Tranquera Abierta | soja | mercados | Commodities

La suba en el precio de los granos jaquea a los que agregan valor

Si bien el alza de la soja, el maíz y el trigo generan expectativas por los ingresos de dólares, puertas adentro desestabilizan la ecuación de cadenas productivas que los tienen como materias primas

El presidente Alberto Fernández planteó, en su discurso inaugural de sesiones en el Congreso, la necesidad de seguir creciendo en exportaciones y agregado de valor en la Argentina y consideró que el campo es un actor fundamental de la economía. Sin embargo, los dirigentes agropecuarios no tardaron en señalar que esos dichos no se correspondían con las acciones de gobierno que se venían practicando, especialmente por las trabas a las exportaciones y los aranceles.

Más allá de esa cuestión doméstica, en el escenario internacional apareció un cisne negro que fue la invasión rusa a Ucrania que, por tratarse de dos jugadores importantes en materia energética y de commodities, hicieron saltar los mercados de ambos sectores y los granos escalaron rápidamente, en particular, soja, trigo y maíz. En términos generales ese movimiento se tomó como una buena noticia porque está a la vista la próxima cosecha gruesa en el país que, más allá de la heterogeneidad de rendimientos que promete, ahora asegura mayores dólares de los esperados.

Sin embargo, hay una contracara de la edulcorada noticia: los que sufren dentro del sector productivo por la escalada de las commodities. Y no son pocos los perjudicados: los tambos, los feedots, las avícolas, las granjas porcinas, y hasta la industria del etanol, entre muchas otras. Naturalmente todas tienen un factor común: utilizan los granos como materia prima para transformarlos en otra cosa. Y esa “otra cosa” no está copiando, ni por cerca, la escalada de precios de las commodities. En definitiva, sufren porque los costos comenzaron a acelerarse fuerte y los precios de venta de sus productos apenas caminan. Este factor sorpresa de los mercados se suma, en cada uno de esos sectores, a un cúmulo de dificultades que plantea de por sí la economía nacional con elevado proceso inflacionario, trabas, aranceles y demás complicaciones que hacen del escenario un campo minado.

Por eso el brusco movimiento de los mercados de granos generó que la mayoría de estas actividades pasen a tener un rojo en su ecuación económica. Eso implica que hay una próducción a pérdida. Naturalmente esperan que a medida que el conflicto bélico vaya quedando atrás, los mercados vuelvan a sus niveles previos, pero nadie puede garantizar ahora cuándo finalizará la guerra y menos aún si, una vez ocurrido eso, la situación será igual a la etapa previia.

Por eso hay gran incertidumbre y en ese contexto aparece otro denominador común: recortar producción porque cuanto más se produce en ese contexto, peor termina siendo el resultado final. Las actividades económicas se plantean para tener alguna rentabilidad más o menos interesante; pero puede ocurrir que en ocasiones haya que conformarse con cubrir los costos de producción y en otras, con tratar de perder lo menos posible.

En el caso de los feedlots, venían remando cotra la corriente por recuperar el terreno perdido con dos problemas centrales: el costo de los alimentos y también el de los terneros. Ambos vienen teniendo elevados valores, pero el gordo recortaba distancia hasta que el proceso de guerra le volvió a correr el arco.

En el caso del tambo, sus particularidades hacen de este momento otro de fuerte dificultad. Es que parten de entregar la leche todos los días sin saber cuánto la van a cobrar, un valor que lo fija el eslabón siguiente, el de la industria. Pero además, con la suba de los granos no sólo se escapó el valor de la alimentación, sino que muchos están en campos alquilados con valores que se fijan en quintales de soja. Con la oleaginosa a más de 600 dólares, la ecuación volvió a romperse. Pero además, hay una primera cuenta “de almacenero” que hacen en los tambos: comparan el valor del litro de leche con el kilo de soja para saber si ganan o pierden dinero, como una primera aproximación rápida de un número mucho más complejo. Hoy están 12 pesos abajo del equilibrio.

En el caso de las avícolas ocurre algo similar, aunque el valor de su producto dio un salto en las últimas semanas. Muchos consumidores observaron que los huevos aumentaron fuerte y eso se debió en primer lugar a un efecto climático porque la fuerte ola de calor de enero generó muertes en muchas granjas y una muy fuerte merma en la producción. Ambas cosas combinadas terminaron con una fuerte baja en el oferta. Y luego, el alza en los alimentos de las ponedoras que empujaron otro poco el valor de los huevos.

Por último, el más industrial de los sectores es el etanol de maíz, que si bien viene de tener un ajuste en el valor de su producción, ya quedó otra vez desfasado frente al salto del cereal. Allí también hay otra “cuenta de almacenero”: los $65,42 por litro de alcohol -que va a mezclarse con las naftas- que le pagan a la industria alcanza a cerrar con una tonelada de maíz a 24.500 o 25 mil pesos. El disponible superó los $ 26 mil y coquetea conlos $27 mil. Y además es un actor cuyo precio del producto no está ligado a los números de sus costos, sino al precio de los combustibles líquidos, fuertemente intervenidos por el Gobierno.