La Pascua, el perdón que nos hace libres y nos da vida
Cuando llega esta época, judíos y cristianos recordamos la Pascua. También la disfrutan todos culturalmente por el feriado largo. Pero ¿por qué es tan importante esta fecha que traspasa las culturas mundiales? ¿Qué sucedió en Pascua que afectó hasta hoy la historia, la actualidad? ¿Por qué vivimos hoy en 2018?... 2018 años después de Cristo.
Cristo partió la historia en dos.
Pero ¿qué significa su muerte? El nombre Pascua viene del hebreo y significa “dejar pasar”, “pasar por alto”, simplemente perdón. Esa cruz que derramó la sangre de Jesucristo significa perdón, pasar por alto, significa liberación. Como cuando Dios permitió que pasaran los judíos por el “mar Rojo”, símbolo de la sangre “roja” de Jesús, y al pasar por el mar (como cuando pintaron el dintel con la sangre del cordero), Dios les estaba librando de la muerte y de la esclavitud de Egipto. De esa manera Cristo nos libera por su sangre de la esclavitud y muerte el pecado.
Pero ¿para qué nos perdona Jesucristo? Para sanarnos. Cuando aceptamos el perdón de Dios somos sanados de nuestras heridas y podemos perdonar.
Déjeme contarle una hermosa historia de perdón.
Corría el año 1956, y un valiente misionero norteamericano llamado Nate Saint volaba con su avioneta para llevarles comida y medicamentos a las tribus del Amazonas ecuatoriano. Con otros cuatro misioneros decidieron llevarle el evangelio a una tribu que mataba a los extranjeros, a los de otras tribus y aun entre ellos tenían permanentes luchas. Eran violentos y caníbales. Se llamaban aucas o waoramis.
Estos cinco misioneros descendieron en su avioneta en una playa, y fueron asesinados por 10 hombres waorami. Nate tenía un hijo de 5 años (Steve), que hoy nos relata esta historia.
Una tía de Steve justamente había acogido a Dayuma, una mujer waorami que huyó de la tribu por violencia, y con ella y la viuda de Nate Saint volvieron a la tribu y vivieron entre ellos, logrando su pacificación. Hoy en día Steve es misionero entre los waorami, y él conoce a los asesinos de su padre, con quienes comparte la vida y la misión porque toda la parcialidad indígena, al ver el amor y perdón de esta familia, se entregaron al evangelio. Hoy los waorami o aucas de Ecuador viven en paz. El perdón de Dios los alcanzó, pero también el perdón de Steve y su madre. Finalmente, por el perdón alcanzaron el deseo de su padre muerto (Nate), que era pacificar y bendecir a esta tribu caníbal.
El perdón sana las heridas, y nos pone en marcha para alcanzar los objetivos de la vida. Parecería ser que una vida, una familia, una nación (y pensemos en la nuestra, con etapas revolucionarias con las luchas entre provincias, o en los 70 o en la actualidad con la grieta), no podemos salir de su esclavitud, de sus crisis recurrentes, de su pasado, sin perdón.
Los heridos son personas que requieren atención; a veces pretenden ser el centro de atención. A veces hasta muestran sus heridas para lograrlo. Están siempre haciendo alusión a sus heridas. El herido está parado en la vida y aun justifica su inacción y falta de avance.
Los heridos del alma no pueden avanzar si no dejan de pensar como un herido. Muchos no progresan en su vida porque piensan como un herido, porque en realidad lo están. Y la causa es la falta de perdón. De perdón recibido o de perdón otorgado. Alguien que no perdona es un herido... y la medicina es perdonar.
Pascua es perdonar, pasar por alto. A veces tenemos razones para ofendernos? Sí. Pero si no perdono mi ofensor logra su meta, me dejó esclavo y herido. Logró que me vaya a dormir y su cara sea mi compañía en el sueño. Donde yo vaya va él. Mi ofensor me persigue hasta que lo perdono.
El perdón nos hace libres y nos da vida. Podemos avanzar a una nueva etapa en la vida y si mi ofensor es alguien que mucho amo, con más razón puedo reconstruirle como persona en mí y reconstruir muchas veces la relación perdida. Por supuesto, para ello, necesito del amor de Dios. Necesito experimentar la Pascua que es Jesús y su forma de amar.
Por Raúl Sassaroli
Cristo partió la historia en dos.
Pero ¿qué significa su muerte? El nombre Pascua viene del hebreo y significa “dejar pasar”, “pasar por alto”, simplemente perdón. Esa cruz que derramó la sangre de Jesucristo significa perdón, pasar por alto, significa liberación. Como cuando Dios permitió que pasaran los judíos por el “mar Rojo”, símbolo de la sangre “roja” de Jesús, y al pasar por el mar (como cuando pintaron el dintel con la sangre del cordero), Dios les estaba librando de la muerte y de la esclavitud de Egipto. De esa manera Cristo nos libera por su sangre de la esclavitud y muerte el pecado.
Pero ¿para qué nos perdona Jesucristo? Para sanarnos. Cuando aceptamos el perdón de Dios somos sanados de nuestras heridas y podemos perdonar.
Déjeme contarle una hermosa historia de perdón.
Corría el año 1956, y un valiente misionero norteamericano llamado Nate Saint volaba con su avioneta para llevarles comida y medicamentos a las tribus del Amazonas ecuatoriano. Con otros cuatro misioneros decidieron llevarle el evangelio a una tribu que mataba a los extranjeros, a los de otras tribus y aun entre ellos tenían permanentes luchas. Eran violentos y caníbales. Se llamaban aucas o waoramis.
Estos cinco misioneros descendieron en su avioneta en una playa, y fueron asesinados por 10 hombres waorami. Nate tenía un hijo de 5 años (Steve), que hoy nos relata esta historia.
Una tía de Steve justamente había acogido a Dayuma, una mujer waorami que huyó de la tribu por violencia, y con ella y la viuda de Nate Saint volvieron a la tribu y vivieron entre ellos, logrando su pacificación. Hoy en día Steve es misionero entre los waorami, y él conoce a los asesinos de su padre, con quienes comparte la vida y la misión porque toda la parcialidad indígena, al ver el amor y perdón de esta familia, se entregaron al evangelio. Hoy los waorami o aucas de Ecuador viven en paz. El perdón de Dios los alcanzó, pero también el perdón de Steve y su madre. Finalmente, por el perdón alcanzaron el deseo de su padre muerto (Nate), que era pacificar y bendecir a esta tribu caníbal.
El perdón sana las heridas, y nos pone en marcha para alcanzar los objetivos de la vida. Parecería ser que una vida, una familia, una nación (y pensemos en la nuestra, con etapas revolucionarias con las luchas entre provincias, o en los 70 o en la actualidad con la grieta), no podemos salir de su esclavitud, de sus crisis recurrentes, de su pasado, sin perdón.
Los heridos son personas que requieren atención; a veces pretenden ser el centro de atención. A veces hasta muestran sus heridas para lograrlo. Están siempre haciendo alusión a sus heridas. El herido está parado en la vida y aun justifica su inacción y falta de avance.
Los heridos del alma no pueden avanzar si no dejan de pensar como un herido. Muchos no progresan en su vida porque piensan como un herido, porque en realidad lo están. Y la causa es la falta de perdón. De perdón recibido o de perdón otorgado. Alguien que no perdona es un herido... y la medicina es perdonar.
Pascua es perdonar, pasar por alto. A veces tenemos razones para ofendernos? Sí. Pero si no perdono mi ofensor logra su meta, me dejó esclavo y herido. Logró que me vaya a dormir y su cara sea mi compañía en el sueño. Donde yo vaya va él. Mi ofensor me persigue hasta que lo perdono.
El perdón nos hace libres y nos da vida. Podemos avanzar a una nueva etapa en la vida y si mi ofensor es alguien que mucho amo, con más razón puedo reconstruirle como persona en mí y reconstruir muchas veces la relación perdida. Por supuesto, para ello, necesito del amor de Dios. Necesito experimentar la Pascua que es Jesús y su forma de amar.
Por Raúl Sassaroli