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Crimen del cura de Mackenna: un barbijo sería clave para la investigación

El fiscal espera los resultados para determinar si hay ADN en el tapaboca similar al que utilizaría el único detenido en el asesinato del padre Jorge Vaudagna. El magistrado agravó la acusación contra Arias.

Un barbijo con un sublimado de dientes sería una pista clave para el fiscal Daniel Miralles en la investigación por el asesinato del padre Jorge “Coqui” Vaudagna en la ciudad de Vicuña Mackenna.

Guillermo Nicolás Arias, de 23 años, está alojado en la cárcel local. El viernes se cumplió un mes del crimen y ese día, el fiscal dictó la prisión preventiva y agravó su situación al modificar la imputación a robo calificado por uso de arma de fuego, en grado de tentativa, agravado por la participación de un menor de edad, y homicidio criminis causa, en calidad de autor en concurso real.

El tapaboca fue encontrado en la escena del crimen del sacerdote, en la cochera del predio parroquial sobre calle 9 de Julio al 553. El material fue enviado a la ciudad de Córdoba para su análisis y así poder determinar si hay elementos que confirmen si Arias fue el autor del homicidio ocurrido minutos antes de las 21 del pasado 27 de octubre.

En el hecho participó un menor de 14 años (es inimputable), que también brindó su testimonio.

Miralles llegó a la conclusión que Arias y el adolescente ingresaron a la cochera “a desapoderar al sacerdote Vaudagna, de bienes o efectos y valores que tendría bajo su custodia o disposición”, teniendo en cuenta que el cura recibía donaciones en forma constante para el mantenimiento de la parroquia y del colegio Sagrada Familia, ya que era quien la administraba.

De la extensa investigación “surge que ningún testigo pudo afirmar que el padre “Coqui” Vaudagna mantuviera enfrentamientos o disputas personales con personas que pudieran haber motivado una acción para ultimarlo”.

Miralles concluye que los delincuentes se toparon con la resistencia del cura, quien los habría reconocido por lo que decidieron matarlo a quemarropa y a corta distancia, dos de los disparos dieron en su cuerpo. Hubo tres en total y los recibidos fueron en partes vitales.

Las cámaras de vigilancia y varios testimonios -aunque con falta de precisiones por la escasa iluminación- ubican a los principales sospechosos en la zona del crimen y disparando por las calles del pueblo hacia el ferrocarril.

Desplazaron el cuerpo

Vaudagna fue asesinado a metros del portón de ingreso a la cochera, pero fue arrastrado hacia la parte delantera de su camioneta Toyota Hilux, para que no se observara desde la vereda.

En el expediente, Miralles señaló que Arias “evidenció la actitud elusiva y con finalidad de ocultamiento” y hasta se “valió de términos falaces e involucró a terceras personas” para evitar ser considerado el autor del hecho.

También mencionó que familiares directos apuntalaron su declaración para “alivianar su situación procesal”.

Entre los estudios y las pruebas que todavía faltan en la investigación, Miralles mencionó las pericias psiquiátricas, balística (estudio mediante un microscopio policomparador de las vainas servidas y el arma de fuego secuestrada), genética sobre el barbijo encontrado en la escena del crimen y sobre la tela con la que le ataron las muñecas a la víctima, entre otras.

La defensa de Arias, representada por Paulo Espamer, solicitó numerosos testimoniales, que se iran sumando el expediente con el correr de los días.

La violenta muerte del padre Coqui generó un fuerte reclamo de justicia por parte de la sociedad de Vicuña Mackenna y un reclamo de mayor seguridad en la localidad.

En un mes se llevaron adelante tres marchas; la primera fue al día siguiente del asesinato y la última se concretó el viernes a la noche, a un mes del hecho. En ese período, se designó un nuevo jefe en la comisaría local.

Del expediente surge que Vaudagna fue golpeado con violencia en el rostro y fue maniatado con una tela, y al resistirse y pedir auxilio fue ultimado.

El menor escapó por el portón de la cochera, mientras que el mayor se ocultó en el techo y cuando fue divisado por un policía efectuó un disparo, abandonó una pistola, se bajó por una casa -a metros de la parroquia- y salió corriendo hacia el norte, donde está el predio del ferrocarril.