Christian Joel Knuttsen (21) deberá cumplir una pena de 5 años y medio de prisión, tras haber confesado ayer la autoría del violento asalto que sufriera un joven de Las Higueras la madrugada del día 7 de febrero de este año.
Knuttsen reconoció sin vueltas haberse confabulado con su novia -una adolescente de 16 años- para robarle al desprevenido joven.
La víctima, cuya identidad se preserva, había denunciado que esa noche fue emboscado en la costa del río por varios jóvenes encapuchados y por otro que actuó a cara descubierta y exhibiendo un arma de fuego.
Dijo que lo golpearon, lo obligaron a entregar todas sus pertenencias, bajo amenaza de muerte, le hicieron quitarse el cinto y sacarse la ropa y, mientras le daban cintazos, lo manosearon y le decían que iban a violarlo.
Según su relato, sufrió largas horas de asedio, fue obligado a meterse en el baúl de su propio auto y lo pasearon por distintos lugares hasta que lo dejaron abandonado y golpeado, en inmediaciones del barrio Libio Cónsole, de esta ciudad.
Poco después de este grave hecho que tuvo amplia difusión el último verano, Knuttsen fue detenido, pero no fue el único acusado por el fiscal de Primer Turno, Luis Pizarro.
Junto a él, su novia fue imputada de los mismos delitos de robo con arma de fuego, privación ilegítima de la libertad y abuso sexual. En el caso de la chica, su abogado pidió una suspensión de juicio a prueba -más conocido como probation-, por ese motivo es que no participó ayer del juicio oral y público que llevó a cabo la Cámara Segunda del Crimen. En su caso, por tratarse de una menor de edad, será el Juzgado de Menores el que deberá decidir si acepta o no la probation.
Entretanto, el juicio de ayer duró lo que un suspiro porque, asesorado por su abogado defensor, Knuttsen decidió aceptar lisa y llanamente la acusación que había en su contra. Esa actitud dio lugar a un juicio abreviado que concluyó en una misma jornada.
Tras la confesión, el fiscal de Cámara Jorge Medina y el defensor -el asesor letrado Santiago Camogli- pronunciaron breves alegatos y coincidieron en el pedido de la pena de 5 años y 6 meses de prisión, condena sensiblemente inferior a la que podría haberle tocado si el imputado era sometido a un juicio ordinario.
Luego de un intervalo, el juez Emilio Andruet le aplicó la misma pena que consensuaron las partes y decidió mantener abierta la causa para la novia del acusado.
Horas de desesperación
La confesión del exempleado de una estación de servicio Christian Knuttsen significó que se hizo cargo del grave delito tal y como lo había descripto el fiscal que lo acusó, Luis Pizarro, a cargo provisoriamente de la Fiscalía de Primer Turno.
¿Qué es lo que dijo Pizarro en la acusación? El fiscal relató que la noche del 6 de febrero de 2017 un vecino de Las Higueras se contactó por Facebook con una atractiva chica y acordaron encontrarse esa misma noche en una plaza ubicada en el barrio Libio Cónsole.
El joven se presentó en el auto de su padre en el lugar indicado, donde lo estaba esperando la adolescente. Así fue como decidieron ir hacia la costa del río, en el sector de la margen sur, donde están los baños públicos. En la Justicia, la víctima contó que la chica mostraba una actitud sospechosa porque todo el tiempo miraba por el espejo retrovisor del auto y, cuando estaban estacionados en plena oscuridad, ella lo convenció para que no se marcharan. “No pasa nada, no tengas miedo, quedate tranquilo que yo vengo siempre acá”, lo calmó.
Pero diez minutos después sobrevino el calvario para el desprevenido joven.
Ella le propuso que cambiaran de butaca y, apenas abrió la puerta, irrumpió un hombre que le dio un culatazo en la cabeza, con una pistola. Al agresor se le sumó otro y hubo más golpes, mientras lo apuntaban con el arma. “Dame plata, te vamos a llevar al cajero así me das la plata, no me das lo que te pido y perdés una pierna” eran las intimidantes frases con las que amedrentaban al muchacho.
Luego lo obligaron a decir cuándo y cuánto cobraba. “Vos sos de plata, te podemos secuestrar hasta que vos cobres”, le dijeron. Lo desvalijaron, le revolvieron todos los papeles del auto, pero el asunto no quedó ahí.
Se pusieron en marcha y después se detuvieron en otro punto del río donde hicieron bajar a la víctima, le quitaron la ropa y lo manosearon, mientras le advertían: “Te vamos a cagar violando, quedate piola, quedate quieto que si nos mirás te quemamos”.
Lo ataron con un cinto, lo patearon por todo el cuerpo y lo cargaron en el baúl de su auto. Para que no pudiera pedir auxilio le pusieron una remera en la boca. “Gritás o pataleás, o hacés algo raro y salimos de donde estemos y te pegamos un tiro”, le advirtieron.
El asedio se prolongó durante horas. El joven fue liberado a las 5 de la mañana, en el pasaje Tulio Reyna. Los asaltantes le habían dejado tiradas las llaves del auto, a unos cien metros.
Aunque habrían sido varios los que participaron del cruento episodio, los únicos que pudieron ser identificados por la Justicia fueron Knuttsen y la chica que fue utilizada como “anzuelo” para el engaño.
La víctima, cuya identidad se preserva, había denunciado que esa noche fue emboscado en la costa del río por varios jóvenes encapuchados y por otro que actuó a cara descubierta y exhibiendo un arma de fuego.
Dijo que lo golpearon, lo obligaron a entregar todas sus pertenencias, bajo amenaza de muerte, le hicieron quitarse el cinto y sacarse la ropa y, mientras le daban cintazos, lo manosearon y le decían que iban a violarlo.
Según su relato, sufrió largas horas de asedio, fue obligado a meterse en el baúl de su propio auto y lo pasearon por distintos lugares hasta que lo dejaron abandonado y golpeado, en inmediaciones del barrio Libio Cónsole, de esta ciudad.
Poco después de este grave hecho que tuvo amplia difusión el último verano, Knuttsen fue detenido, pero no fue el único acusado por el fiscal de Primer Turno, Luis Pizarro.
Junto a él, su novia fue imputada de los mismos delitos de robo con arma de fuego, privación ilegítima de la libertad y abuso sexual. En el caso de la chica, su abogado pidió una suspensión de juicio a prueba -más conocido como probation-, por ese motivo es que no participó ayer del juicio oral y público que llevó a cabo la Cámara Segunda del Crimen. En su caso, por tratarse de una menor de edad, será el Juzgado de Menores el que deberá decidir si acepta o no la probation.
Entretanto, el juicio de ayer duró lo que un suspiro porque, asesorado por su abogado defensor, Knuttsen decidió aceptar lisa y llanamente la acusación que había en su contra. Esa actitud dio lugar a un juicio abreviado que concluyó en una misma jornada.
Tras la confesión, el fiscal de Cámara Jorge Medina y el defensor -el asesor letrado Santiago Camogli- pronunciaron breves alegatos y coincidieron en el pedido de la pena de 5 años y 6 meses de prisión, condena sensiblemente inferior a la que podría haberle tocado si el imputado era sometido a un juicio ordinario.
Luego de un intervalo, el juez Emilio Andruet le aplicó la misma pena que consensuaron las partes y decidió mantener abierta la causa para la novia del acusado.
Horas de desesperación
La confesión del exempleado de una estación de servicio Christian Knuttsen significó que se hizo cargo del grave delito tal y como lo había descripto el fiscal que lo acusó, Luis Pizarro, a cargo provisoriamente de la Fiscalía de Primer Turno.
¿Qué es lo que dijo Pizarro en la acusación? El fiscal relató que la noche del 6 de febrero de 2017 un vecino de Las Higueras se contactó por Facebook con una atractiva chica y acordaron encontrarse esa misma noche en una plaza ubicada en el barrio Libio Cónsole.
El joven se presentó en el auto de su padre en el lugar indicado, donde lo estaba esperando la adolescente. Así fue como decidieron ir hacia la costa del río, en el sector de la margen sur, donde están los baños públicos. En la Justicia, la víctima contó que la chica mostraba una actitud sospechosa porque todo el tiempo miraba por el espejo retrovisor del auto y, cuando estaban estacionados en plena oscuridad, ella lo convenció para que no se marcharan. “No pasa nada, no tengas miedo, quedate tranquilo que yo vengo siempre acá”, lo calmó.
Pero diez minutos después sobrevino el calvario para el desprevenido joven.
Ella le propuso que cambiaran de butaca y, apenas abrió la puerta, irrumpió un hombre que le dio un culatazo en la cabeza, con una pistola. Al agresor se le sumó otro y hubo más golpes, mientras lo apuntaban con el arma. “Dame plata, te vamos a llevar al cajero así me das la plata, no me das lo que te pido y perdés una pierna” eran las intimidantes frases con las que amedrentaban al muchacho.
Luego lo obligaron a decir cuándo y cuánto cobraba. “Vos sos de plata, te podemos secuestrar hasta que vos cobres”, le dijeron. Lo desvalijaron, le revolvieron todos los papeles del auto, pero el asunto no quedó ahí.
Se pusieron en marcha y después se detuvieron en otro punto del río donde hicieron bajar a la víctima, le quitaron la ropa y lo manosearon, mientras le advertían: “Te vamos a cagar violando, quedate piola, quedate quieto que si nos mirás te quemamos”.
Lo ataron con un cinto, lo patearon por todo el cuerpo y lo cargaron en el baúl de su auto. Para que no pudiera pedir auxilio le pusieron una remera en la boca. “Gritás o pataleás, o hacés algo raro y salimos de donde estemos y te pegamos un tiro”, le advirtieron.
El asedio se prolongó durante horas. El joven fue liberado a las 5 de la mañana, en el pasaje Tulio Reyna. Los asaltantes le habían dejado tiradas las llaves del auto, a unos cien metros.
Aunque habrían sido varios los que participaron del cruento episodio, los únicos que pudieron ser identificados por la Justicia fueron Knuttsen y la chica que fue utilizada como “anzuelo” para el engaño.

