Joaquín Vallé, integrante de la empresa, explicó que el proceso completo demandó 45 días, desde la recepción de los vehículos hasta la entrega final. Según describió, ese plazo implicó el desarrollo de matricería especial y una cúpula de vidrio diseñada específicamente para este proyecto, sin recurrir a componentes estándar.
"La verdad que fue un desafío enorme mantener ciertos parámetros de seguridad hacia el Santo Padre, pero preservando ese contacto o esa cercanía con el pueblo que tanto lo caracteriza él."
La base elegida para los vehículos fue una Toyota Hilux, decisión que Vallé vinculó con la intención del Vaticano de destacar la producción nacional. Las especificaciones técnicas fueron enviadas por la Santa Sede, aunque los detalles de seguridad se mantienen bajo confidencialidad por acuerdo con Toyota y el Vaticano.
Vallé Equipamientos fue seleccionada por Toyota Argentina por ser la única carrocera del país homologada por la casa matriz japonesa, un proceso de certificación que llevó tres años. Esa condición fue determinante para que la firma accediera al proyecto.
Uno de los papamóviles ya fue entregado la semana pasada y se encuentra actualmente en la planta de Toyota en Zárate. El segundo permanece custodiado en un depósito de Gendarmería Nacional ubicado en la zona de Jesús María, en Córdoba.
"Los representantes del Vaticano nos felicitaron por el desempeño del vehículo, el desempeño de la transformación."
En cuanto a si podrá ver al Pontífice en persona durante su paso por Córdoba, el empresario señaló que aún no está confirmado, aunque lo calificó como "la frutilla del postre" de todo el proceso.
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