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De "La Coquita" a "Barrilin": más de 80 años de trayectoria "con la receta del abuelo"

Aquella fábrica de alfajores forjada en Santa Rosa de Calamuchita hoy es sinónimo de dulces y productos regionales. Tras inversiones y reformas, la tercera generación de la empresa familiar proyecta llevar la propuesta a kioscos y supermercados de todo Córdoba

Francisco Rivero y su madre, Sonia Barrilin, miembros de la seguna y tercera generación de la empresa Barrilin.

 

“Los inicios se remontan a 1941, en tiempos en que la familia Álvarez tenía en una tradicional esquina de Santa Rosa de Calamuchita un negocio llamado ‘La Coquita’. Mi abuelo, Luis Francisco Barrilin, adquirió el negocio y empezó a comercializar alfajores en el pueblo, la zona y principalmente en los hoteles de Embalse, distribuyendo el producto en chata”.

Así describe Francisco Rivero los inicios de una tradicional marca de productos regionales de las sierras de Calamuchita. “Fran”, como lo conocen sus afectos, es hijo de Sonia Barrilin y miembro de la tercera generación de la firma que fundó su abuelo, a quien no pudo conocer en persona pero al que siempre tiene presente a raíz de las historias que le cuentan quienes sí lo conocieron en el pueblo.

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El licenciado en marketing es uno de los cinco hijos de Sonia y el actual encargado del área de Fabricación de Alfajores de la empresa. Además, es quien empieza a perfilarse para tomar la posta del emprendimiento en compañía de dos de sus hermanas, quienes a la vez se desempeñan en las áreas de Administración y Ventas.

Pero es siempre bajo la supervisión empresarial de su madre que se asumen actualmente todas las decisiones que encaminan el futuro de esta industria y sobre la cual ya planean una expansión productiva con el objetivo de insertarse en supermercados, kioscos y almacenes de la provincia de Córdoba.

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Los inicios

Pero volviendo a los orígenes de la firma, el joven cuenta que fue alrededor del año 1973 que por cuestiones legales exigidas desde la firma Bagley, que por su similitud con el producto “Coquitas” (galletitas sabor coco) que esta última tenía patentada, debieron reasignar otro nombre a sus alfajores, atribuyéndoles así el apellido del abuelo materno “Barrilin”.

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“Actualmente la marca ya no se identifica directamente a los alfajores sino que Barrilin es un sinónimo de dulces que alcanza también a todo lo que ofrecemos en chocolates y productos típicos de esta región”, explica Francisco.

“Hemos invertido mucho en época de pandemia en unas 6 a 7 maquinarias para seguir creciendo en el negocio actual e incursionar en el mercado masivo incorporando el producto en kioscos, supermercados y despensas”. Francisco Rivero, miembro de la tercera generación de la empresa familiar Barrilin.

Con un local propio que permanece en la tradicional esquina de Santa Rosa de Calamuchita y otro en Villa General Belgrano, promueven desde allí sus productos regionales teniendo como principal cliente al turista que recorre el colorido Valle.

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En la actualidad, la firma elabora alfajores de chocolate, coco nevado, fruta y dulce de leche, y desde los tiempos en que Sonia tomó las riendas de la empresa se incorporó la línea de chocolates “que hoy en día es tan importante como la de alfajores”, según explica.

Así, Barrilin ofrece además chocolate en rama, en barra, sólido, rellenos y bombonería fina, entre otras presentaciones, teniendo una gran respuesta en destinos cercanos tales como Villa General Belgrano.

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“La receta del abuelo”

Para el joven empresario, el secreto de los sabores que caracterizan a los productos que ofrecen está en la calidad de la materia prima que los conforman.

“Usamos materia prima de primera calidad, algo que viene heredado de la época de mi abuelo. Usamos la misma marca de margarina que en aquel entonces y si bien no fabricamos el dulce, sí compramos lo mejor que hay en el mercado”, resalta Francisco, para añadir: “’La receta del abuelo’ es la frase que utilizamos siempre, y si bien hemos alterado un poco el procedimiento, porque en aquella época no había maquinarias disponibles y en la actualidad gozamos de las nuevas tecnologías, siempre mantuvimos las mismas recetas“.

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Proyección

Francisco Rivero cuenta que la irrupción de la pandemia les dejó como saldo positivo la posibilidad de hacer una pausa y repensar cómo se podía amortizar la estacionalidad propia de los pueblos turísticos.

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“Hemos invertido mucho en época de pandemia en unas 6 a 7 maquinarias para seguir creciendo en el negocio actual e incursionar en el mercado masivo incorporando el producto en kioscos, supermercados y despensas. Nació este proyecto al tener la capacidad instalada ociosa en determinados días y meses del año, por lo que planteamos invertir en maquinaria de producción lineal para poder abastecer al mercado masivo, primero en Calamuchita y luego llegar al máximo posible de la provincia de Córdoba”, resalta.

Tal decisión llevó a tener que efectuar reformas edilicias en el área de elaboración y ahora se encuentran en la espera que durante agosto arribe la nueva maquinaria adquirida. “Tenemos un distribuidor ya asignado para lo que es Calamuchita y la idea es luego extendernos a ciudades como Río Cuarto, Córdoba, Alta Gracia y Carlos Paz, entre otras”, comenta el joven empresario.

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Justamente, tiempo atrás, Francisco desarrolló un estudio comparativo que arrojó como resultado que la venta de enero cae hasta en un 80 por ciento durante el mes de mayo, justamente por las fluctuaciones turísticas. “Estimamos que durante enero se venden unos 300 mil productos entre alfajores, colaciones y conitos, y calculamos que con estas nuevas maquinarias podemos duplicar esa producción. Asimismo, la idea es que ese crecimiento sea paulatino y va a depender del feedback de estos nuevos productos”, manifiesta Rivero.

Pero la apuesta del joven no terminaría allí y comparte que a futuro sueña con convertir la marca Barrilin en una franquicia que ofrezca desde servicio de cafetería hasta sus líneas de productos regionales, que ya son una marca registrada en el Valle de Calamuchita.

Por JAVIER BORGHI – Redacción I + I CBA