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Capas de ajuste, otra casta y otra grieta

Milei acelera mientras tensa el escenario institucional y político y exacerba el discurso. El núcleo de la pelea está en el DNU. ¿Cómo actuará el PJ cordobés en el Congreso?

Sábado. 23 de diciembre. Media mañana. En un comercio céntrico de Río Cuarto, un hombre de unos 40 años espera durante más de media hora para llegar a la caja. Había elegido una mochilita, en la que podría haber entrado un par de zapatillas y no mucho más.

- Son 51 mil pesos, dice la cajera.

- ¿Cuánto?

- 51 mil.

- La dejo.

Ni siquiera miró para atrás y salió. La mochila, en el mostrador.

En su etapa inicial, el gobierno de Javier Milei está operando en tres planos en simultáneo y tiene la característica de ser un fenómeno total. No es focalizado sino de alcance integral.

El primer plano de actuación, que el Presidente considera fundamental y que explica en gran parte su llegada al poder, es económico. Ahí está el decálogo de medidas que anunció el ministro de Economía, Luis Caputo, y que incluyó una devaluación feroz del peso que provocó una explosión inflacionaria. Argentina coquetea hoy con la híper. El economista Esteban Domecq, de la consultora Invecq, señaló que el índice de precios subió el 28,8% en cuatro semanas y que los alimentos van incluso peor: 37,7 por ciento. “Diciembre apunta a terminar con un 3 adelante”, anticipa.

El resultado económico-social es una abrupta y vertiginosa pérdida de poder adquisitivo de la población, que ya venía castigada.

El segundo plano del esquema Milei es institucional. En ese punto están las reformas que el jefe de Estado libertario incluyó en un mega DNU que haría palidecer por tibio al mismísimo Carlos Menem. Son 366 artículos que desregulan la economía profundamente y que no sólo alteran leyes de fondo sino que además operan sobre la coyuntura porque también implican un ajuste complementario al de Caputo. Por ejemplo:con el argumento del DNU las prepagas se pusieron de acuerdo, en flagrante negación del principio de competencia capitalista, y aplicaron un aumento del 40% en las cuotas.

El gobierno asegura que elDNU se contrapone a los intereses de la casta pero si es así ocurrió una anomalía porque en las últimas horas lo apoyaron con entusiasmo los miembros de AEA (Asociación Empresaria Argentina), que nuclea a los hombres de negocios más encumbrados del país. Si le tienen miedo al megadecreto, lo están disimulando.

O, de lo contrario, lo que existe es una redefinición del término “casta”, que Milei usó con fruición en campaña, y al que cada uno le adjudicó un significado diferente. En ese punto, más allá de la semántica, se introduce el tercer plano en el que el gobierno nacional está desplegándose: el político-discursivo, que abarca, complementa, justifica y tensa a los otros dos.

Milei, a hombros del caudal político que le otorgó el 56 por ciento de los votos, está ensayando una estrategia de enfrentamiento en paralelo:abrió todos los frentes a la vez. En la esfera político-institucional, no eligió como antagonista exclusivamente al kirchnerismo -o lo que queda de él- sino que se inclinó por un DNU que lo enfrenta directa y abiertamente con los otros dos poderes del Estado: el Legislativo y el Judicial. A uno, lo ningunea; en el otro, lo desafía.

Y ahí opera también el discurso: Milei, sus voceros e ideólogos están planteando que la encarnación de la casta es todo aquel que se contrapone a las reformas y que, por extensión, se opone a la voluntad de la mayoría que se expresó en las urnas.

La dinámica política argentina es sumamente curiosa. Hoy, por ejemplo, quien defiende la división de poderes y la Constitución se convierte en un vocero de la casta que atenta contra la salida de la crisis. Antes los DNU eran sinónimo de autoritarismo pero, ahora, un megadecreto que pretende resetear la economía argentina y que avasalla a los otros poderes es una saludable oportunidad histórica.

¿No se deberían juzgar con un criterio común las herramientas institucionales? Si gobernar por decreto está mal en un gobierno, también debería estarlo en otro. En una democracia y en una república la formalidad no es un elemento secundario. Es constitutivo.

Ahora, los legisladores están ante una disyuntiva. Si convalidan el decreto, aceptan y legitiman un tratamiento que los menoscaba: ¿por qué Milei enviaría proyectos de ley desde ese momento en adelante si podría firmar un decreto y evadirse del debate legislativo?

En el Congreso, sobre todo en un sector de la oposición, hay dudas sobre cómo actuar ante el DNU. ¿Qué hará la UCR, que tiene en la institucionalidad y el equilibrio de poderes conceptos discursivos fundamentales?El jefe de bloque, Rodrigo De Loredo, publicó un tuit en el que evidencia unas ganas casi irrefrenables de aprobar las reformas de Milei pero, a la vez, establece algunas condiciones.

¿Y cómo actuará el schiarettismo, que tiene a funcionarios en el gobierno nacional pero que hasta ahora no se ha expresado sobre el DNU? En Hacemos por Nuestro País -así se llama el bloque que se referencia en el exgobernador- está instalada una postura similar a la del radicalismo: pretenden que Milei desglose el mega DNU en varios proyectos de ley, que permita la discusión individual y por separado y que, de paso, se redima del menosprecio al Legislativo que ostentó con el decretazo.

Si actúa en ese sentido, el schiarettismo está dispuesto a avalar en gran parte los cambios que impulsa Milei. En cambio, si La Libertad Avanza insiste con el DNU y con hacerlo considerar en bloque, entonces los diputados cordobeses lo rechazarían.

Pero esperan una señal, que hasta ahora Milei no ha dado. El Presidente viene señalando que no retirará el DNU, que no lo reemplazará por proyectos individuales, que es un paquete que se toma o se deja y que aquellos que lo voten en contra pagarán el costo político ante el pueblo.

Milei tensa el escenario y el discurso. Inaugura una grieta nueva, pero con componentes que la pueden tornar incluso más peligrosa. El gobierno divide la sociedad entre los que están a favor o en contra. Y esa configuración no admite matices. En esa lógica se inscribe, por ejemplo, el protocolo antipiquetes de Patricia Bullrich, que continúa sobreactuando militarismo y apelando a su frase “es a todo o nada” cada vez que puede, que no sólo pone en disputa el control de la calle sino que establece una suerte de categorización: el que protesta, aún ante un ajuste cruento, busca obstaculizar la expresión de la mayoría. Es un gobierno con una escala de valores algo extraña: antepone el derecho a circular por una calle de Buenos Aires a cualquier otro. No importa demasiado si a alguien no le alcanza para comer pero sí que circule.

¿Qué condiciones deben darse para que Milei pueda sostener su estrategia? Primero, mantener el acompañamiento popular, que es su sostén principal. Si comienza a perderlo, por ejemplo por el ajuste, esa confrontación permanente y omnipresente empezará a perder base de sustentación.

Hay quienes sostienen que, cualquiera sea la suerte del DNU, Milei ganará:porque si lo avalan podrá aplicar sus reformas y, si lo rechazan, le dará el argumento de que él intentó cumplir sus promesas pero que la casta prebendaria se lo impidió. Otra vez: toda esa interpretación está supeditada a la suerte del modelo económico y a la capacidad de resistencia de los bolsillos de la gente.

Los operadores de Milei están sondeando a los gobernadores para tratar de conseguir los votos que se necesitan para convalidar el DNU. En Córdoba esperan que, por esa vía, se abra una negociación para que lleguen fondos en el corto plazo.

El gobierno de Martín Llaryora viene de una semana negativa. No sólo porque la provincia fue la primera que reprimió, sin ningún sentido, una manifestación sino porque el ajuste también está empezando a generarle conflictos al gobernador. Como la Casa Rosada ya expresó que no habrá fondos para la Caja de Jubilaciones -el déficit mensual es de 5.700 millones y sólo llegan 1.070-, el oficialismo provincial intentó hacer votar en la Legislatura, a las apuradas, un proyecto para incrementar en 4 puntos los aportes jubilatorios y en 2 los aportes para Apross.

Pero todo naufragó:el Ejecutivo tuvo que dar marcha atrás porque en la Legislatura el oficialismo pecó de amateurismo y no pudo conseguir los votos para la aprobación. El legislador kirchnerista Federico Alesandri se levantó a último momento y dejó al gobierno sin los fondos para la Caja.

¿Y ahora?¿De dónde saldrán los fondos que se necesitan para pagar las jubilaciones?Es una incógnita. En el PJ cordobés existe la versión de que Milei podría ir soltando recursos a medida que logre concesiones legislativas de los gobernadores: es decir, la vieja práctica del voto a cambio de oxígeno.

El gobierno provincial tampoco pudo desactivar la cláusula gatillo que Juan Schiaretti había acordado con los gremios y que ahora, en plena explosión inflacionaria, se convirtió en un lastre de alto riesgo. Es lo que en política suele llamarse “pesada herencia”pero que, en este caso, Llaryora no puede denunciar.