Los coronavirus son una familia de más de 50 virus que causan enfermedades en distintos animales. Hasta el 31 de diciembre de 2019, seis integrantes de esta familia se habían identificado como patógenos también para las personas. Entre ellos se describieron en los años ‘60 al 229E y el OC43, y actualmente en conjunto con NL63 (2003) y HKU1 (2005), representan la causa del 15 a 30% de los resfríos estacionales. Los dos coronavirus restantes son SARS-CoV (Coronavirus del Síndrome Agudo Respiratorio Grave) y MERS-CoV (Coronavirus del Síndrome Respiratorio del Medio Oriente), que causaron brotes epidémicos en 2002 y 2012 respectivamente.
Y así, en vísperas de 2020 (31 de diciembre de 2019), se reporta la existencia del Covid-19 (Coronavirus Infectious Disease 19) causado por un virus emergente, cuya existencia no se conocía o, al menos, no se había reportado anteriormente su capacidad de infectar humanos. A los pocos meses de su emergencia mostró un potencial pandémico del que carecían los anteriores. Así, lo que más necesitamos son herramientas para luchar contra el Covid-19, como las vacunas o antivirales.
Muchas veces se confunden antivirales con vacunas o, incluso se usan como sinónimos, por lo que es importante marcar sus diferencias y por qué su desarrollo lleva distinta cantidad de tiempo.
Los antivirales inhiben algún paso en el proceso de replicación viral. Cuando un virus entra a una célula tiene que seguir una serie de pasos para poder generar nuevas copias de partículas virales que luego salen e invaden otras células, e incluso nuevos "anfitriones". Los antivirales frenan algún paso de este proceso.
El objetivo de las vacunas, en cambio, es inducir una respuesta inmunológica protectiva para que el sistema inmune pueda responder con mayor rapidez y de manera eficiente a esos virus.
Otra diferencia es que ya conocemos una gran variedad de antivirales que son efectivos para diversos virus. Entonces es factible, al cultivar in vitro SARS CoV2, probar si alguno de éstos es efectivo, es decir, si reduce la capacidad del virus de crecer en cultivo. Si alguno funcionara es posible pensar en probarlos en humanos con la ventaja de que en general ya se conocen, es decir, se sabe cuáles son sus efectos adversos, con qué medicamentos interaccionan, etc.
En cambio, las vacunas deben ser sintetizadas sin ningún conocimiento previo y hay que iniciar el proceso desde el inicio.
Por eso la aplicación terapéutica de antivirales ya conocidos puede ocurrir antes que la de las vacunas.
Sin dudas, es necesario que el trabajo sea simultáneo en pos de avanzar en ambas estrategias. Mientras, generamos conocimiento, compartimos datos, y nos quedamos en casa.

