El impacto de la modificación de la naturaleza muestra constantemente sus consecuencias en fenómenos como inundaciones, incendios y sequías. Tal es el caso de lo que se vive en toda la cuenca del Plata, con la bajante que se observa en el río Paraná en este momento, la más grande en 77 años, que afecta a la calidad de vida de millones de personas que habitan en localidades próximas, pero también repercute duramente en la actividad económica de toda la región. El desmonte, el agronegocio y las políticas gubernamentales son algunos de los puntos cuestionados sobre las acciones del hombre que inciden en este fenómeno.
Jorge Cappato, reconocido ambientalista de la región del río Paraná, aseguró: “A esta bajante no la veíamos en más de 70 años, también hubo una grande en el año 1969, quizás no tan grande como esta” y aclaró: “Es decir, hay ciclos de la naturaleza que hace que haya bajantes y crecidas, son naturales, pero el telón de fondo de lo que estamos hablando hoy a nivel planetario es el cambio climático global, es algo que tenemos que asumir definitivamente. Es como un telón de fondo que quedará por siempre allí, pero tampoco se puede usar como chivo expiatorio para todo”.
Explicó que en la región se cuenta con la cuenca del Plata, en la que están corriendo los ríos que recogen el agua de la lluvia: el Paraná, el Paraguay, el Uruguay y sus afluentes, como el Pilcomayo, el Bermejo. “El Paraná no es un río más, es uno de los 4 o 5 ríos más grandes del mundo y esta es una cuenca de 3.200.000 km2 que abarca todo Paraguay, una parte del sudeste de Bolivia, el sur de Brasil, un sector de Argentina y Uruguay. Es una cuenca gigantesca”, sostuvo el especialista.
Consultado sobre el impacto de la mano del hombre en los cambios de la naturaleza, Cappato afirmó: “Lo que pasa a nivel del suelo; se ha verificado en los últimos 40 años un lento y permanente proceso de deforestación, que se aceleró en los últimos 10 años. En la parte baja de Bolivia, por el monocultivo, básicamente de la soja, se estaban deforestando unas 300 mil hectáreas por año; en Paraguay queda alrededor del 20% de los bosques nativos; se puede visualizar una imagen en la que hay una enorme esponja verde que cubre esta cuenca que se va achicando y cada vez queda menos” y agregó: “Cuando se pasa de Misiones a Brasil, ya está todo pelado y hoy se cultiva, pero cuando llueve ya no está la esponja y se producen las inundaciones”.
Aseguró que con los humedales ocurre lo mismo, siendo que se trata de otro tipo de esponja que frena las inundaciones y luego va largando despacio el agua. “Va haciendo que estas ondas de subidas y bajantes sean permanentes y tengamos una cantidad regular de agua en la cuenca, cosa que hoy no ocurre. El tema es que cuando pasa la inundación no se drena nada y pasamos a las grandes sequías. Este es el factor más agravante que se ve en los ciclos naturales. El cambio se da de manera global, a nivel del uso del suelo, con las actividades productivas, el uso del agua”, explicó.
“El Paraná no es un río más, es uno de los 4 o 5 ríos más grandes del mundo y esta es una cuenca de 3.200.000 km2 que abarca todo Paraguay, una parte del sudeste de Bolivia, el sur de Brasil, un sector de Argentina y Uruguay. Es una cuenca gigantesca”, sostiene el especialista Jorge Cappato sobre lo que sucede en la región del litoral argentino.
Cappato destacó que la preocupación ahora será la próxima subida de las aguas y las inundaciones, considerando que el problema de los cambios climáticos no es la del calentamiento, sino que la “extremación del clima”. En este sentido, precisó que lo que antes podía ser una inundación normal ahora podría ser una extraordinaria. “Una sequía que antes duraba 3 meses ahora puede durar más de un año, es decir, este es el conjunto de los grandes factores, a los que se suma uno no menos importante que es la cantidad de represas que ha construido Brasil en su territorio”, puntualizó el especialista.
El ecologista consideró que Brasil depende de la energía que brindan estas represas para mantener activos sus grandes polos industriales, como el de San Pablo: “El agua para ellos equivale a electricidad y padecen también la bajante, pero en territorio argentino no tenemos grandes represas, salvo la de Yaciretá, que la gente no tiene en cuenta pero está y también se queda con agua”, comentó. Sobre la de Itaipú, entre Brasil y Paraguay, planteó que es muy grande, con un embalse de 200 km de largo: “Es tan gigantesca que para hacer el paredón del cierre frontal y ponerle un tapón al río Paraná usaron tanto cemento como para construir la ciudad de Córdoba entera”, señaló Cappato.
Entre otros puntos, el especialista analizó el impacto de esta bajante en la pesca, considerando que corta las migraciones transversales reproductivas: “Nuestro pronóstico para la pesca del Paraná es bastante gris a negro, cuando vuelva el agua se retomarán los ciclos reproductivos de los peces, volverá el agua a los puertos y a las tomas de agua potable”, completó y cerró: “El principal capital productivo no son las máquinas, sino que es el suelo”.

