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¡Que Lionel Messi juegue en otro lado!

Los enojos de Lionel con la cúpula deportiva y administrativa de "su" casa azulgrana de Cataluña parecen una ventana para irse. No creo que Messi salga por ella, ni siquiera por la puerta principal, porque “Lio” es Barcelona.

Messi anda con rabietas. Su enojo es con el director deportivo del Barcelona, su excompañero, el francés Éric Abidal, a partir de declaraciones de este respecto a la salida del anterior técnico Ernesto Valverde, de la posible contratación de Xavi para suplantarlo y de la actualidad, en la que el coach es Quique Setién, quien fue jugador de Racing de Santander, Atlético Madrid y Logroñés y entrenador del Betis hasta el año pasado. 

En pocos días y a través de las redes, Messi ha marcado sus diferencias que parecen venir de un tiempo atrás con Abidal y por lo tanto con la directiva del Barza, que preside Josep Bartomeu.

En medio de esos pataleos, Lionel, del cual se supo en estas horas, es el jugador mejor pago del mundo, con casi el doble por encima del segundo, Cristiano Ronaldo, y amaga con querer dejar el club catalán.

Eso. Amaga. Messi gana casi 8 millones de euros por mes, tiene 32 años y su objetivo pendiente, pasará (uno supone), por ganar algo importante con la selección argentina.

En el equipo azulgrana hizo y ganó todo. Rompió todos los récords y será muy difícil arrimarle siquiera en lo que resta de la vida del mundo.

Su familia, constituida en tierra culé, uno supone afianzada a la vida de esa hermosa ciudad, podría desear un cambio que a partir de sus afectos estaría más en Rosario que en otro lado. 

Y, de última, el círculo familiar "messiano" esperará poder gozar un poco más del papá de lo que lo ha hecho, teniendo en cuenta que tanta fama y tanto dinero vienen lógicamente adheridos a concentraciones, viajes y entrenamientos permanentes.

Eso, con la mirada de "viejo chusma" y a la distancia.

Messi, desde la comodidad personal y deportiva, no va a dejar el Barcelona. Salvo que, y aquí estaría lo lindo, algún bichito de desafío con la redonda le pique y lo haga retarse a duelo a sí mismo, saliendo del confort que él, por mérito propio, se creó en Cataluña.

Alguna vez, sostuve que Gabriel Batistuta no dejó la Fiorentina, en donde es ídolo y dueño de las almas de la tierra de los Médici, por esa realidad maravillosa que vivía allí y dejó de lado ofertas muy importantes de grandes equipos de Europa. 

Se quedó una década allí y construyó la imagen del soberbio goleador que disfrutamos los argentinos en la aelección. 

Un paso por la Roma y el Inter en el final de su estadía en Italia no me quitó la idea de que Batistuta hubiese sido un extraordinario goleador en equipos como el Real Madrid, Barcelona, Bayern Munich, los Manchester y algún otro enorme del Viejo Continente. Estaba cómodo en Florencia. Y no lo picó el bicho del desafío mayor.

Con Messi, la cuestión es distinta. Lionel es lo máximo en la historia de uno de los más grandes clubes del mundo. 

Es decir, la apetencia de triunfar en un club poderoso estaría colmada. Pero (¿y quién soy para opinar así?), a mí me gustaría verlo en la Premier, la Bundesliga o el Calcio. Con una camiseta fuerte y mucho más, con una en la cual haya corriente en contra. Algo así como ocurrió con Maradona y Nápoli. A lo mejor, sus 32 años ya lo sitúan en una meseta lógica de bienestar. Y no hay que reprochárselo.

Cristiano Ronaldo, por ofertas tentadoras, pero también por desafíos personales, arrancó en el Sporting portugués y desde allí, fue símbolo en tres escuadras glamorosas: Manchester United con 118 goles, Real Madrid, donde marcó 450, y los 51 que lleva en la Juventus. Sumada la selección de Portugal. Ronaldo ganó entre clubes y el equipo nacional lusitano, 31 títulos. Él ha deambulado por otros sitios. Messi no lo hizo.

Por eso, entre estos enojos de Lionel con la cúpula deportiva y administrativa de "su" casa azulgrana de Cataluña, aparece una ventana para salirse.

No creo que Messi salga por ella, ni siquiera por la puerta principal, Messi es Barcelona.

Pero me gustaría que lo hiciera. Es lindo ver al mejor de todos remar en otras aguas. 

Creo que a su carrera le falta ese bicho que pica en el orgullo. ¡Lo creo, de pura gana de verlo a Messi en otro sitio!

Sólo por eso.



Osvaldo Alfredo Wehbe

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