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Emotiva ceremonia en la UNRC a 16 años de la explosión de la Planta Piloto

La comunidad universitaria y los familiares de las víctimas volvieron a encontrarse frente al edificio en el que ocurrió el incendio que les costó la vida a un alumno y a 5 docentes el 5 de diciembre de 2007, después de las 10

Pasaron 16 años desde aquella trágica mañana del 5 de diciembre de 2007 a las 10 de la mañana cuando la ciudad y el campus de la UNRC se llenaron de sirenas. Una potente columna de humo negro y las llamas asomando por las ventanas del piso superior y el portón norte de la Planta Piloto de la Facultad de Ingeniería, ubicada a pocos metros del jardín maternal, fueron las imágenes de la tragedia. Un escape de gas que llegó hasta un autoclave, en el marco de un proyecto de investigación que ese día iba a tener su prueba final, fue el detonante. Las llamas ganaron rápidamente el interior de la planta y alcanzaron mortalmente al alumno Juan Politano y a los docentes Gladys Baralla, Damián Cardarelli, Liliana Giacomelli, Carlos Ravera y Miguel Mattea. Fueron las víctimas de aquel siniestro que ayer volvió a recordar la comunidad universitaria local junto con los familiares de los fallecidos. En el mismo lugar de los hechos, como desde hace 16 años.

Un encuentro en el que los protagonistas son el recuerdo y el dolor. Y las imágenes que para muchos no volverán a borrarse.

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La rectora Marisa Rovera, depositando una flor en el ingreso de la ex Planta Piloto.

“Nos retrotrae a una tragedia que nos vuelve a contextualizar en un momento de dolor, de tristeza, de congoja. Pero al mismo tiempo recordarlo y traerlo al presente hace que mantengamos una conciencia colectiva en lo que significa el valor de la vida, de la seguridad de las personas, en la solidaridad pensando en nuevas generaciones que no fueron protagonistas ni vivenciaron aquel triste momento. Pero tenemos la obligación institucional, moral y social de formarlos en valores de respeto, de contención y de cuidado para todos, con todos”, destacó la rectora Marisa Rovera en diálogo con este diario.

Nos retrotrae a una tragedia que nos vuelve a contextualizar en un momento de dolor, de tristeza, de congoja. Pero al mismo tiempo recordarlo y traerlo al presente hace que mantengamos una conciencia colectiva en lo que significa el valor de la vida, de la seguridad de las personas, en la solidaridad pensando en nuevas generaciones que no fueron protagonistas ni vivenciaron aquel triste momento Nos retrotrae a una tragedia que nos vuelve a contextualizar en un momento de dolor, de tristeza, de congoja. Pero al mismo tiempo recordarlo y traerlo al presente hace que mantengamos una conciencia colectiva en lo que significa el valor de la vida, de la seguridad de las personas, en la solidaridad pensando en nuevas generaciones que no fueron protagonistas ni vivenciaron aquel triste momento

Y agregó: “Es un día triste, pero tenemos la firme convicción de que debemos seguir cada 5 de diciembre frente a este escenario que es doloroso, recordando, conteniendo a los familiares que transitaron y transitan momentos que no tienen consuelo”, indicó la máxima autoridad de la casa de altos estudios que en aquel momento ejercía como docente.

Rovera destacó también que la comunidad “debe mirar hacia adelante con la premisa de que nunca más vuelva a ocurrir un hecho de esas características”. Y sumó: “Tenemos que seguir construyendo la institucionalidad, la vida democrática, pero nunca olvidando, sino recordando para que no vuelva a repetirse”.

La ceremonia comenzó con unas breves palabras del sacerdote Carlos Juncos y continuó con la palabra de representantes de la Asociación Gremial Docente (AGD), compañeros y familiares de las víctimas. “Que las políticas laborales no desechen lo que debe ser la columna vertebrante, el cuidado del trabajador, la trabajadora, en todos sus aspectos. También por supuesto de estudiantes y no docentes. Lo primero, invaluable en términos economicistas, es la vida misma. No más muertes en el trabajo”, planteó Elena Berruti, una de las oradoras del gremio docente.