Río Cuarto |

Víctor Ciampichini, toda una vida ayudando a traer niños al mundo

El tocoginecólogo, que acaba de ser reconocido por sus 50 años en la medicina, habló de sus comienzos y de cómo desarrolla su profesión en el presente. Apoyó el reclamo de los trabajadores de la salud en los hospitales

El doctor Víctor Ciampichini es uno de los médicos que fueron reconocidos por el Colegio Médico de Río Cuarto por sus 50 años en la medicina. En diálogo con Puntal, el destacado tocoginecólogo habló de sus comienzos y de cómo vive el presente ayudando a traer a los niños al mundo.

-¿Qué implica cumplir 50 años como médico?

-Vos verás, todavía trabajando (risas). Para mí es una satisfacción. Siempre pensé que tenía que llegar a 50 años como médico, siempre lo decía. Ahora, junto a otros profesionales, el Colegio Médico me entregó un reconocimiento. Soy algo reacio a ese tipo de eventos, pero lo agradezco. Entre los reconocidos también está Carlos Maina (recientemente fallecido, quien también cumplió 50 años como médico), alguien con el que compartí mi vida.

-Muchos años de amistad…

-Y, salimos del secundario y terminamos cuando él murió. Carlos estuvo un tiempo en Marcos Juárez. Fue en ese momento cuando, junto a su esposa (la doctora Ingrid Waisman, también fallecida), le propusieron abrir un instituto de neonatología, algo que no era común. No había en la provincia una institución privada que cubriera ese servicio. La neonatología no es la pediatría, son cosas distintas.

-¿Por qué eligió ser médico?

-Yo quería ser transportista (risas). En Río Cuarto, cuando éramos chicos, la calle Maipú marcaba el límite de la ciudad en el oeste y nosotros íbamos a ver el tránsito pesado que pasaba por ahí. A mí me enloquecían los camiones. Mi padre era transportista y siempre le decía que yo iba a ser camionero. Si bien él se ponía medio verde, me decía que yo iba a ser lo que quisiera. Cuando terminé el secundario, decidí irme a Córdoba a estudiar. Me anoté en las carreras de Medicina y Abogacía. Finalmente, estudié Medicina. Era la carrera, siempre me gustó. Justo fue en el tiempo del golpe de Onganía y de la caída de Illia (1966), por lo que se vivieron tiempos difíciles en Córdoba.

-¿Y por qué optó por la tocoginecología?

-Yo soy tocoginecólogo, obstetra y ginecólogo. Tengo los tres títulos. Mi formación de base es de la Universidad Nacional de Córdoba. Elegí la especialidad porque me gusta ver nacer a la gente. Nunca tuve dudas, al contrario, siempre estoy buscándole la vuelta para ver qué más se puede saber sobre el origen de la vida.

-¿En qué lugar arrancó profesionalmente?

-Me recibí y me vine a Río Cuarto a jugar al fútbol. Me quebré una pierna, pero igualmente seguí para conseguir trabajo. Ahí me salió una oportunidad para trabajar en Unquillo. Vivía en Córdoba con “el gringo” Maina y tomaba el colectivo en la cañada para ir a Unquillo. Me quedaba dos o tres días en el hospital y me volvía. Recuerdo que en aquel tiempo a Carlos le ofrecen la posibilidad de irse a trabajar a la Azufrera Salta, que dependía de Fabricaciones Militares. Cuando se estaba por ir, le salió un puesto en un dispensario periférico en Córdoba y decidió quedarse, por lo que terminé yéndome yo. Fue así que estuve un tiempo en Salta trabajando.

-¿En Río Cuarto ha trabajado en la parte pública y privada?

-Sí. Cuando volví de Salta, rendí mi residencia. Estuve 8 años en el Hospital Privado de Córdoba. Después de eso, me vine a Río Cuarto. Ya tenía un hijo. Entré en el Hospital Central y me nombraron jefe del área de Obstetricia. Después hubo un concurso interno y se resolvió así: el doctor Eduardo Carrillo quedó como jefe del Servicio, yo como jefe de Obstetricia, que ejercí durante 20 años, y el doctor Riveri jefe de Ginecología. Mi consultorio lo abrí en 1978, en Sobremonte 1035. Era una casa que habíamos alquilado con, entre otros, el doctor Carlos Ferrero padre. Mientras tanto, seguía trabajando en el Hospital Central. Años más tarde, compramos otra casa y abrimos otro consultorio y, apenas arranqué, me vinieron a buscar para sumarme a la Clínica Regional del Sud. Allí estuve 15 años. Trabajaba en la Clínica y en el Hospital. Luego, el doctor Wollenveider me propuso entrar al Mater Vita y me fui de la Clínica. Eso fue cerca de 1994 y todavía sigo. Es más, no sé si me voy a jubilar (risas).

-¿Los partos los atiende únicamente en Neoclínica?

-Sí, no voy a otro lado. Antes iba al Instituto Médico, del que tengo muy buenos recuerdos. Por pedido de la doctora Waisman y del doctor Maina, armamos todo para el tema partos en la Neoclínica.

-¿Tiene alguna referencia sobre cuántos niños ayudó a traer al mundo?

-No, no los tengo contados, pero son muchos, muchísimos. Siempre que voy a algún lado aparece una chica que atendí o alguien que me dice: “Usted me hizo nacer, doctor”.

-¿Le da más satisfacción una cesárea o un parto natural?

-Las dos cosas. En la cesárea uno opera con un acompañante, la paciente está con analgesia, en el quirófano está la instrumentista, el circulante, la pediatra, el marido, etcétera. El parto natural es una cosa muy especial. Me han tocado partos en los que, una vez que se da el nacimiento, la pareja se pone a cantar, entonces, uno se siente como si sobrara. Es decir, parece que estuviera invadiendo una situación muy íntima de la pareja. Inmediatamente después de que sale el chico, la mujer cambia de actitud porque se terminó el dolor.

-Ha habido cambios dentro de lo que hoy se conoce como parto respetado, ¿cree que representa una mejora?

-Nosotros impusimos el parto humanizado en Río Cuarto. Lo trajimos de la línea de Caldeyro Barcia, un hombre que trabajó en el Hospital de Clínicas de Montevideo (Uruguay). Caldeyro Barcia fue uno de los primeros en dejar entrar a alguien que acompañara a la paciente durante el trabajo de parto. Eso fue lo que se llamó parto humanizado, ya que, hasta ese entonces, no se dejaba entrar gente durante el trabajo de parto ni tampoco a la sala de parto. Nosotros implementamos eso en Río Cuarto. Cuando se proponen cosas lógicas, yo dejo que lo hagan. Yo respeto todo lo que sea, pero nada que deje olvidado al feto.

-Algunas líneas hablan de los partos en domicilios…

-Cuando se plantea algo así, yo no les hago caso. Un chico se puede complicar en cualquier momento y cómo lo sacás adelante en una casa. Hay que respetar al feto, más allá de los deseos de la madre.

-¿Cuál es la mayor satisfacción que le ha dado su profesión?

-Todo. Yo atendí los partos de mis hijos, por ejemplo. El haber sacado chicos adelante sanos. O sea, el parto puede hacerse solo, pero la clave es poder sacar a los chicos sanos.

-¿Y la mayor ingratitud?

-Y, cuando se ha muerto alguien. Es algo que pasa, no es que no sucede. Eso te amarga mucho. Cosas que no se pudieron solucionar o que se fueron de las manos.

-Estamos en un momento complicado para la salud, con protestas en todos los hospitales provinciales, ¿por qué cree que hay pocos interesados en formarse en tocoginecología?

-Estoy al tanto de lo que pasa en el Hospital y respeto absolutamente el reclamo. La crisis está presente en varias especialidades de la medicina. La remuneración es muy baja. Hay que cambiar eso. El médico dejó de ser valorado por los gobernantes.

Nicolás Cheetham. Redacción Puntal