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Schiaretti ya habla de compartir el poder

El gobernador quiere un acuerdo con Manes a nivel nacional, pero sin entrar a Juntos por el Cambio. Esa alianza implicaría redefinir el poder en Córdoba y sumar elementos radicales para las elecciones

¿Y si la llegada de Sergio Massa al Ministerio de Economía no fuera sólo una maniobra desesperada para afrontar la enorme crisis que vive el país, sino además una estrategia electoral? Por supuesto que el nuevo hombre fuerte del Gobierno necesita primero que lo acompañen los resultados. Pero, si lo logra, si evita una catástrofe inflacionaria y ordena mínimamente algunas variables, podría ser la versión del Frente de Todos para las elecciones por venir.

Ante una sociedad que en los últimos meses ha ido volviéndose más conservadora -algunos dirían de derecha-, Massa ofreció hasta ahora una serie de medidas que implican un ajuste sobre dos ingredientes de la receta clásica kirchnerista: los subsidios y los planes sociales. En la última encuesta de la consultora Zuban Córdoba &Asociados, el 72,5% de la gente vio con simpatía el anuncio de una auditoría integral de los planes sociales.

Si la población se desplazó a la derecha, el Frente de Todos parece dispuesto a ofrecer ese plato que le reclaman, aún a costa de negarse a sí mismo o a uno de sus componentes. Por ahora, el kirchnerismo tolera, convencido de que está ante el mal menor. Si Massa obtiene resultados, no sólo podría ser el candidato del Frente de Todos sino que, además, obturaría gran parte del discurso opositor: ¿cómo correr por derecha a quien solito se fue hacia ese lugar?

El interrogante está en el límite: en cuánto está dispuesto a soportar el kirchnerismo, en cuánto silencio es capaz de acumular.

Un dirigente que conoce a Massa señaló que, en efecto, el tigrense desembarcó en el ministerio con una estrategia electoral, pero que no necesariamente contempla al Frente de Todos en su conjunto: “Mirá, llegó al Gobierno con paracaídas. Si a los 90 días no le dejan hacer lo que quiere, va a dar un portazo y se va a presentar como el tipo que quiso salvar al país y no lo dejaron”, relató el dirigente.

Al Frente de Todos lo persigue un desacople de funcionamiento que es un riesgo permanente: cuando parece definir un rumbo, alguno de sus protagonistas se encarga de boicotearlo. Aún está por verse si esta vez es distinto. A Massa, el éxito o el portazo podrían servirle para revertir el 66,8% de imagen negativa que acaba de acusar la encuesta de Zuban Córdoba.

Pero además, el nuevo rol del líder del Frente Renovador redefine no sólo al oficialismo, sino también a la oposición. Juntos por el Cambio, por ejemplo, mostró una cuota de desconcierto durante las primeras horas del exjefe de Diputados en el Ejecutivo. El reclamo que hizo el cordobés Rodrigo De Loredo tal vez esconda un temor: pidió que Massa renuncie expresamente a ser candidato a presidente en 2023. Nadie hace un planteo de ese tipo si no percibe antes la sombra de una amenaza.

En Córdoba, el radical Facundo Manes sacudió la estantería de Juntos cuando no sólo elogió públicamente al gobernador Juan Schiaretti, sino que, fundamentalmente, planteó su idea de incorporarlo al frente opositor.

La respuesta fue un comunicado conjunto en el que le recordaron a Manes -y parecieron recordarse a sí mismos- que pretenden gobernar la provincia en 2023 sin ninguna alianza con el schiarettismo. “Seguimos siendo oposición a un modelo que por momentos se parece mucho al kirchnerismo”, dice el comunicado.

Lo que hizo el neurólogo fue transparentar un estado de situación: sus negociaciones con Schiaretti, que cerca del gobernador admiten. Aunque existe entre ambos una diferencia sustancial: la configuración del armado político.

Manes sostuvo en sus declaraciones que pretende incorporar a Schiaretti a Juntos por el Cambio.

Al gobernador lo seduce una idea diferente.

Schiaretti está convencido de que ninguno de los dos frentes políticos predominantes van a ser funcionales a una dupla compartida con el neurocientífico. Para el gobernador, incorporarse a Cambiemos significaría ser absorbido por una maquinaria con multiplicidad de actores que no consiguen ponerse de acuerdo.

El problema no radica en si encabeza Manes o Schiaretti la fórmula; el mandatario provincial está dispuesto a que el radical sea el candidato a Presidente. Para el schiarettismo, sería el armado lo que atentaría contra la pretensión de configurar algo nuevo. Señalan que a Manes tampoco le sirve seguir en Juntos por el Cambio porque se vería condenado, en el mejor de los casos, a enfrentar una interna y que en ese escenario sus chances reales se verían seriamente afectadas.

“Tenemos que animarnos a construir por fuera”, le dice Schiaretti a Manes. Y le remarca encuestas en las que el 61 por ciento de la gente manifiesta que podría votar por una propuesta electoral que se salga del eje Juntos por el Cambio - Frente de Todos.

El gobernador considera que a él tampoco le aportaría nada pelear desde adentro del peronismo. Incluso en la hipótesis de que en el PJ nacional surgiera algo novedoso, los componentes del Frente de Todos quedarían incorporados en la oferta electoral de 2023 y el schiarettismo está convencido de que el electorado reprobará en las urnas cualquier propuesta que le recuerde el experimento de Alberto, Cristina o Máximo.

Cerca de Schiaretti no creen en que Massa pueda salvar al Frente de Todos de una derrota segura.

Por eso, el gobernador postula que el armado debería ser otro, por fuera, ajeno y distinto.

Pero, en ese escenario, ¿dónde quedaría Córdoba? “Hay que entender que la caja grande envuelve a la caja chica y que la dinámica nacional será una influencia imposible de obviar”, señalan en la Casa de Gobierno cordobesa.

Si hubiera un acuerdo en el país, por ejemplo con Manes y con algunos otros protagonistas de Juntos por el Cambio, esa misma conformación, señalan en el schiarettismo, debería reflejarse en Córdoba cuando se ponga en juego la gobernación.

Y, por primera vez, lo dicen abiertamente: el peronismo cordobés está dispuesto a compartir el poder desde el año próximo. Luis Juez lo rechaza y Rodrigo de Loredo también, pero Schiaretti apuesta a los bolsones críticos que tiene Juntos por el Cambio en Córdoba: intendentes, como Carlos Briner de Bell Ville, legisladores o dirigentes.

Si el armado nacional tuviera éxito, si avanzara, se trasladaría a Córdoba y el schiarettismo resignaría una porción de poder, pero, a la vez, provocaría un quiebre expuesto dentro de Juntos por el Cambio. Es decir, lo debilitaría.

Las negociaciones entre Schiaretti y Manes ponen en tensión a Juntos, que se ve forzado periódicamente a mostrarse unido y coherente. Y, como regla general, lo que se declama suele estar afectado por la duda.

Mientras tanto, Martín Llaryora comenzó con su recorrida por fuera de Córdoba capital para tratar de reforzar el costado menos consistente de su candidatura a gobernador: el interior. El intendente de la ciudad de Córdoba eligió el sur para iniciar un intento de fortalecimiento de su figura en algunos departamentos en los que aún tiene un índice de desconocimiento considerable.

Schiaretti diseña y arma la superestructura de un nuevo esquema de poder: Llaryora está dedicado -y obligado- a ampliar su territorio.