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Una colombiana relata desde Cali cómo vive el país el terremoto más devastador del siglo

A diez días del sismo de magnitud 7.4 que sacudió Colombia, más de 300 personas siguen desaparecidas y las labores de búsqueda continúan. Una escritora radicada en Cali describió la situación y reveló que el nuevo gobierno rechazó ayuda internacional alegando autosuficiencia local

El terremoto de magnitud 7.4 que golpeó a Colombia hace diez días dejó centenares de fallecidos y más de 300 desaparecidos que aún se buscan entre los escombros. Mariana Marín, escritora y editora colombiana radicada en Cali, describió un país que todavía transita el protocolo de emergencia: ollas comunitarias, organización colectiva y cuadrillas de rescate que no abandonan la esperanza.

"Todavía hay más de 300 desaparecidos y están intentando recuperarlos", señaló Marín, quien subrayó que la respuesta más inmediata no vino del Estado sino de la propia comunidad. La frase que circula entre los colombianos lo resume: el pueblo salva al pueblo. Según relató, fue la ciudadanía organizada la que sacó escombros en las primeras horas, especialmente en Cali, donde los lazos comunitarios forjados durante el estallido social de 2021 permitieron una reacción más rápida.

El rechazo a la ayuda internacional

Uno de los aspectos más polémicos que emergió del relato de la colombiana fue la decisión del gobierno de Abelardo de la Espriella, que asumió apenas tres días antes del sismo, de rechazar rescatistas y asistencia proveniente del exterior. La justificación oficial, según Marín, fue que existía autosuficiencia local para atender la catástrofe, algo que ella misma cuestionó desde su experiencia directa en Cali.

La escritora atribuyó parte del problema a la falta de empalme entre la administración saliente de Gustavo Petro y el nuevo gobierno, lo que habría generado un retraso en la respuesta inmediata. También mencionó sesgos ideológicos en la selección de quiénes podían ofrecer ayuda y quiénes no, aunque aclaró que el tema merece un análisis más profundo en las semanas venideras, cuando la urgencia de la emergencia ceda algo de espacio.

La experiencia personal

Marín estaba durmiendo junto a su esposo cuando ocurrió el sismo. La pareja salió de inmediato a la calle con sus animales. Vivir en una casa, y no en un edificio, facilitó la evacuación. Lo que siguió fue más difícil: logró comunicarse rápido con su familia en Cali, pero tardó horas en saber que sus parientes en Pereira estaban bien. La incomunicación, dijo, fue una angustia paralela a la de ver la ciudad devastada.

Consultada sobre si Colombia había atravesado sismos de magnitud comparable en lo que va del siglo XXI, Marín respondió que este es el más importante del período. El antecedente más cercano en gravedad fue el terremoto de 1999, que destruyó varias ciudades, entre ellas Pereira, donde la escritora vivía entonces siendo niña.