Tras la lluvia, el calor y la humedad invitaron de nuevo a la gente al río
Por la tarde, miles de personas disfrutaron del aire libre a lo largo de la costanera, aprovechando el sol y el agua. Por el riesgo de crecidas, no inflaron los azudes y, al atardecer, los guardavidas despejaron la zona de ribera
Después de la tormenta, miles de vecinos se acercaron a disfrutar del río. Tras la copiosa lluvia, salió el sol y la tarde se presentó sofocante, sobre todo por efecto de la humedad. Con este panorama, miles de riocuartenses optaron por refrescarse allí. Sin embargo, el curso de agua no tenía el caudal habitual, ya que no se inflaron los azudes, como medida de prevención por el riesgo de crecidas. Al atardecer se ordenó a los visitantes despejar la zona de ribera, por la posibilidad de que llegara agua desde las sierras.
Aún con las calles internas del balneario llenas agua, miles de vecinos de la ciudad optaron por la costanera para pasar un domingo al aire libre.
Estaban repartidos a lo largo de la travesía del río por la zona urbana, la mayoría en las orillas, amenizando la tarde con una merienda o algún refresco.
Visitas de la región
Marcelo y su novia usan asiduamente la costanera para pasar el día. “Esta vez estamos con visitas. Trajimos las cosas para pasar la tarde de picnic y a la noche vamos a comer un asadito. La verdad que el río está muy bien, muy lindo”, comenta.
Natalia, invitada por la pareja, llegó desde Del Campillo con su hijo, como suele hacer cada verano.
“Tengo un nene de 4 años y está muy lindo para él, sobre todo porque está muy pandito. Cuando inflan los gomones, tenemos que estar nosotros encima de él, pero ahora está muy tranquilo. Hoy hay mucha paz, porque suele haber mucha más gente”, expresó.
Mendocino en la ciudad
La mayoría de los vecinos de la ciudad no imagina que el río es un atractivo de veraneo, pero lo cierto es que hay familias de la zona e incluso de otras provincias que lo aprovechan durante sus vacaciones.
Ese es el caso de Nicolás, un mendocino que aprovechó unos días de descanso para visitar parientes y darse una vuelta por el balneario.
“Hace más de siete años que no venía. Hoy vine al río y estoy pasando el día junto con mis sobrinas, después de una lluvia intensa. En Mendoza no estamos acostumbrados a las lluvias”, señala.
Además, dijo que la costanera le parece “un lugar muy familiar, que se disfruta mucho”.
“Hace tanto tiempo que no venía que es casi como conocerlo por primera vez. Además, en los ríos de Mendoza hay tan poca agua que casi no se puede uno bañar. Siempre usamos más las piletas, los clubes”, apunta el visitante.
Nicolás se queda un día más en la ciudad, en casa de familiares, y mañana volverá a Mendoza.
Trabajar en el río
Agustina y Jeremías tienen 17 años y aprovechan la concentración de gente durante los fines de semana para vender medialunas en la costanera.
Mientras él prefiere quedarse a un lado, ella cuenta que el de ayer fue “un día normal, con bastante gente”.
A pie, recorren desde el puente Filloy hasta el Colgante y dan la vuelta por el lado de Banda Norte para ofrecer las facturas.
“Caminamos hasta vender todo lo que traemos. Como máximo tardamos 2 horas. Trabajamos solamente sábados y domingos. A las medialunas las amasamos y las hacemos nosotros”, cuenta.
Lo que recaudan les sirve para hacer dinero extra y usarlo para ellos mismos.
No son los únicos que trabajan los fines de semana en la costanera. También pululan los churreros, heladeros y vendedores de tortas fritas. Pero ayer tenían ventaja porque parecían estar solos.