Desde Milán y muy amablemente nos atiende Alejandro Moreno; en inglés, más conocido como Alex. Un emblema como primera línea en la élite del rugby europeo durante quince años. Un caso similar al de Ramiro Pez, que entrevistábamos la semana pasada.
Hasta principios de los 2000, quienes se iban a jugar al extranjero casi que cerraban su puerta para hcerlo en Los Pumas. Y así pasó con el nacido en General Roca.
Esta es su historia, comenzando por lo que le dejó su trabajo en Villa María como entrenador.
“La verdad es que lo de Villa María estuvo muy bueno y me hubiese gustado estar dos años más, aprendí mucho. Yo venía de entrenar a mi equipo completamente profesional y nunca lo había hecho con un club en la Argentina. Realmente está muy buena la cultura que tenemos nosotros de ir al club, de estar como sea, a la hora que sea, terminar tardísimo y siempre hacer algo extra. Una actitud hacia el trabajo que está muy buena. La cultura nuestra, el sentido de pertenencia que tenemos con los clubes es completamente distinto. Más allá de si sos profesional o amateur, somos muy distintos”, resalta.
-Internamente, ¿cómo está el rugby italiano hoy?
-El rugby italiano tiene las franquicias que juegan en el Pro 14 (Zebre y Benetton), al cual se sumaron los equipos sudafricanos que quedaron fuera del Súper Rugby. Es una plaza muy interesante, superprofesional. Después tenés el Top 10, que está levantando mucho el nivel, los clubes tienen cada vez más presupuesto y podés traer jugadores de más calidad, eso atrae sponsors y demás. Después está la Serie A, en la que estoy yo; somos 48 equipos en cuatro zonas. Los diez primeros de esta Serie A están muy bien y los chicos entrenan cuatro o cinco veces por semana. Son todos estudiantes o trabajan y lo que hacemos en Milán es llevarlo más a la alta competencia sin perder el estudio y esa cosa de que no todo pase por el rugby, que siempre tenés que tener algo, estudies lo que estudies.
-Hoy es una plaza con mucha demanda, ¿qué seduce de Italia?
-La experiencia de vida es muy linda, una historia muy rica, en cualquier rincón todo tiene mil años u ochocientos. Acá lo que es la plaza de Milán somos cinco clubes y están las mejores universidades, entonces tenemos gente de todos lados. Esa mezcla está buena porque trae esas diferentes culturas al club. Hoy por hoy fuimos el club que más actividad tuvo en la pandemia, sacamos el gimnasio al aire libre y pudimos seguir con la actividad. Lo que te ofrece Italia es la experiencia de vida y la tranquilidad con la que se vive en Europa.
-Jugadores como eras vos hoy no se le escapan al rugby argentino, ¿cómo fue tu salto al profesionalismo?
-Yo vengo de General Roca, Río Negro, y a los 19 años me ven jugar Gonzalo Béccar Varela (emblema del CAS), Ricardo “Tacho” de Vedia y Rafael Madero (emblemas del SIC). Habíamos jugado el Nacional de Clubes con mi club. Ahí me invitaron a un seleccionado que se llamaba de ascenso, una suerte de Argentina XV de ahora. En ese entonces Béccar Varela comienza entrenar a San Fernando y me lleva allá. Yo no jugaba de primera línea, era tercera o segunda. Desde noviembre del 96 hasta febrero del 97 aprendí a jugar de primera línea. Jugamos un sudamericano, después me llamaron para Los Pumas.
-Ahí captás la atención de un entrenador francés...
-Me ve jugar Henri Cazaubon y me lleva a Agen. Antes de la navidad el 97 ya estoy en Francia jugando con jugadores como Philipp Benetton; era el último año de Philipp Sellá, jugué su partido despedida. Una cosa muy loca porque yo los veía con la revista Rugby Mundial, fue un cambio muy rápido, igualmente me entrenaba mucho, era muy duro ese rugby. Fue un cachetazo de realidad, de rugby duro en serio. De ahí pase en Francia a Perpignan, Brive, después en Inglaterra jugué en Worcester, en Leicester y en Leeds. En Leeds pude entrenar y cuando estuve ahora en Argentina en Jockey de Villa María y Pucará hice todos los cursos de la UAR y Urba. Este año cumplo diez como entrenador y jugué casi quince como profesional. Es un constante aprendizaje, es algo que me encanta. Ser entrenador significa estudiar constantemente, hablar con psicólogos deportivos, hacer cursos, invertir en conocimientos, trato de estar todo el tiempo hablando con entrenadores de otras disciplinas, he escuchado a Julio Velazco acá en Milán, ahora estoy leyendo el libro de Martin Mackey, preparador físico de Los Pumas, hizo un libro espectacular.
-Te tocó jugar en el mejor Leicester de todos los tiempos: ¿qué era jugar en el rugby inglés?
-Llegué en 2004, cuando estaban casi todos los forwards campeones del mundo con Inglaterra un año antes. Fue el primer club que tuvo un centro de entrenamiento personalizado, después se sumaron todos, y el primero donde se utilizaban las ciencias del deporte, todos teníamos una dieta especial y todo personalizado. Fue lo mejor en el detalle, aprendí un montón de los entrenadores, saqué un montón de cosas que uso hoy yo; de Pat Howard, por ejemplo. En mi último año (2008) lo tuve al Tano Loffreda. Uno siempre tiene que escuchar a todo el mundo y usar lo que a uno le sirva.
-En Leicester criaste a dos leyendas de la primera línea como Marcos Ayerza y Martín Castrogiovanni...
-Cuando llegaron los chicos me los llevé a vivir a mi casa enseguida y en el transcurso de 2 o 3 años hicieron un cambio increíble, en todo sentido. Eso es el entorno, te lleva a que vos sigas a la manada. Si te ponés a tono y hacés lo que tenés que hacer es fantástico, porque el mismo grupo te lleva todo el tiempo. En 2007 y 2008 no sé si perdimos más de cinco partidos, empatamos uno y jugamos las tres finales seguidas un fin de semana atrás del otro. El Premiesrship, Copa de Europa y la Anglo-Welsh. Éramos un grupo muy unido, había argentinos, italianos, samoanos, ingleses, irlandeses, escoceses, un grupo fantástico. Es lo que trato de transmitir cuando entreno. Pat Howard cambiaba de a doce o catorce y jugadores y seguíamos ganando. Eso era el grupo, juegues o no juegues estábamos todos.

