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Una agenda urgente para frenar la caída y agrandar la torta

Una encuesta reciente de Giacobbe muestra que el 60% de los consultados no tiene expectativas de que la dirigencia actual pueda revertir el escenario de deterioro en el país. Es una alarma en medio de un proceso electoral

Pisando ya los 16 meses de pandemia mezclados con un agravamiento de la crisis económica que derivó en una mayor fragilidad social, la Argentina empieza a intensificar el tiempo electoral rumbo al cierre de las alianzas previsto para esta semana, y el de las listas, una semana antes de que finalice julio.

Y en medio de ese vertiginoso escenario hay una sensación creciente de la distancia entre las necesidades de los votantes y las preocupaciones de la dirigencia. En una última encuesta realizada por Jorge Giacobbe, el 60% de los que respondieron admitieron que no tienen confianza en la dirigencia nacional para mejorar la compleja situación actual. No es la única que reflejó ese estado de ánimo, que debería ser un severo llamado de atención para quienes debaten lugares en las listas, para que intenten alinear o empatizar con lo que demanda el electorado.

Va quedando atrás el mejor trimestre de la liquidación de divisas por parte del agro. No es un dato menor en medio de un clima de dudas en el mercado de cambios

Naturalmente la pandemia y la dificultad social, con sus variantes, son las principales preocupaciones del momento. La inflación, el impacto en la generación de pobreza, las dificultades del mercado laboral, que reacciona tibiamente luego de perder miles de puestos de trabajo, y la consecuente caída del consumo interno, son apenas una muestra de una torta que se achica y que debe repartirse cada vez entre más comensales. La economía argentina es cada vez más pequeña y no hay señales claras que indiquen un cambio en esa tendencia.

A su vez, va quedando atrás el mejor trimestre de la liquidación de divisas por parte del agro. No es un dato menor en medio de un clima de dudas en el mercado de cambios debido a la última resolución del Banco Central que limita las operatorias en el contado con liquidación y podría llevar hoy más demanda a una oferta muy pequeña del dólar blue. Naturalmente, si eso ocurre es posible que haya un alza más pronunciada de ese tipo de cambio. Y eso siempre es un riesgo de aumento de las brechas que mete ruido adicional a la economía y a los intereses del Gobierno.

En las carnicerías, las pizarras no recortaron los valores y en la punta de la cadena se complicó severamente la ecuación de los criadores.

Como se sabe, muchos precios de la economía, especialmente los vinculados a importaciones, por ejemplo, suelen tener una especial sensibilidad al blue, aun cuando los productos pagan el oficial para ingresar al país. Pero no son los únicos, porque después, en efecto cascada, muchos otros empiezan a presionar al alza en medio de un escenario inflacionario que, de continuar a este ritmo, se acercará al 50% anual en diciembre. Esta semana -el jueves- el Indec dará a conocer el índice de precios de junio y se espera que esté en torno al 3%. Aunque menor a los antecedentes recientes, sigue siendo un valor alto para un mes, al tiempo que sigue acercando el acumulado interanual a ese 50% pronosticado.

Por detrás, muchas paritarias empiezan a movilizarse y a intentar rediscutirse porque observan que el avance de los precios dejan muy atrás los acuerdos firmados a comienzos de año. Los que están discutiendo aún permanecen estancados ante la incertidumbre de cómo seguirá la situación de los precios. El Gobierno, mientras tanto, insiste en que este año los salarios le deben ganar a la inflación, como un condicionante para esas mismas paritarias. Pero del otro lado del mostrador, muchas empresas aseguran que están lejos de poder validar cifras de ese volumen ante un escenario de estancamiento de ingresos, en el mejor de los casos.

Ese mismo objetivo, reiterado por el jefe de Gabinete la semana pasada, fue señalado por la cartera laboral. Los ingresos de los trabajadores llevan 3 años y medio de pérdida de poder adquisitivo y llegar con ese deterioro a las elecciones no será una buena carga para la gestión de Alberto Fernández.

Por el otro lado, a la hora de contener los precios, el protagonismo lo cobró el Ministerio de la Producción, que no sólo se ocupó de reeditar Precios Cuidados y reunirse con los empresarios, especialmente de la rama alimenticia para lograr acuerdos que desaceleren el ritmo en las góndolas, sino que hasta avanzó en políticas agropecuarias y de comecio exterior, como ocurrió con el cepo a la carne vacuna. El cierre de exportaciones buscó volcar más oferta al mercado interno y así bajar los precios. A dos meses exactos de esa disposición, los resultados no fueron buenos.En las carnicerías las pizarras no recortaron los valores y en la punta de la cadena se complicó severamente la ecuación de los criadores. Eso genera el fantasma de menor producción y por lo tanto menos carne al final del ciclo en la cadena. Menos oferta es lo contrario a lo que perseguía el Gobierno al cerrar las exportaciones, porque eso recalienta los precios. Hubo algunos rumores de que se podrían flexibilizar más las ventas al exterior para intentar recomponer algo ese deterioro causado por la medida, pero finalmente eso fue desmentido. La negativa llegó después de la movilización a San Nicolás, que reunió a varios miles de productores de distintas partes del país en contra de las políticas agropecuarias del Gobierno.

Frente a eso, sigue pendiente una agenda que intente revertir el escenario y se atreva a pensar acciones y políticas para agrandar la torta y evitar continuar en la pendiente de dividir las porciones cada vez en trozos más pequeños. Hasta acá, ni al Gobierno ni a la oposición -que terminó su gobierno hace 2 años- se les escuchan ideas en ese sentido. Y el electorado lo percibe.

Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal