Por Silvina Ambrosini (*) para Salud & Ciencia
La vida es MOVIMIENTO, cambio constante, escalera sin fin hacia adelante. Y por momentos esa vivencia nos agobia, nos inquieta, nos intranquiliza.
A la vez el estar tan conectado a todo lo que pasa en el mundo en el preciso instante que sucede, aporta una cuota de vulnerabilidad que dificulta el manejo de la ansiedad y nos aleja de la paz tan deseada.
Pero hay algo cierto. La frase de Churchill lo afirma con claridad: rara vez pasa todo lo que uno imagina, y menos aún, cómo uno lo imagina.
Frente a cada cambio, bueno o malo, el piso de la vida se mueve. Y, aunque la vida es constante cambio, la resistencia y el miedo al mismo es tan humano como la vida misma.
Y sentimos en el cuerpo y en el alma el susto. Y nos llenamos de adrenalina. E imaginamos situaciones sobre las que con certeza decimos que definitivamente así serán.
Para seguir pensando la distancia que muchas veces existe entre cómo miramos las cosas en los comienzos y cómo evolucionan realmente, vamos a ver esto de forma aún más concreta.
¿Como? Tomando un ejemplo de nuestra vida. Cualquiera.
Comparemos lo que pensábamos al principio de una situación con lo que logramos con el paso del tiempo, el aprendizaje y la vivencia.
Les propongo el siguiente ejercicio:
• Busquemos un ejemplo de nuestra vida que nos gustaría analizar y escribámoslo en forma breve y sencilla.
• Únicamente enunciemos la situación. Puede ser cualquier ocasión de “comienzo” en nuestras vidas: el primer día de trabajo, de escuela, de facultad, la primera cita, el día en que recibimos una noticia importante…
• Tomaremos la situación elegida y la analizaremos de la siguiente manera: Utilizando toda la imaginación posible, iremos para atrás y nos ubicaremos en el tiempo y el espacio donde la situación se produjo.
Tratando de ser detallistas, escribiremos todo lo que recordemos de ese momento. No importa el estilo literario. Es simplemente tratar de ubicarnos en ese instante. Cuanto más puntuales seamos en los detalles descriptos, más rico resultará nuestro ejercicio. Por ejemplo, si la situación transcurre en nuestra escuela, recordemos cuán grande era, cuán anchas eran las escaleras, cuán altos los techos, etc.
• Describiremos los sentimientos ligados al momento. Resulta importante concentrarse en este punto. No analizar. Solo escribir lo que recordamos, sin censurarnos, sin permitir que la situación sea mirada desde nuestro intelecto actual.
• Una vez escrita, lo más detalladamente posible, la situación solicitada, la leeremos, ahora sí, desde nuestro presente. E intentaremos plasmar en el papel, con la mayor fidelidad, cómo evolucionó esa situación con el paso del tiempo.
• El final del ejercicio corre por nuestra cuenta. El análisis de la comparación entre lo que pensamos en ese momento que pasaría y lo que luego realmente sucedió es una experiencia que cada uno debe realizar de forma personal.
Resulta muy interesante en éste ejercicio de introspección personal, darse cuenta que hay muchos sucesos de nuestra vida que de antemano hubiéramos jurado que no podríamos superar…. Otros que hubiéramos jurado que jamás nos pasarían… y otros que el primer día ya sabíamos lo que haríamos los días restantes… y la vida y la escalera sin fin nos demuestran que las cosas no resultaron así.
Será porque siempre la vida es SORPRESA, que, aunque vulnerables, la vamos andando… y nos animamos a cosas porque no sabemos con certeza como serán los recorridos…
Y nos daremos cuenta de que saber dónde estamos parados, teniendo en cuenta de dónde partimos, es el comienzo del camino del autoconocimiento.
(*) Lic. en Trabajo Social MN 2425 y Psicooncóloga

