Salud | Psicoanálisis | pacientes | Psicopedagogía

"Si no encuentro algo de la historia del paciente en mi propia historia, no lo puedo entender"

Mariela Cerioni cuenta cómo tuvo que empezar a trabajar con adultos para lograr una comprensión total del niño y viceversa. Dejar los juguetes temprano, pubertad precoz y autolesiones son algunas de las cosas que hoy percibe

Viene de una familia oriunda de Coronel Moldes, en su adolescencia se vino a vivir a Río Cuarto; cuando comienza a hablar de su formación destaca su paso por todas instituciones públicas, desde el nivel primario hasta el universitario. Mariela Cerioni (M.P.P. 250932) es psicopedagoga, profesora y licenciada. Se formó en psicoanálisis y desde 1991 también lleva adelante su propio proceso psicoanalítico.

Se describe con un perfil solidario, de ayuda hacia el otro y es algo que trae desde siempre, “los profesionales de la salud tenemos siempre una cuestión interna que nos nace y es la de la reparación”, dice y asegura que desde chica se paraba frente a su clase y era la conciliadora, “siempre traté de llevar la palabra donde hubiera conflictos, mediar con la palabra”.

¿Los niños siempre fueron otro foco de interés?

- Siempre me gustaron los niños, aunque no me proyectaba tanto trabajando con adultos, pero cuando comencé mi formación me di cuenta que tenían que complementarse. Es una necesidad para poder entender en el adulto al niño, y en el niño a ese adulto en el que se iba a convertir. Toda mi formación se relaciona con mi historia personal, entonces empecé a complementar con otras cosas que yo no había planeado en mi vida, no las había pensado como vocación.

¿Te referís al psicoanálisis?

- Me refiero al psicoanálisis. Desde mis estudios me incliné siempre hacia lo clínico, aunque hice algunos trabajos institucionales, siempre me pensé en consultorio. Cuando me faltaba un año, una compañera mía estaba haciendo su proceso psicoanalítico y a mí me interesaba mucho lo que ella me contaba sobre su tratamiento. En ese tiempo yo necesitaba un proceso terapéutico y desde el año 1991, en el último año de mi carrera, empecé mi proceso psicoanalítico.

¿Qué recordás de los primeros pacientes?

- En ese tiempo durante la carrera teníamos prácticas con casos reales, algo que ya no se hace. Hacíamos un diagnostico en cuarto año y el tratamiento en quinto, durante esos dos años yo elegí el caso de una niña de 6 años, cursaba primer grado, lo recuerdo hasta el día de hoy con mucho cariño. Esa niña me enseñó muchísimo y nunca pude pensar su problema de aprendizaje separado de una cuestión afectiva o emocional, era sumamente capaz y tuve que hacer un gran esfuerzo para salirme de pensar que tenía alguna dificultad cognitiva, si no que su dificultad venia del lado afectivo, nunca pude pensarlo de otra forma.

¿Ahí comienza tu formación psicoanalítica?

- Así es, esta formación tiene tres bases, la primera es psicoanalizarse uno mismo, no hay forma de ser psicoanalista, si uno no se psicoanaliza. No hay forma de aprender psicoanálisis, si uno no puede entender en uno mismo los propios conflictos, y elaborarlos y re-significarlos, comprenderlos, eso es fundamental.

- La otra base es la supervisión, es elegir un profesional con más experiencia que uno, con el cual llevar los casos como si fuese una junta médica y lo revisas con otro profesional, a veces son grupales y son instancias muy ricas. El paciente se ve muy favorecido. No solo se analiza lo que le pasa al paciente sino lo que le pasa al psicoanalista con ese paciente, porque no hay forma de que uno pueda trabajar con un paciente, si uno no encuentra los puntos de urgencia compartidos. Si yo no encuentro algo de la historia de ese paciente en la historia mía, no lo puedo entender, la única forma de trabajar bien con ese paciente es si logró mover algo que yo pueda comprender, y como se supone que el analista tiene todo más trabajado que el paciente, el psicoanalista trata ese síntoma de una manera particular.

- Y la tercera base que no tiene que faltar es la formación teórica constante, que se divide en teoría y en técnica.

¿La técnica cambió con la pandemia?

- Absolutamente, los profesionales estamos tratando de encontrarnos para contarnos nuestras propias técnicas y a la vez escribiendo sobre eso, para prestarnos ese conocimiento y fundamentarlo. Con los niños no se utilizaban estas plataformas virtuales. Yo he tratado de teorizar por qué uso el celular y no la computadora para trabajar con niños.

Mariela Cerioni M.P.P. 250932 | Psicopedagogía | Psicoanalista

¿Por qué usas el celular?

- Porque es un dispositivo pequeño que lo puedo trasladar como si fuese una cámara, puedo girarlo. Porque con el niño en el consultorio no estas todo el tiempo viéndote la cara, jugas, miras los juguetes, dibujas, no estas todo el tiempo frente a frente y eso lo podes hacer con el celular. Yo giro la cámara y le muestro los juguetes como si él estuviese viendo dentro de la caja de juegos. Además en la plataforma de Whatsapp pueden escribirme mensajes, algunos sin saber escribir me mandan emojis que puedo interpretar. No descarto las demás plataformas pero prefiero esta que me ha dado mucho resultado.

¿Abordas a todos tus pacientes desde el psicoanálisis?

- Si, hasta el año 1998 veía solo niños, desde entonces comencé a ver pacientes adultos, porque mi supervisor me dijo que necesitaba complementar la atención con adultos porque iba a entender mucho más a los niños y así fue. Otra cosa que estoy trabajando mucho últimamente es orientación con padres, es muy útil trabajar con ellos, sobre todo cuando son niños muy pequeños, de uno o dos años.

¿Qué rol tiene el diván y esa postura de no vernos la cara durante el psicoanálisis?

- Ese es uno de los encuadres que tiene su fundamentación, no es una cuestión de gusto o no gusto. Te lo explico como a mí me lo explicaron. No es lo mismo para un doctor revisar a un paciente parado o sentado, cuando lo tiene que revisar acostado para palparle los órganos. Si el médico te pide que te acuestes en la camilla no es una cuestión de gusto o no gusto, el médico necesita la posición acostado para revisarte el abdomen por ejemplo. Entonces esto es más o menos así, tiene su fundamento, no es lo mismo alguien que te está mirando a la cara todo el tiempo, viendo tus expresiones, a no estar atento a eso y concentrarnos a un estado más parecido al del sueño, más en contacto con el inconsciente, donde también el terapeuta puede relajarse y estar en ese estado en donde lo inconsciente tiene más posibilidades de salir. Fue una técnica pensada en eso.

¿Hay mucha resistencia al psicoanálisis?

- Hay muchos colegas que no usan el diván, no quiere decir que trabajen mal. Algo paso con el tiempo que es muy difícil de sostener, es la frecuencia con la que ves a un paciente. En su tiempo Freud los veía todos los días a los pacientes, yo cuando empecé los veía tres o cuatro veces a la semana, hoy es muy difícil. Uno ve con más frecuencia los pacientes cando están realmente graves y es necesario verlos. Pero cuando uno propone tratamientos de tanta profundidad, que yo considero es lo óptimo, muchos no aceptan ese tipo de tratamientos, y como analista te ves obligado a ver cuáles son las posibilidades reales de que los pacientes se puedan tratar. En general psicoanalizar lleva mucho tiempo y eso no depende solo del analista si no del vínculo que se arme entre ambos.

Hay advertencias de pubertad precoz, con cambios en el cuerpo, ¿es algo que vos estés notando?

- Hay un salto a la pubertad cada vez más precoz, lo veo en pacientes niñas que con 10 años que ya están menstruando. Los chicos y chicas cada vez más rápido dejan los juguetes. Yo utilizo mucho las cajas de juguetes con las que ellos trabajaban y hoy a los 9 o 10 años ya no tocan más la caja, jugamos cada vez menos, traen sus propios dispositivos, dibujan, usamos juegos de mesa, hay mucho cambio. Cada vez a menor edad dejan de jugar con juguetes.

La Sociedad Argentina de Pediatría también advirtió sobre suicidios, ¿cuál es tu opinión?

- Más que mi opinión es lo que veo, es algo que estoy estudiando también y analizando con mi supervisora. En adolescentes veo autolesiones muy significativas, aclaro que son los casos que yo veo, no son lesiones que pongan en riesgo la vida, sino que son lesiones que los chicos se hacen para inscribirse la piel. Son cicatrices que tienen significado, tienen una similitud con los tatuajes, esas lesiones son líneas horizontales o transversales en los brazos, yo misma las he visto en pacientes, son como un rasguño se las hacen con objetos que lesionan pero que no abren la piel a profundidad. Sangran y quedan como cicatrices, son marcas blancas. Ellos saben por qué es cada marca, tienen historia, forman parte de la escritura que se hace en el cuerpo. Son casos que yo he tratado en estos últimos dos años de pandemia. Los padres recurren a la consulta porque se asustan muchísimo, pero no son para quitarse la vida, tampoco son en las muñecas, sino en los brazos.

Por Fernanda Bireni