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Estrés pospandemia y alimentación

María de los Ángeles Sánchez Calvin*

Esta cuarentena a muchos les dejará la amarga realidad de unos kilos de más. Según una encuesta realizada por la Sociedad Argentina de Nutrición, más de la mitad de los argentinos asegura que subió de peso durante este período de confinamiento.

En Argentina, la prevalencia de exceso de peso por autorreporte (sobrepeso+obesidad) en la 4ta Edición de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR) fue de 61,6 por ciento, comparativamente superior a la 3ra Edición de la ENFR (57,9 por ciento). La tendencia se mantuvo en ascenso en relación con las anteriores. En el análisis antropométrico usando peso y talla medidas en el domicilio se obtuvo una prevalencia de exceso de peso (sobrepeso+obesidad) de 66,1 por ciento.

La angustia y la preocupación de los pacientes nos hacen pensar que debemos ayudarlos a prevenir sus ganas de realizar dietas mágicas, en búsqueda de perder en 10 días lo obtenido en más de 170, por eso es importarte incentivarlos para que generan cambios progresivos.

Pocos hemos aprendido a ser más flexibles, a querer vernos bien para sentirnos mejor, por eso hay que invertir más tiempo para nosotros, en estar más sanos, no en estar más delgados, en ayudar a nuestro cuerpo, que tuvo un deterioro metabólico por la mala alimentación, una disminución o inactividad física y un estrés emocional y colectivo que nos acompañará por algún tiempo.

Ser más flexibles nos hace más poderosos porque disminuye nuestra ansiedad y nos ayuda a adaptarnos mejor. La clave está en buscar el equilibrio entre la alimentación y la actividad física, de a poco, cambiando hábitos.

El movimiento es un punto importante, pero tenés que disfrutarlo, si no es difícil de mantener en el tiempo; la inactividad baja un 4% la masa muscular, un 9% de fuerza y nuestro consumo de oxígeno del 5 al 10%.

Hay que nutrir nuestros cambios con amor y tiempo.

El miedo a volver a trabajar, a salir a la calle a volver a sociabilizar, va a estar, va a aparecer, pero la clave está en cómo reaccionamos, en cómo enfrentamos lo que nos pasa. La valentía no es la ausencia de miedo frente a la incertidumbre que estamos viviendo, lo importante es la capacidad que tenemos de superarlo y hacer una mejor versión de nosotros mismos.

Muchas veces es necesario volver a la base, a los principios, al lugar que nos hace sentir más seguros y volver a intentarlo hasta que logremos adaptarnos a los cambios, a la nueva manera de caminar con tapabocas.

Visualizando dónde, cómo y con quién queremos estar, vamos a disminuir los miedos y el estrés que se genera. Vivir en el presente, en el ahora, porque el pasado se fue, ya enseñó lo que debía y el futuro lo estamos creando hoy.