La Fiscalía de Instrucción de Tercer Turno dio por concluida la investigación preliminar del crimen de Walter Sebastián Albarenga, en la zona del basural de Ciudad Nueva, y elevó la causa a la Cámara Primera del Crimen para que allí se lleve a cabo el juicio a los dos riocuartenses acusados.
Se trata de Daniel Edgar Cuello y Víctor Hugo Magallanes, un albañil y un empleado metalúrgico que quedaron imputados por homicidio calificado por uso de arma de fuego.
Según la acusación que formuló el fiscal Fernando Moine, el hecho de sangre se produjo la noche del 13 de mayo de este año, alrededor de las 21, en la zona del basural de Ciudad Nueva, en el cruce de las calles Dinkeldein y Unión de los Argentinos.
En ese momento, Walter Sebastián Albarenga caminaba por la zona del basural junto a dos compañeros de trabajo cuando fueron sorprendidos por los agresores. “Daniel Edgar Cuello y Víctor Hugo Magallanes, con propósito aún no determinado y en recíproca colaboración, portando el sindicado Cuello en su mano un arma de fuego, presumiblemente un revólver calibre 22, efectuó unos disparos intimidatorios que provocaron la reacción de Albarenga, quien realizó ademanes con sus manos en afán de resistir al accionar de los imputados”, describió Moine.
De nada sirvió el intento de la víctima; “Cuello, con clara intención de darle muerte, le efectuó dos disparos a corta distancia –aproximadamente dos metros- que impactaron en el cuerpo de Albarenga: uno de ellos en la región del hemitórax izquierdo, direccionado de abajo hacia arriba, de adelante hacia atrás y levemente de interno a externo, y el otro en región abdominal, hipocondrio derecho, direccionado de arriba hacia abajo y de anterior a posterior, levemente de derecha a izquierda, provocando que Albarenga cayera tendido al piso e inmediatamente perdiera su vida”, sostuvo la detallada descripción de la fiscalía.
La causa de la muerte de Albarenga, señala la autopsia, fue el shock hipovolémico por lesión cardíaca debido a las lesiones contusas que le provocaron los proyectiles.
Cuando fueron indagados, tanto Cuello como Magallanes negaron ser los autores del crimen y se abstuvieron de seguir declarando.
Para el fiscal, todas las pruebas reunidas acreditan la existencia material del hecho y la responsabilidad de ambos imputados.
“Adentrados en su análisis, obran trascriptos los testimonios que proporcionaron los compañeros de trabajo de la víctima, relatos de fundamental importancia puesto que fueron testigos presenciales del suceso que terminó con la vida de Walter Sebastián Albarenga y aparecen coherentes y acordes con el resto de la prueba reunida”, remarcó la elevación a juicio.
Moine afirmó que “cobra especial importancia la narración de los testigos presenciales, ya que ambos indicaron en sus relatos que cuando se encontraban en proximidades del basural aparecieron dos sujetos masculinos”.
Uno de los testigos describió a uno de los agresores de 1.80 metro de altura, delgado, con buzo blanco con capucha, un pantalón de jogging color azul y de 20 a 25 años de edad. En tanto que al otro hombre lo describió de una altura de 1.75 metro, con una gorra con visera de color oscuro, una campera y pantalón de nailon oscuro.
El otro testigo presencial, cuando fue citado por la Justicia, dijo: “El que disparó tenía aproximadamente unos treinta años de edad, vestía buzo blanco con la capucha colocada, pantalón oscuro, de una altura aproximada de 1.70 metro”, y respecto de la otra persona dijo que “tenía un buzo negro con capucha, de 1.70 metro de altura aproximadamente, al cual no le vio arma en su poder”.
Ya adentrados en el hecho, los testigos dijeron que cuando ya estaban yéndose del barrio Ciudad Nueva fueron sorprendidos por dos personas que aparecieron detrás de ellos.
La víctima, Albarenga, se habría acercado hasta unos pocos metros y con la intención de calmar los ánimos, les habría dicho: “Eh, eh, qué pasa, pará, pará”, al que tenía el arma.
Señalaron que hubo primero dos tiros hacia el suelo y luego el hombre que iba armado apuntó directamente al cuerpo de Albarenga y le descerrajó dos disparos, en el abdomen y en el pecho.
En cuanto a la calificación legal, Moine les imputó a Cuello y Magallanes el delito de homicidio calificado por el uso de arma de fuego. Sobre este punto, aseguró que no quedan dudas de que el deceso de la víctima se produjo a causa de la gravedad de las heridas que le provocaron los disparos y remarcó que, si bien los investigadores no lograron secuestrar el arma homicida, “su existencia y utilización en el violento contexto analizado surge de la contundencia de lo atestiguado por los testigos directos en el momento de su acaecimiento”.
La causa acaba de ingresar a la Cámara Primera y probablemente el juicio se celebre en 2018. En esa instancia tal vez se conozca con mayor precisión el móvil del crimen.
Según la acusación que formuló el fiscal Fernando Moine, el hecho de sangre se produjo la noche del 13 de mayo de este año, alrededor de las 21, en la zona del basural de Ciudad Nueva, en el cruce de las calles Dinkeldein y Unión de los Argentinos.
En ese momento, Walter Sebastián Albarenga caminaba por la zona del basural junto a dos compañeros de trabajo cuando fueron sorprendidos por los agresores. “Daniel Edgar Cuello y Víctor Hugo Magallanes, con propósito aún no determinado y en recíproca colaboración, portando el sindicado Cuello en su mano un arma de fuego, presumiblemente un revólver calibre 22, efectuó unos disparos intimidatorios que provocaron la reacción de Albarenga, quien realizó ademanes con sus manos en afán de resistir al accionar de los imputados”, describió Moine.
De nada sirvió el intento de la víctima; “Cuello, con clara intención de darle muerte, le efectuó dos disparos a corta distancia –aproximadamente dos metros- que impactaron en el cuerpo de Albarenga: uno de ellos en la región del hemitórax izquierdo, direccionado de abajo hacia arriba, de adelante hacia atrás y levemente de interno a externo, y el otro en región abdominal, hipocondrio derecho, direccionado de arriba hacia abajo y de anterior a posterior, levemente de derecha a izquierda, provocando que Albarenga cayera tendido al piso e inmediatamente perdiera su vida”, sostuvo la detallada descripción de la fiscalía.
La causa de la muerte de Albarenga, señala la autopsia, fue el shock hipovolémico por lesión cardíaca debido a las lesiones contusas que le provocaron los proyectiles.
Cuando fueron indagados, tanto Cuello como Magallanes negaron ser los autores del crimen y se abstuvieron de seguir declarando.
Para el fiscal, todas las pruebas reunidas acreditan la existencia material del hecho y la responsabilidad de ambos imputados.
“Adentrados en su análisis, obran trascriptos los testimonios que proporcionaron los compañeros de trabajo de la víctima, relatos de fundamental importancia puesto que fueron testigos presenciales del suceso que terminó con la vida de Walter Sebastián Albarenga y aparecen coherentes y acordes con el resto de la prueba reunida”, remarcó la elevación a juicio.
Moine afirmó que “cobra especial importancia la narración de los testigos presenciales, ya que ambos indicaron en sus relatos que cuando se encontraban en proximidades del basural aparecieron dos sujetos masculinos”.
Uno de los testigos describió a uno de los agresores de 1.80 metro de altura, delgado, con buzo blanco con capucha, un pantalón de jogging color azul y de 20 a 25 años de edad. En tanto que al otro hombre lo describió de una altura de 1.75 metro, con una gorra con visera de color oscuro, una campera y pantalón de nailon oscuro.
El otro testigo presencial, cuando fue citado por la Justicia, dijo: “El que disparó tenía aproximadamente unos treinta años de edad, vestía buzo blanco con la capucha colocada, pantalón oscuro, de una altura aproximada de 1.70 metro”, y respecto de la otra persona dijo que “tenía un buzo negro con capucha, de 1.70 metro de altura aproximadamente, al cual no le vio arma en su poder”.
Ya adentrados en el hecho, los testigos dijeron que cuando ya estaban yéndose del barrio Ciudad Nueva fueron sorprendidos por dos personas que aparecieron detrás de ellos.
La víctima, Albarenga, se habría acercado hasta unos pocos metros y con la intención de calmar los ánimos, les habría dicho: “Eh, eh, qué pasa, pará, pará”, al que tenía el arma.
Señalaron que hubo primero dos tiros hacia el suelo y luego el hombre que iba armado apuntó directamente al cuerpo de Albarenga y le descerrajó dos disparos, en el abdomen y en el pecho.
En cuanto a la calificación legal, Moine les imputó a Cuello y Magallanes el delito de homicidio calificado por el uso de arma de fuego. Sobre este punto, aseguró que no quedan dudas de que el deceso de la víctima se produjo a causa de la gravedad de las heridas que le provocaron los disparos y remarcó que, si bien los investigadores no lograron secuestrar el arma homicida, “su existencia y utilización en el violento contexto analizado surge de la contundencia de lo atestiguado por los testigos directos en el momento de su acaecimiento”.
La causa acaba de ingresar a la Cámara Primera y probablemente el juicio se celebre en 2018. En esa instancia tal vez se conozca con mayor precisión el móvil del crimen.

