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Vanesa Padullés: su embarazo durante la 125 y las huellas de aquel conflicto

Al borde de las lágrimas, aún se conmueve recordando los álgidos días de 2008 cuando su esposo, Carlos Garetto, era uno de los integrantes de la Mesa de Enlace. "Aunque haya seca siempre estamos en el barro", reflexiona

Vanesa Padullés Igoillo es una referencia entre las mujeres rurales de la provincia. Nacida en la zona rural de Leones, tiene toda su vida atravesada por el campo. Estudió en Córdoba, vivió en San Pablo, pero decidió volver. Y al poco tiempo se casó con Carlos Garetto, uno de los grandes protagonistas de los difíciles días de 2008, en pleno conflicto entre la dirigencia rural y el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner por la Resolución 125. Garetto era el presidente de Coninagro y formaba parte de la Mesa de Enlace. Ella todavía se conmueve con el recuerdo de aquellos días y las tensas llamadas telefónicas que provenían de despachos oficiales. Estaba embarazada de su primer hijo. Trece años después, recuerda que el primer baño del bebé fue en un bidet en un hotel de Pergamino, donde habían ido a participar de una asamblea.

“Soy nacida y criada en familia agropecuaria, desde los bisabuelos. Fui de chica a vivir con la abuela a Leones, con la tía, mientras mi familia seguía en el campo. Después me fui a estudiar administración de empresas a Córdoba y me facilitó mucho el estar vinculada a la ruralidad desde siempre, conocer procesos, lenguaje, las formas contables, legales de la producción agropecuaria que se abría ya hacia formas más profesionales. Eso me abrió las puertas de empresas agropecuarias, en Villa María; después me fui a San Pablo”, recuerda en un breve repaso de sus días Vanesa Padullés en diálogo con Tranquera Abierta.

“Cuando uno se va a vivir al exterior toma perspectiva de lo valioso que es tu terruño, de la forma de vida cuando eras chica. Y cuando pensas en una familia, en criar los chicos, pensas porqué los voy a condenar a San Pablo. Claro que vivir en el interior tiene sus pro y sus contras; después hay que estar en el campo, tomar otra perspectiva. Y pensar cómo colaborar para el desarrollo local para que la vida rural sea cada vez mejor.

¿Y regresaste a Leones?

Decidí volver. Carlos también es de acá, formamos la familia, criamos nuestros hijos y vivimos en el campo y van a la escuela al pueblo. Estamos cerca, trabajamos varios campos acá con producción agrícola ganadera, en una zona en la que la ganadería tiene que ser muy de precisión, sino decimos siempre que las vacas comen bombones. Pero hay toda una tradición y un trabajo de muchos años en la mejora de la raza Angus para exportación que te hace no sólo amar a los animales, sino valorar tanto tiempo y esfuerzo invertido de dos generaciones. Y por eso necesitamos que en ganadería haya largo plazo, también pensando en la sostenibilidad del suelo, en la necesidad de la rotación, de las pasturas, con los cultivos, para no ser extractivos. Porque además amamos el campo y que haya gente viviendo en los campos. No concebimos los campos sin vida, sin gente. Por eso no hacemos todo sojización, o arrendamos, o tenemos contratistas y nosotros sólo administramos. No.

La ganadería exige presencia...

En la ganadería el trabajo es diario, siempre hay que ver cómo están los animales; si llueve hay que ir, siempre tienen que comer, agua a disposición, sanidad. Y lo vemos como una forma de agregarle pisos al campo que tenemos, darle valor agregado a nuestro propio maíz. Y logramos todo un manejo para que los empleados tengan trabajo todo el año, aún cuando la agricultura no demanda mano de obra.

¿Cómo es eso?

Trabajamos cuatro campos, no muy grandes pero sí cercanos, y en cada uno está la casa correspondiente para que siempre haya gente. Y ahí también vemos la mirada de la mujer, que es complementaria de la del hombre. En nuestro caso Carlos está más centrado en la producción, en la administración y yo en la gente, en cómo viven, en la educación de los chicos. A todos los campos le pusimos internet y más con la pandemia, porque están los chicos y las mujeres con sus emprendimientos. Me preocupo por eso, porque las mujeres no estén sólo viviendo en el campo sino que puedan desarrollar alguna actividad y tengan autonomía. Y también eso permite que quieran vivir en el campo porque la mujer es un factor de decisión clave del arraigo, que es muy importante de sostener en la zona rural. Y a eso le sumamos todo lo propio, con el cuidado y crianza de nuestros hijos, intentando que amen todo esto; veremos qué deciden en el futuro.

Vanesa Padullés Igoillo.

Ese campo cambió drásticamente en esos años...

Tenemos en las dos familias una historia muy rica de arraigo en el campo y evidencias de cómo se fue dando esa evolución. Y a veces la tenemos muy a la vista, porque por ahí parecemos acumuladores seriales de cosas en los galpones, y muchas veces vamos a tirar algo pero pensamos en lo que significó, y la verdad que podría ser un museo. Lo primero con lo que lograron potabilizar el agua, el primer intento de lavarropa de mi bisabuelo... y uno se proyecta y piensa en la presencia de la mujer en el agro, que muchas veces se piensa que no estuvo, pero en realidad lo que no estuvo es visibilizada. Pienso cómo mi abuela o mi bisabuela tuvieron que trabajar, o la madre o abuela de Carlos, las tías, cómo tuvieron que hacer para darle de comer a tantos peones, criar tantos hijos, que fueron educados, las tareas del hogar. Y por ahí se dice ‘porqué no eran más cultas’, pero cuándo les iba a quedar tiempo para eso! La tecnología fue modernizando, facilitando, y por eso hay que implementarla para ganar calidad de vida y tiempo.

¿Y cómo llegó Mujeres Rurales?

Cuando se hizo el G-20 en Argentina se hizo en paralelo el W-20, que reúne a mujeres de esos países. Y por iniciativa de la ONU y FAO se aborda mucho el tema de la mujer rural, principalmente para la sostenibilidad del ambiente y para reducir el hambre, pensando en la comida y las dietas de las familias. En muchos países se toma a la mujer rural de menor escala, la que produce para el autosustento. En ese momento, mujeres con acceso a esos grupos, como Pilu Giraudo, creyeron necesario mostrar a la mujer argentina en la gran diversidad de territorios que tenemos. Porque además de aquella que produce para el autosustento, la campesina, la artesana, que tenemos y muchísimas, está la mujer rural profesionalizada o empresaria. Y se entendió necesario que era un potencial a mostrar como riqueza de capital humano. Formamos un grupo y nos encontramos una riqueza increíble. Muchas ya nos conocíamos de nuestras actividades previas, porque algunas hacía rato que veníamos con esto. En mi caso en Coninagro, con 13 años de trabajo. Yo notaba que en las cooperativas, en las fotos históricas de cada una, no había una sola mujer. Y sin embargo estaban en el campo. Mi abuela existió, mi suegra también, y estuvo 6 años sola en el campo cuando enviudó, levantando bandera hasta que Carlos terminó de estudiar en Córdoba. Y entonces nos pusimos a trabajar pensando en qué mundo queremos dejarle a nuestros hijos. Y si bien comencé en Coninagro hace muchos años, cuando armamos mujeres rurales la diversidad fue increíble, desde la región Chaqueña hasta la Patagonia. Y comenzamos a crecer, porque ya de sólo ver la diversidad se abre la mente y eso te hace crecer.

¿Cómo ves a la producción hoy?

Como desde hace bastante tiempo. Parece que no se lograran entender los ciclos productivos, la cuestión de oferta y demanda, que es lo que determina el precio. Y el camino es más oferta y para eso tiene que haber ambientes con perspectivas más estables a largo plazo para que haya incentivos para invertir y hacer lo que sabemos hacer, que además lo sabemos hacer muy bien, sólo necesitamos que nos dejen hacer. No hay mejor plan ganadero y estímulo a la producción que el que no haya trabas para poder producir lo más posible y así generar más trabajo y exportación. Y en particular, que podamos planificar porque parece que aunque haya seca estamos siempre parados en el barro.

¿Cómo fueron los tiempos de la 125 junto a Carlos?

Con Carlos estábamos casados hacía poquito y yo estaba muy orgullosa por el rol que tenía como dirigente y a dónde apuntaba, además de ser productor. Pero no imaginamos nunca que nos iba a tocar vivir esa situación tan engorrosa y de un día para el otro. Yo estaba embarazada de mi primer hijo y él intentaba disfrutar de eso pero al mismo tiempo tenía su cabeza ocupada en su rol de dirigente. Y si bien tenía comunicación constante con las bases, era necesario hablar en casa y hablábamos mucho, especialmente de todo lo que se decía a nuestro alrededor, en los medios de comunicación. Fueron tiempos tormentosos, de muchos viajes. A mi bebé lo bañé por primera vez en un bidet de Pergamino porque justo se le cayó el ombligo ahí y estábamos en una asamblea de productores. Y traté de ayudar hasta con silencios, porque había tantas presiones de parte del Gobierno. Muchas veces se conocieron las públicas, pero no las privadas, las que ocurrían cuando llamaban por teléfono a los gritos, de personajes nefastos que todavía están cercanos al poder y uno no lo puede creer. Pero tratando siempre de pensar y no de seguir encendiendo mechas para que las decisiones fueran en frío, mientras se contenía a las bases para evitar que pase algo malo, porque la preocupación era que al campo no le quisieran tirar un muerto. Y recuerdo cuando Carlos habló con la Presidenta, porque en ese momento el país se partía al medio con una grieta, y si bien la tapa del diario de cuando nació nuestro hijo hablaba de eso, que después también quedara constancia de que su papá intentó el diálogo y que su familia no quería propiciar eso. Por ahí encontramos un poco de decepción cuando las cosas vuelven. Porque en ese momento hubo logros y se podría haber alcanzado una continuidad de paz social y de no volver al pasado. Pero cuando se regresa uno piensa ‘pucha!’ todo lo que costó y ahí estamos otra vez igual.

¿Hoy tienen esa sensación cuando miran alrededor?

La sensación es esa, que se hace como un espiral que ya sabemos dónde cae. Y hay mucha gente que en esa grieta se cae. Pero además, hoy la corteza de problemas se fue engrosando.