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Una tirolesa en el lago Villa Dalcar pone en riesgo las aves que habitan el lugar

A la contaminación visual de las estructuras de hierro naranjas que fueron montadas sobre grandes bloques de cemento en un entorno natural de gran riqueza para la ciudad se suma el impacto sobre la vida de la fauna

Uno de los espacios verdes más emblemáticos de la ciudad y que a su vez es albergue de decenas de especies de aves, muchas de ellas acuáticas, tuvo en las últimas semanas una instalación que rompe con el equilibrio ambiental que es la esencia del lugar y que motiva a cientos de riocuartenses a caminar, correr o acercarse a pasar una tarde en familia en ese lugar del oeste del ejido urbano.

Justamente la posibilidad de contar con un lago de esas características a 10 minutos de la Plaza Roca es un atractivo importante que terminó constituyendo una opción natural que se complementa con el Parque Ecológico, ubicado de manera contigua y que tiene como fundamento la recuperación de muchas especies animales que llegan allí luego de ser recuperadas del cautiverio o heridas. Por eso el lago y el Parque conforman un único espacio verde, y hasta complementario. Incluso el Municipio aportó recursos y trabajó para sostener la vida natural en el lugar con la inyección de agua en el espejo y la labor de la cosechadora de algas en su momento, además de acondicionar los alrededores y colocar la cartelería con el mensaje: “Lago Villa Dalcar, cuidemos juntos nuestro medio ambiente”.

Sin embargo esa esencia está siendo modificada a partir de la introducción de actividades que requieren de una infraestructura especial que choca de lleno con el ambiente natural que caracteriza al lugar.

Grandes cubos de cemento sostienen barras de hierro “doble T” que sirven de sostén de las estructuras que se levantan a ambos lados del lago: una sobre “la isla” y la otra sobre el lateral que colinda con el Parque Ecológico. Desde lejos se ven las dos torres naranjas unidas por dos cables de acero que corren por una roldana y permitirá que quien se lance desde una de las puntas pueda llegar a la otra. El impacto visual es evidente. Las torres naranjas se recortan en un paisaje verde perfecto.

Para poder instalar la torre que da a la orilla sur se colocó además un alambrado que en forma de “V” llega hasta el sendero por el que transitan los visitantes. Del otro lado del camino, a pocos metros de la torre, se montó otra estructura de cemento con hierro en donde terminan los tensores que sostienen todo el dispositivo. Para realizar esto último fue necesario podar las ramas principales de un añejo árbol de los que se levantan a cada lado del sendero. Los troncos que fueron cortados quedaron allí junto a la obra, a un costado del camino.

¿Puede tener impacto esto en el ecosistema del Parque Ecológico?

Los especialistas consultados no dudan en afirmar que muchas de las aves, que constituyen mayormente la fauna del lugar, se verán ahuyentadas por un mayor movimiento y la nueva actividad que consistirá en que personas pasen colgadas por la tirolesa por sobre el espejo de agua.

“Hay aves que son más amigables con el hombre, que se acercan, que conviven de forma más amistosa y que tal vez puedan reubicarse dentro del propio espacio, en algún lugar más alejado. Pero hay otras variedades que cuando observan mucho movimiento y más en este caso de personas que van a pasar por sobre el lago es posible que ya dejen de visitar el lugar y opten por otro espejo de agua en la zona que les dé mayor tranquilidad”, explicó a Puntal el biólogo, ornitólogo y docente de la Universidad Nacional de Río Cuarto, Pablo Brandolin.

Justamente antes de la pandemia, Brandolin contó a este diario un dato que en ese momento fue sorprendente: en el Lago Villa Dalcar, que es uno de los lugares de relevamiento y seguimiento de aves más importantes de la ciudad, hay un registro de 74 especies diferentes. Algunas son migratorias y aparecen en determinados momentos del año, mientras que a otras se las puede ver en cualquier época.

Las más comunes son las gallaretas, de plumaje oscuro y que tienen la población más numerosa del lugar. Suelen estar en la orilla y para esta época suelen estar acompañadas de las camadas de pichones que ya abandonan los nidos montados dentro de la vegetación acuática, especialmente de juncos. Pero no son los únicos que se reproducen allí. Ayer, una familia de pato barcino con sus 6 integrantes surcaban el agua del lago. En los árboles de alrededor del lago, muchas variedades no acuáticas también aprovechan para construir sus nidos, desde cotorras, horneros, congos, calandrias, gorriones, cacholotes, chingolos y zorzales por mencionar apenas un puñado de especies que suelen mostrarse con frecuencia.

Por las tardecitas, en los árboles de la isla un nutrido número de aves suele llegar a pasar la noche. Son cormoranes (biguá) y garzas que pueblan las copas en negro y blanco. Abajo de esos dormitorios se montó justamente una de las torres de tirolesa en los últimos días.

Brandolín no sólo advirtió sobre la posibilidad de que algunas aves deciden migrar o no volver por las nuevas estructuras y el movimiento, sino que especialmente puso el foco en los dos cables de acero que cruzan el lago por encima: “Lo más peligroso para la fauna me parece que son los cables que usan el espacio aéreo del lago. Muchas especies llegan al lugar e incluso se mueven de noche y es muy peligroso que eso esté ahí porque puede chocarlos y resultar heridas”, advirtió el investigador.

Lo cierto es que según trascendió el proyecto no tendría sólo como finalidad el entretenimiento de la tirolesa con modalidad de sky surf para lo cual son necesarios motores que traccionen el movimiento, sino que se completaría también con un bar o lugar gastronómico al costado del lago.

Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal

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