Un ejemplo de ello es el caso reciente liderado por el doctor Julián Olmedo, cardiólogo y electrofisiólogo, jefe de la Unidad de Arritmias del Instituto Médico Río Cuarto (MP: 30517 ME: 16874), quien encabezó junto a su equipo el primer implante de un marcapasos inalámbrico en la ciudad e interior de la provincia de Córdoba.
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“Un marcapasos es un dispositivo pequeño que se usa para suplantar la actividad eléctrica del corazón. Hay dos motivos por lo cual un paciente puede necesitar un marcapasos: por un lado, que nuestro marcapasos natural se ponga algo perezoso, lento y eso genere pausas. Y por otro, que los cables específicos de conducción, se bloqueen. A partir de alguno de esos dos diagnósticos es que una persona podría necesitar un marcapasos”, explica Olmedo.
En esta oportunidad, el paciente enfrentaba una situación doblemente compleja.
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El dispositivo inalámbrico, comparado con el tamaño de un reloj pulsera.
“El paciente tiene 76 años y ya cuenta con un marcapasos del lado izquierdo que se le infectó. Entonces se tuvo que sacar todo y poner un nuevo marcapasos del lado derecho. Y ese marcapasos nuevo, falló. Es ante este tipo de casos donde se prescribe un marcapaso del tipo inalámbrico. No se trata de una elección del paciente”, detalla el especialista.
Si bien la mayoría de los implantes se hacen en personas mayores, Olmedo aclara que no es un tratamiento exclusivo para una determinada franja etaria.
“La mayoría de los implantes de marcapasos los hacemos en personas de 60 años en adelante, pero no es excepcional, también pueden ser necesarios en pacientes pediátricos o de edades entre los 20 a los 50 años, y demás”, precisó Olmedo.
Síntomas
Los síntomas que alertan sobre una posible indicación son claros. “En cualquiera de las dos causas se pueden dar distintos síntomas, como por ejemplo mareo, pérdida de conocimiento, fatiga, cansancio. Entonces, ante una bradicardia, que son estas frecuencias lentas sintomáticas, está la indicación de un marcapasos”, señala el profesional.
Sobre cómo se diferencia esta intervención de la práctica convencional, Olmedo aclara primero que la intervención tradicional está más que vigente. “No va a quedar obsoleta ni va a ser reemplazada”, afirma al respecto.
Para añadir: “Se hace a través de un aparatito que va por debajo de la clavícula y por debajo de la clavícula pasa una gran vena, que es la vena subclavia que termina en el corazón. Entonces, en el corazón lo ponemos en las cavidades derechas, que son las que reciben sangre de todo el cuerpo, en la aurícula derecha y en el ventrículo derecho. Esos cablecitos que son como el ‘cañito’ interno de una lapicera se incrustan dentro de la pared del corazón a través de lo que se denomina ‘una fijación activa’, porque el corazón está en permanente movimiento. Por ese motivo debemos fijarlo”. Ese dispositivo queda conectado internamente, pero implica necesariamente la colocación de cables. “Eso va conectado a ese aparatito, que va todo por dentro, pero implicaba poner cables desde la clavícula hasta dentro del corazón”.
En tanto, sobre la reciente intervención, vuelve a aclarar que “no es el marcapaso sin cable lo que va a reemplazar al marcapaso tradicional que, insisto, es vigente, sino que el marcapasos sin cables tiene algunas indicaciones precisas”.
“¿Y cuáles son esas indicaciones? Por ejemplo, que estén ocupados los sitios de acceso vasculares: la subclavia derecha o la subclavia izquierda. Que haya una infección previa de un marcapasos y no tengamos posibilidad de acceso, o bien, que tengan que usar esos accesos vasculares como, por ejemplo, los pacientes en diálisis, que usan mucho los accesos venosos. Entonces, el hecho de ocuparlo con un marcapasos, era un condicionante que teníamos”, indica.
¿Cómo se implanta el nuevo dispositivo?
El especialista lo explica con detalle, al manifestar que “este marcapasos sin cable es un chip, chiquitito, del tamaño de una moneda, que va puesto por dentro del corazón y se introduce desde la vena femoral, que es la de la vena de la pierna. Esa vena femoral termina en el ventrículo derecho, se ancla en unas trabéculas, que son unos músculos chicos que tiene el corazón en el ventrículo derecho, y se libera. Y ahí funciona ese marcapasos”.
Entre las ventajas, destaca su cualidad fisiológica en el sentido de la estimulación. “Nosotros lo ponemos en el ventrículo derecho, pero también tenemos una aurícula derecha. Entonces, la señal eléctrica de la aurícula o la señal de la contracción de la aurícula, la detecta este marcapasos y sincroniza con la aurícula la posterior estimulación del ventrículo. No va a haber diferencias respecto a los marcapasos convencionales. Sí, lo que tenemos, es una nueva herramienta para este tipo de pacientes que habíamos comentado que podrían necesitar”, aclara.
Sobre otras opciones quirúrgicas, sostiene que “otra alternativa es la cirugía a cielo abierto, que es la que hacen los cirujanos cardiovasculares, que implica abrir el tórax en una cirugía de alto riesgo, y suturar esos cables en el epicardio, que es la membrana que cubre el corazón. Esos marcapasos sabemos que no funcionan bien, porque no son tan fisiológicos. En cambio, esta tecnología nueva es una muy buena alternativa para dar respuestas a pacientes con estas características”.
En cuanto a los controles posteriores, señala que en primera instancia se efectúa una revisión pasados unos 45 días de la intervención, y posteriormente, dos veces al año. “A ese control lo hacemos en consultorio, en una práctica de rutina de 5 minutos, donde conectamos un aparatito a una computadora, que se llaman programadores, y que se apoya por encima del marcapasos. Esto detecta las características de la batería, cuánta carga restante tiene, cómo son las impedancias de ese marcapasos, brinda el sensado del ritmo normal, que contempla cuánto tiempo lo usa y a su vez el umbral de estimulación, que es la energía que necesita para hacer contraer el corazón”, describe Olmedo.
Y agrega: “La durabilidad de estos dispositivos suelen ser de 8 a 13 años, lo que representa un poco menos que los marcapasos convencionales”.
Finalmente, comparte lo que significó para él y su equipo esta intervención pionera, al manifestar que “fue muy satisfactorio, no solamente porque uno ya venía estudiando esto, leyendo, yendo a congresos. También, como una condición previa a la implantación de un marcapasos, tuve prácticas con un simulador”.
“La mayor satisfacción fue que lo hicimos muy rápido, porque fueron solo 22 minutos. Y a pesar de haber sido el primer implante, cuando fui a ver al paciente en la Unidad Coronaria apenas terminamos, estaba impecable y estaba en condiciones de irse a la casa ese mismo día, aunque lo dejamos por precaución hasta el día siguiente. Hoy está haciendo su vida normal, absolutamente, y muy agradecido. Y esa es la satisfacción principal, el bienestar del paciente”.
Con esta técnica, Río Cuarto suma un avance médico de alto nivel, reforzando su compromiso con la innovación y la atención integral de la salud cardiovascular.