Dos datos centrales dará esta semana el Indec que mostrarán nuevamente la profundidad de la crisis que atraviesa la Argentina y lo que deberá remontar una vez que logre iniciar el proceso final de la pandemia, que por ahora está en dudas. El organismo de estadísticas informará mañana sobre el nivel de inflación del mes de noviembre, y del cual el Gobierno confía en tener un valor menor al de octubre, que fue del 3,8% general y del 4,8% en alimentos y bebidas. Pero 48 horas más tarde dará a conocer la radiografía del mercado laboral argentino para el tercer trimestre del año, que aparece como otro cachetazo de realidad debido a que en el segundo trimestre hubo algunos amortiguadores estadísticos que disimularon lo que ocurría en la realidad. Ahora, eso puede desaparecer parcialmente y las cifras serían entonces más crudas aún. Dicho de otro modo, se espera un deterioro aún más evidente por la crisis económica argentina, más la cuarentena.
En el último dato, correspondiente al tramo de abril-junio, en donde se vio la peor cara económica de la pandemia en el país por la clausura de las actividades, el 61,6% de la población no trabajaba (entre niños, adultos mayores y desocupados que no buscaban empleo) y el 38,4% estaba dentro de la “población económicamente activa”, que conforman empleados y desocupados que buscan trabajo.
En ese informe se detalló además que el 33,4% de los argentinos estaban ocupados y el 13,1%, desempleados, lo que mostró un aumento de 2,7 puntos porcentuales frente al primer trimestre del año y de 2,5 con relación al segundo trimestre del año anterior.
Pero allí había amortiguadores estadísticos que disimularon un deterioro más en línea con la realidad que reflejaban otras variables, como la demanda social y de asistencia por parte de los niveles estatales. Entre los más importantes, muchas personas no salieron en el segundo trimestre del año a buscar el trabajo perdido porque entendían que en esas condiciones iba a ser imposible de conseguir. Y entonces, como no es desempleado el que no busca trabajo, más allá de que haya perdido el que tenía, no aparece engrosando los números. ¿Eso podría cambiar? Seguramente en parte sí, entre otras cuestiones porque las actividades volvieron, aunque parcialmente, a ponerse en marcha, y además los beneficios sociales del Estado dispuestos para enfrentar el Covid comienzan a desaparecer. Son dos elementos que seguramente impulsarán una mayor demanda laboral.
En el caso de Río Cuarto, aquel último informe del Indec, correspondiente al segundo trimestre, dio como resultado una desocupación del 15,5%, es decir algo más elevado que la media nacional. En el informe del Gran Río Cuarto, la Encuesta Permanente de Hogares habla de una población de 177 mil personas, de las cuales sólo 67 mil estaban ocupadas.
Con ese panorama se enfrentará la nueva gestión de Juan Manuel Llamosas, quien, consciente del deterioro social que aceleró la pandemia en la ciudad, prometió trabajo y producción. El desafío no es menor porque en realidad ambas cuestiones están estrechamente vinculadas, pero dependen más de los resultados que logre en materia económica el gobierno nacional que del Municipio. Llamosas se abrazó así a los logros de Alberto Fernández en esa materia, a quien no le serán sencillos en medio de una debacle crítica y una negociación de deuda que aún tiene el capítulo con el Fondo Monetario Internacional pendiente.
Las cifras oficiales volcadas en el presupuesto del año próximo admiten incluso que el rebote económico será la mitad de la caída de este 2020. Con suerte, si el país hilvana dos años seguidos de crecimiento mellizos, terminará 2022 con la situación de fines de 2019, cuando Mauricio Macri dejó su mandato tras 2 años de recesión.
Por lo pronto, además, Río Cuarto debe arreglar su propia situación de deuda en moneda extranjera que tomó la gestión del actual intendente poco después de haber cumplido un año de mandato. Le quedan por devolver unos 7 millones de dólares para el año próximo, algo imposible de cumplir en las actuales condiciones. Por eso, la Secretaría de Economía ya viene trabajando en escenarios alternativos y evalúa avanzar con un pago mínimo de esa suma y luego reconvertir todos esos compromisos a pesos y con un plazo más extendido. Para eso espera los resultados de la Nación y su reestructuración, que podría cerrarse a fines del primer trimestre del año próximo, y lo que ocurra con la Provincia, que ya incumplió un pago de su deuda en dólares y que luego de una serie de ofertas sin éxito a los acreedores espera renegociar ese pasivo antes de mitad de enero.
En esas aguas turbulentas comenzará a navegar la gestión del actual intendente. Por eso está claro que alentar la producción y el empleo serán clave, pero al mismo tiempo hay conciencia de que más allá de los esfuerzos y las gestiones que se puedan realizar, los logros no dependen de resortes que se administren en el Palacio de Mójica. A favor de Llamosas jugará seguramente el alineamiento de su gestión con la Provincia y la Nación, que también juegan en un equilibrio siempre delicado.

