Rostros y Rastros Ser | Arquetipos | Javier Borra

La persona y la sombra, una dualidad opuesta y complementaria

Carl Gustav Jung es considerado uno de los psicoanalistas más influyentes del siglo pasado cuyos aportes en la psicología y en la psicología de carácter transpersonal son invaluables, estudioso de los sueños, de lo esotérico, de la alquimia y de las culturas orientales

Jung se aleja del psicoanálisis freudiano, tiene un visión más Holística del hombre, se interesa en el desarrollo espiritual del mismo, y configura su propia teoría psicológica, naciendo así la psicología analítica. Se concentró en el concepto de inconsciente que iba más allá De la noción freudiana: el inconsciente colectivo, de carácter hereditario podría decirse genético, con el cual se sientan las bases de la psique humana y que se forma con patrones innatos presentes en todas las culturas, a través de sus mitos, leyendas, historias. Una cultura universal que acompaña al hombre. Su influencia en la actualidad es indiscutible.

Dentro del contenido del inconsciente colectivo encontramos dos arquetipos fundamentales en el proceso de individuación de la persona (proceso por el cual la persona se reconoce a sí misma como autónoma e independiente, y a la vez como parte del todo, uno con todas las personas), una dualidad opuesta y complementaria, son los Arquetipos de Persona o Máscara. Y el arquetipo de la Sombra. Ambos necesarios para poder llegar a la integración, llegar a lo que Jung denomina El Self (el sí mismo).

La persona es uno de los Arquetipos más importantes según la teoría del inconsciente colectivo. Definimos la persona como la imagen que damos a los demás, la “máscara pública” que cada individuo posee y utiliza en los diferentes roles sociales. En nuestro desarrollo vamos utilizando y generando distintas máscaras sociales para interactuar en cada ámbito de la vida. Como actores en una obra de teatro personificamos personajes (máscaras) para adaptarnos a las exigencias sociales, para mostrar aquello que se espera de nosotros. La máscara en sí misma no es mala, se necesita para poder convivir y desarrollar la vida en sociedad, el problema es cuando el Arquetipos toma el control, y no podemos sacarnos la máscara, con lo cual el papel que muestro, se confunde con mi verdad o ser, mi esencia. Perdiendo así mi propia identidad. Diría Jung “Nacemos Originales y morimos copias”.

No debemos perder nuestra identidad, nuestra esencia, para ello debemos analizar si las máscaras que utilizamos nos la retiramos, o si por el contrario me identifico con ella de tal forma, que llevo este papel todo el tiempo conmigo. Este arquetipo se puede observar potenciado con el auge de las redes sociales. La pregunta clave es cuando estoy solo, o con las personas que amo, me muestro tal cual soy con mi naturaleza, con mis defectos, con mi sombra o siempre me escondo en la máscara, para que no vean cosas de mí.

Lo que ocultamos, reprimimos, o consideramos negativo termina en nuestra sombra, este arquetipo refleja aquellos elementos que consideramos negativos, miedos, vergüenzas, temores, traumas y complejos. En esa mochila que ocultamos pero que viaja en nuestra espalda, acumulamos todo esto, con la esperanza de no vivirlo, de poder alejarlo de nosotros, de que desaparezca, en fin.

Son las características que tratamos de no mostrar a los demás porque esto podría causarnos vergüenza o ansiedad. Es derivada de un pasado animal en el que se incluyen los instintos. Dentro de la sombra, se hallan pensamientos o ideas reprimidas que, según Jung, deben resolverse para conseguir nuestra individualización total. Aunque aquello que está en la sombra puede ser considerado negativo, quizás no siempre lo es y pueden existir cualidades positivas que queremos esconder por algún motivo. Por ejemplo me da vergüenza mostrar mi parte sensible o emocional, o pienso que va a ser mal vista en el ambiente que me desarrollo. Jung nos habla del “lado oscuro del YO". Podemos citar dos grandes obrar que nos muestran la dualidad de la persona y la sombra, la obra de Stevenson “Jekyll y mr hyde” y la obra de Oscar Wilde “El Retrato de Dorian Gray”.

Es necesario para lograr nuestro crecimiento, para completar el proceso de individuación, lograr la integración de estos arquetipos y solo allí podremos llegar al “sí mismo”. Allí descubriremos la sabiduría y conocimiento que poseemos dentro de nosotros mismos. Y ese es un desafío para nuestra vida.

Por Javier Borra y Sandra Nieto | Coaching Integral