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Por dónde empezar a pensar la reducción de la jornada laboral en Argentina

Pruebas internacionales de reducir la jornada de trabajo a menos horas, o a cuatro días, arrojan resultados positivos. Qué posibilidades tiene Argentina y cuáles son las aristas del debate

Esta semana comenzará una nueva prueba, en Reino Unido. Un grupo de 60 empresas y 3.000 trabajadores reducirá la semana laboral de cinco a cuatro días, sin reducciones o quitas en los salarios. Está previsto que el ensayo se extienda durante seis meses y una vez finalizado, las empresas evalúen si se mejoró la productividad de los trabajadores.

Según lo estipulado en esta modalidad, el esquema laboral consta de una semana hábil de cuatro días, en la cual los trabajadores deben cumplir 32 horas (o menos) de servicio semanal, sin una reducción en el salario. Este esquema de trabajo ya fue implementado en empresas de Escocia, España e Irlanda.

El Dr. Julio César Neffa es un reconocido profesional, Licenciado en Economía Política, Dr. en Ciencias Sociales del Trabajo, un título expedido por la Universidad de París. Además de ser profesor de varias cátedras universitarias, es investigador superior de Conicet en el Ceil, el Centro de Estudios e Investigaciones Laborales. Neffa en diálogo con Buen Día Río Cuarto, que se emite por FM Digital 91.9, dijo que “todo lo que tiene que ver con legislación del trabajo está impulsado por la OIT, la Organización Internacional del Trabajo, cuyo convenio número uno es, justamente, el que establece la duración máxima legal de 8 horas diarias y 48 semanales, algo que se adoptó en 1919. Casi todos los países tomaron en cuenta este convenio para llevar adelante su legislación. En caso de Argentina, es la ley 11.564 de Jornada Laboral la que se adoptó en 1929 y todavía está vigente”.

¿Qué resultados arrojaron las experiencias internacionales?

-Una de esas experiencias es la que llevó adelante Microsoft, en Japón, que redujo la jornada laboral a cuatro días y 32 horas semanales, es decir, 8 horas por día. Esa fue una experiencia que duró cinco semanas y lo que constataron es que se logró un incremento de la productividad en casi un 40%. Otra experiencia importante es la que llevo adelante Toyota, en Alemania, donde redujeron la jornada de trabajo a 6 horas diarias, ahí también aumentó la productividad. En Francia, hace ya más de dos décadas, se adoptó la ley de las 35 horas semanales. Eso dio lugar a muchos debates, la ley establecía que las empresas para aplicar las 35 horas tenía que haber sido fruto de una negociación colectiva, no podía ser fruto de una imposición de nadie, ni de sindicatos, ni de Ministerios. Eso se aplicó y el resultado fue bastante positivo.

Cuando se adoptó esa medida como en el caso francés, fue para hacer frente al problema del desempleo, porque al reducir de 44 a 35 horas semanales, el impacto directo sobre el empleo es muy importante. El primer objetivo era ese.

Ese acuerdo colectivo es importante ya que hay diversos intereses en juego

-El tema del tiempo de trabajo es un tema clave porque de acuerdo a las teorías económicas sabemos que el tiempo de trabajo es el generador de valor y también del excedente económico, entonces es muy normal que haya un conflicto de intereses, entre empleadores y asalariados. El primero quiere que el trabajador no falte, que llegue a horario, que no se vaya antes, que no pida más días de permiso, porque si el trabajador no está, no se genera riqueza, son preocupaciones lógicas. Mientas que el asalariado quiere que el tiempo de trabajo sea el menor posible y ganar, en ese tiempo, lo más posible para preservar su salud.

Estamos ante un conflicto de intereses donde el Estado tiene que tomar un papel. Yo diría que es posible en todos los países reducir la duración de la jornada de trabajo.

¿Cuál es el análisis para afirmar esto de que es posible en todos los países?

-Primero porque hubo un fuerte incremento de la productividad, entonces, aun cuando las personas trabajan menos horas, no reducen su tasa de ganancia para las empresas, por ese lado no tendría que haber un obstáculo.

Desde que cambia el modo de desarrollo a mediados del siglo pasado, en los años 60 y 80, se instala como vigente, en la mayoría de los países del mundo y en Argentina, el modelo neoliberal y el problema es que aun cuando la duración de la jornada disminuya, el trabajo es más intenso en menos tiempo. Científicamente podemos justificar la reducción de la jornada de trabajo porque se trabaja más intensamente y eso implica para el trabajador necesitará más tiempo para su recuperación por fatiga.

Otro punto importante, que hoy está instalado como tema social, son las tareas de cuidado. Reducir la duración de la jornada de trabajo permitirá a los trabajadores compartir estas tareas con el resto de la familia, ese es un efecto colateral.

¿El trabajo ocupa toda nuestra vida?

-El trabajo no agota la vida del ser humano, pero es claramente un valor central, desde una mirada antropológica, el trabajo es una necesidad y con eso es un derecho, pero también los trabajadores quisieran disponer de más tiempo para estudiar, para hacer deportes, o también dedicarse a actividades artísticas. Uno de los justificativos más importantes es que al tener tiempo libre los trabajadores dispondrían de más tiempo para participar en la vida ciudadana, la vida política, sindical, etc.

El debate que se está dando en Argentina, sobre esto, es muy incipiente…

-Lamentablemente hoy en Argentina hay tantas urgencias que esas problemáticas no se solucionan de la noche a la mañana, no sería serio. Porque requiere flexibilizar la organización del trabajo, no podemos perjudicar a los usuarios o a los consumidores por la reducción de la jornada.

Además, cuando la situación hoy es el desempleo, la inflación, la caída de los salarios reales, obviamente el objetivo de los trabajadores es asegurar la reproducción de la fuerza del trabajo, el problema acá es el salario. La reducción de la jornada no es la prioridad para los sindicatos, sino que lo que buscan es que se recomponga el salario real que viene cayendo desde la década pasada. Es algo que pasó en todos los países del mundo en la última década, ha caído el salario real, aumentó la desigualdad. Estamos frente a un problema de tipo estructural que no se arregla con una ley. El problema es más complejo.

¿La pandemia nos flexibilizó un poco para empezar a pensar esto?

-Algunos tuvieron que hacerlo por la fuerza y otros, ante la pandemia, lograron una reflexión más bien académica. Que la gente tenga que estar toda junta en un edificio trabajando no es natural, eso surge cuando el capitalismo defendía la presencia física de los trabajadores, porque los empleadores pensaban que si no los tenía bajo su vista, no iban a trabajar. La pandemia demostró que se puede trabajar eficazmente sin estar presente en un lugar de trabajo, algunos hicieron eso con un incremento de la productividad y otros no, no todos estaban trabajando efectivamente. Pero lo que también ocurrió con el teletrabajo es que ‘teletrabajando’, trabajamos más horas que en una situación normal. El teletrabajo si no se organiza bien, y se convierte en algo salvaje como pasó en Argentina, pasa a ser un trabajo de una duración mayor.

En Argentina

En el Congreso de la Nación hay dos proyectos. Se trata de los textos presentados por los diputados del Frente de Todos Claudia Ormaechea y Hugo Yasky. Ambos, además, cumplen roles como dirigentes sindicales en la Asociación Bancaria y la CTA, respectivamente. El objetivo que persiguen los proyectos de ley es mejorar la calidad de vida de los trabajadores y promover la creación de nuevos puestos de trabajo. Actualmente, el tope semanal de horas laborables en Argentina es de 48; es decir, 8 horas diarias en una semana de seis días hábiles.

Mientras que el proyecto de ley de la legisladora Claudia Ormaechea propone una jornada máxima de 6 horas y un tope de 36 horas semanales, el texto firmado por Yasky sugiere una semana laboral con un máximo de 8 horas diarias y no más de cuarenta horas semanales.

Por Fernanda Bireni