El nuevo escenario que desde la última semana de febrero se abrió para los precios internacionales de las materias primas, particularmente agrícolas, tiene un impacto positivo en las expectativas de ingresos para la Argentina. Habrá finalmente más dólares de los estimados hace un mes atrás si los valores de los granos se sostienen en estos niveles hasta llegar a la cosecha. Pero del otro lado del platillo, el flamante escenario, configurado por la invasión rusa a Ucrania, dos jugadores de relevancia en el concierto mundial de granos, también plantea desafíos para las cuentas del país, especialmente en el capítulo energético por la importación de gas boliviano o los barcos regasificadores. El balance final aún está en juego porque la inestabilidad es muy grande y nadie puede asegurar hoy qué ocurrirá con el precio del petróleo, del gas y de los granos.
Juan Manuel Garzón, economista jefe del IERAL de la Fundación Mediterránea comienza analizando la situación en dos planos: el sector agropecuario y sus intereses por un lado y la Argentina como un todo, por el otro.
“En este segundo punto hay que hacer los números finos porque a favor cuenta la suba de precio de mucho de nuestros productos de exportación más importantes, como granos y derivados. Hablamos de aquellos vinculados a estos países en conflicto, los que más producen ellos, como el aceite de girasol, el de soja por efecto traslado, luego trigo y un escalón más abajo maíz y soja”, indica.
Pero advierte que después “hay que ver cómo quedan algunas otras cuentas que se van a deteriorar como las energéticas porque importamos gas de Bolivia y algo en barco. Ese valor también voló por los aires y posiblemente sea uno de los insumos más escasos por la dependencia de Europa del gas ruso. Ese precio no tiene techo. Hasta acá se multiplicó algunas veces y veremos cómo continúa. Frente a eso, las commodities aumentaron pero 30 o 40 por ciento. Por eso hay que ver cómo queda la cuenta entre los dólares adicionales que vamos a generar y los que vamos a tener que pagar por el aumento del gas y derivados del petróleo. Y también hay que incluir fertilizantes por ejemplo. Por eso insisto en hacer números finos”.
Al igual que el año pasado, “las cotizaciones de los granos nos agarran muy bien porque aunque se vendió algo por adelantado, la mayor parte de la cosecha gruesa está en desarrollo y no está comercializada. Si estos precios se sostienen o se empiezan a aprovechar en mercados de futuro puede ser una campaña muy buena. Por supuesto para las zonas que productivamente están mejor; por suerte parece que la seca se cortó hace unas semanas y se volvió a una normalidad climática”, agregó Garzón.
¿Se compensará con precio la pérdida productiva por sequía?
Sí, si. Yo diría que sí. Porque el volumen si uno mira las estimaciones oficiales, del USDA, o de las Bolsas, estamos 10 o 15 por ciento abajo con precios que están 25 o 30 por ciento arriba, o más. Por lo cual va a más que compensar si estos valores se sostienen, cosa muy probable dado el escenario que estamos viendo del conflicto.
Pero aún resuelto el conflicto, habrá consecuencias que seguirán...
Es un buen punto. Hay un efecto de corto plazo por la situación del mercado en estas horas, como el trigo que no puede sacarse de Rusia o Ucrania. Pero también habrá efectos persistentes. Pensemos qué puede pasar con los fertilizantes y la falta de acceso a ellos por parte de países productores muy importantes como Brasil; eso puede ocasionar dificultades en la próxima campaña. Por más que se solucione el conflicto y los precios puedan volver a cierta normalidad, si el fertilizante sigue sin aparecer en las próximas semanas cuando inicien la siembra en el hemisferio norte hay muchos países que verán afectado su rendimiento, la productividad de su suelo.
La contracara de la suba de los granos son las cadenas que los utilizan de materia prima...
Sí. Al interior de las cadenas agroalimentarias del país tenemos otro problema porque la respuesta de precios de los derivados de los granos no es tan rápida como la de los insumos. Ahí aparece el precio del maíz o de harina de soja subiendo a una velocidad muy superior a la que creo van a poder subir los de la carne, por ejemplo.
Carne, leche, etanol, para Córdoba son clave...
En el caso de etanol es particular porque tiene un doble juego ahí debido a que está atado a los combustibles y al subir el petróleo hay que ver qué ocurre, si lo puede aprovechar o no. En términos conceptuales lo veo algo mejor posicionado que las carnes, por ejemplo. Después depende de la regulación de cada gobierno, porque el mercado del etanol es muy regulado. Depende qué hace cada país, si decide mejorar o no el precio, sobre todo en Argentina que está más regulado. Porque también lo puede planchar aunque todo suba. Y vinculado a eso otro gran interrogante es ante esta suba del precio de la energía a nivel mundial qué va a pasar en Argentina con las tarifas, se incrementarán más los subsidios o no, justo cuando está todo el tema del Fondo Monetario y no hay margen fiscal.
Frente a eso el Gobierno intenta desacoplar, ahora con un fideicomiso, ¿cómo ves esa herramienta?
Fideicomiso es un eufemismo de derechos de exportación porque en definitiva es un cargo obligatorio que se aplica y por lo tanto opera igual que un impuesto, con los mismos efectos. Cuando uno ve los precios en el trigo empieza a observarse la mano del Gobierno en el mercado, además de lo que venían haciendo con los derechos de exportación. Y en la medida en que los precios sigan tan picantes, todo este manoseo de mercado va a seguir y tal vez se profundice, por más que los resultados en los precios finales que buscan contener no se vean. Todos sabemos que el pan o cualquier derivado de estos cereales van a seguir subiendo de manera importante porque hay un montón de costos que no tienen que ver con la materia prima, como energía, salarios, transporte, alquileres, entre otros, que siguen al alza. Entonces, si uno busca frenar solo la materia prima, es de esperar que el efecto sea nulo o mínimo.
¿Alguien gana?
Con estas cosas no se sabe bien quién gana. Lo que está claro es que el perdedor es el productor. En la cadena hay que ver quien gana. Si pasa por toda la cadena y llega hasta el final, habrá ganado el consumidor. Pero es difícil de imaginar eso en este contexto de río revuelto en donde seguramente todos quieren recomponer algún margen perdido. Y por otro lado es muy difícil de controlar todo esto. Está Precios Cuidados, ¿pero dónde funciona bien, donde se controla, en Ciudad de Buenos Aires? Pero qué pasa en Santiago del Estero o Misiones.
¿Cómo está Córdoba en este contexto?
A Córdoba la veo bien, la veo mejor frente a este escenario porque tendrá una producción que seguramente estará menos golpeada que Santa Fe o Entre Ríos, por ejemplo. Pero además, en aquel balance de ganancias y pérdidas vamos a pagar más caro el gas, los fertilizantes, la nafta, pero a la provincia le va a entrar un diferencial de ingresos dada la gran participación que tiene en la producción agrícola nacional. Es primera y segunda productora de maíz y soja. Eso es muy positivo.
Con todo esto, ¿cómo imaginas la campaña de trigo?
Si el productor mira el precio de pizarra tal como está, abstrayéndose de Chicago o lo que pueda valer en el Golfo de México, el precio es interesante en perspectiva. Ahora, después está el enojo y la pérdida de confianza cuando ve lo que vale en el mundo y lo que recibe. Hay que ver qué prevalece. A eso hay que sumar el clima y la humedad suficiente para hacer doble cultivo o no. Me inclino a que si los precios internos se mantienen, aún castigados, veo difícil que el área baje, y hasta podría subir un poco.
En 25 días, la cosecha vale US$ 2.600 millones más
La sequía y la fuerte ola de calor que azotaron al país entre fines de 2021 y el primer tramo de 2022 tuvo impactos concretos en los rindes de muchos lotes, especialmente del maíz de primera.
Según la última estimación de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, que dio a conocer esta semana en ExpoAgro, la producción de maíz reportó un recorte de 6 millones de toneladas, y quedaría un 10,5 % por debajo de la estimación inicial de 57 millones.
En tanto, la producción de soja registró caída de 2 millones de toneladas, lo que representa una merma del 4,5 % con respecto al cálculo inicial de 44 millones de toneladas.En tanto que el girasol sufrió reducción de 200 mil toneladas.
“En un contexto complejo como este (local e internacional), serán determinantes políticas que envíen señales claras a productores y socios comerciales. Es necesario continuar trabajando en el desarrollo de una política integral de gestión del riesgo agropecuario”, sugirió Agustín Tejeda, economista de la Bolsa porteña.
Y agregó: “Los niveles récord de precios internacionales que estamos registrando permitirían compensar la disminución de la producción (producto de la sequía) y resultar en una nueva contribución récord del sector a los principales agregados económicos”, destacó Tejeda.
Y finalizó acotando que “en los últimos años el mundo en general, y el sector en particular, viene atravesando diversas fuentes de incertidumbre. Estos factores redundan en precios de las commodities en niveles históricamente altos”.
Frente a ese mayor nivel de ingresos, se espera también un beneficio fiscal importante vía recaudación que según los cálculos de la Bolsa pasarían de 15 millones de dólares el año pasado a 16 mil millones en la actual campaña si los valore se sostienen.

