En la práctica, la decisión del Gobierno implicó una mejora importante para las etanoleras que producen a partir de maíz ya que en noviembre recibieron $ 26,606. Es decir que en un mes tuvieron una recomposición del 12,03%. Con eso se cerró la brecha existente, que respondía exclusivamente a una decisión política que buscó beneficiar a la producción norteña debido al contexto social que rodeaba a los ingenios.
En aquel momento, la gestión de Cristina Fernández de Kirchner dividió las aguas y resolvió que el de caña iba a tener un valor más alto, que era el que tenían que pagarles las petroleras a los ingenios azucareros de Jujuy, Salta y Tucumán por cada litro entregado.
Hasta noviembre de 2014 el litro de etanol tenía un valor fijado por Energía de $ 8,614 después de haber tocado los $ 9,544. En ese momento, el recorte en los precios generó una tensión importante con la industria. Ya en diciembre de ese año los caminos se bifurcaron hasta ahora.
Ya en los últimos meses hubo cambios importantes en cuanto a los precios del etanol. En septiembre apareció un asterisco junto al valor que publicó Energía que indicaba que se trataba de un “valor mínimo”. Hasta allí, el precio publicado era obligatorio. Ese cambio implicó que se abriera una instancia de negociación entre etanoleras y petroleras. La Secretaría de Energía fija un mínimo y a partir de allí las partes definen si hay un plus o no. En los meses en que funcionó el sistema las etanoleras lograron subir al menos un par de peldaños ese valor.
Como se recordará, las petroleras tienen que cortar las naftas con un 12% de etanol y por lo tanto están obligadas a adquirir esa producción en el norte con la caña o en la región central con el maíz. De allí que la negociación entre etanoleras y petroleras tenga ese condicionante que ayude a equilibrar el peso de cada parte.
Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal