bastante rápido. En cuatro años me recibí de médica. Como pediatra, llevo 49 años, ya que arranqué en 1973 y no paré nunca.

-¿Por qué eligió la pediatría como rama de la medicina para desarrollarse?

-Es hermosa. El niño es una de las especialidades más completas, porque lo vez nacer, crecer y hacerse hombre, y se lo entregás al médico clínico cuando ya está formado. En ese sentido, uno tiene que ser clínico, psicólogo, es decir, de todo un poco.

-¿Cómo se hace para no verse afectado cuando el desarrollo clínico de un niño no viene bien? Da la sensación de que con un niño uno se sensibiliza más que con un adulto cuando ocurre algo…

-Hay que aprender a separar para ser un buen clínico, porque el pediatra es el clínico del niño. Hay que separar y no dejarse llevar por sentimientos, para poder ser frío al momento de decidir sobre una determinada situación. Es importante saber acompañar a los padres ante una situación fea.

-¿Qué diferencia hay entre los niños que llegaban hace casi 50 años a su consultorio y los que lo hacen hoy?

-Tenían otro tipo de enfermedades. Los chicos de ahora han tenido una alteración con lo de la pandemia. Tuvieron que adaptarse a otras situaciones y estilos de vida, pero están muy bien. Hoy en día, la medicina ha avanzado muchísimo, especialmente con las vacunas, que nos han permitido no ver más enfermedades que antes aparecían mucho. El pediatra viejo estaba acostumbrado a ver varicela, tos convulsa y, actualmente, con las vacunas, ya no se ven.

-¿Hay todavía resistencia a las vacunas de parte de los padres?

-Hay algunos que discuten las vacunas. En el caso de las que se usan para coronavirus, tienen miedos, después de la incertidumbre que hubo. Ahí es el pediatra el que tiene que darles los fundamentos desde el punto de vista científico para que esos padres no duden. Con respecto a las otras vacunas del calendario, después de la pandemia se está tratando de que todos los niños completen sus esquemas. En Argentina tenemos uno de los calendarios más completos. Hay que insistir en las familias para que completen. Está demostrado que los casos de enfermedades que se complican son no vacunados. El vacunado tiene los anticuerpos y eso ayuda.

-¿Qué es lo mejor y lo peor que tiene ser pediatra?

-Lo más lindo es todo. Uno ve la gratificación de los padres y cómo se desarrollan los niños sanos. En mi caso, no he vivido situaciones feas. El pediatra es como el clínico, tiene que trabajar en equipo con otros médicos. Lo mismo con la parte educativa.

-¿Por qué hoy la pediatría es una especialidad crítica? Porque faltan pediatras…

-Eso quizá sea falta de interés. La pediatría es una clínica a la que no se va por la plata. Es necesario tener una vocación por la medicina para ser pediatra. Es una especialidad muy importante porque representa un apoyo para las familias. Y, en ese sentido, es importante destacar que hay que volver a las familias.

-¿A qué se refiere?

-La familia es la base de todo. Si tenés una buena cuna, podés estar en cualquier ambiente y vas a poder salir. Pero si eso no ocurre, se vuelve más complicado. Es necesario integrar al niño a las familias, acompañarlo a los actos, leerle un cuento a la noche, comer en familia, etcétera.

-Hoy uno ve que la mayoría de los padres están fuera de la casa y queda poco tiempo para dedicarle a los niños…

-Eso se ve mucho. De hecho, es algo que se ha estudiado. Por ejemplo, sobre la constipación infantil se ha hecho un estudio y se llegó a la conclusión de que hay más niños constipados en las grandes ciudades, debido a que el niño está todo el día fuera de la casa o alejado de sus padres, que trabajan todo el día. Entonces, ese niño no tiene un ritmo fisiológico normal como se tenía antes. Es claro que la situación social hace que los padres tengan que trabajar más y más. Pese a eso, hay que hacer el esfuerzo y quedarse con él, aunque sea a la noche, y acompañarlo.

-¿Es una pediatra que sigue atendiendo más allá del consultorio?

-Mi vínculo es permanente. Yo les doy un contacto. Hay que apoyar a los padres en todo momento. No los abandono en ningún momento a mis pacientes. Yo voy tranquilizando a los padres de acuerdo con el cuadro que tienen los niños. De esa forma, ellos no se sienten tan desprotegidos y saben lo que va a pasar.

-¿Siempre trabajó en consultorio particular?

-No, también trabajé en el dispensario municipal de Las Higueras durante 28 años. Además, estuve en el viejo Hospital Central y en el Centro de Salud de calle Cabrera, cuando estaba el doctor Lubetkin. También participé activamente en la filial local de la Sociedad Argentina de Pediatría. Ahora estoy en mi consultorio particular.

-¿Y tiene otros médicos en la familia?

-Mi hermano mayor es urólogo y mis dos hijos son médicos; la mayor es clínica de adultos y el menor, pediatra. El médico que no se queja de la profesión tiene hijos que siguen su camino (risas). A pesar de que he pasado guardias enteras, volvía a mi casa y los acompañaba. La familia es lo más importante.

-¿Comparte el trabajo con sus hijos?

-Sí, sí. Anoche, por ejemplo, fuimos a hacer el curso de lenguaje de señas al Colegio Médico. Yo los acompaño a los congresos, vamos todos juntos, donde sea. Estamos conectados permanentemente. Es una ayuda para mí. Nos complementamos, comentamos casos y es muy lindo. En el caso del pediatra, es lindo saber que uno de mis hijos ha seguido una de las especialidades más lindas. Por otro lado, a la médica clínica le paso las fichas de mis pacientes cuando cumplen 18 años para que se sigan atendiendo con ella.

Nicolás Cheetham. Redacción Puntal