El asentamiento ubicado sobre la margen norte del río, debajo del puente Colgante, en el sector conocido como Ranqueles o San Martín, se expande día a día y cada vez está más cerca del puente Islas Malvinas, situado en la ruta A005. Aunque son tierras fiscales, no hay servicios de ningún tipo y existe un pequeño basural, las familias optan por instalarse allí debido a las dificultades que existen para adquirir lotes a precios razonables y a la imposibilidad de seguir pagando alquileres que, mayoritariamente, se han vuelto totalmente inaccesibles.
En ese marco, la Provincia y el Municipio anunciaron la urbanización de la zona junto a otros puntos de RíoCuarto, hecho que ha generado grandes expectativas entre los vecinos que esperan mejoras en el barrio desde hace más de 10 años, cuando comenzaron a llegar los primeros grupos, luego de la inauguración del Colgante, allá por 2010.
El mayor anhelo de quienes viven en el sector es que, de una vez y para siempre, llegue el alumbrado público, ya que de noche es una “boca de lobo”, lo que hace que el lugar sea inseguro.
A la vez, aguardan que se continúe con la pavimentación de la costanera norte y que el tramo entre los puentes Colgante e Islas Malvinas quede totalmente conectado, como sucede actualmente en la margen sur, sobre Cola de Pato (que también ha crecido).
Amelia, una de las vecinas más comprometidas del barrio, aseguró a Puntal que desde el Municipio ya han estado haciendo mediciones y que se espera que, entre las obras de infraestructura básica, lleguen las cloacas.
“Hay muchos vecinos que se están mudando a esta costa porque no pueden pagar un alquiler. No hay mucha ayuda en ese sentido. Por eso, en el barrio, lo que necesitamos con urgencia es que llegue el alumbrado público, ya que todo se ha extendido mucho. Acá había un gran basural y nosotros nos ocupamos de limpiarlo. Hoy tenemos una cancha de fútbol que es utilizada por los niños del barrio y que también sirve para los campeonatos de fútbol femenino que organizamos. Hace 10 años que estoy en el barrio y puedo decir que ha cambiado muchísimo. Con un proyecto del Presupuesto Participativo logramos que se hiciera una placita y nosotros nos ocupamos de cuidar todo”, comentó Amelia.
Si sigue avanzando, la costa norte se parecerá a Cola de Pato (margen sur) por el amplio desarrollo de viviendas.
Asimismo, la mujer recordó que, aunque se vio obligada a suspender la actividad por la pandemia, durante un tiempo brindó copa de leche tres veces por semana para unos 30 niños.
“Todo se hace a pulmón. Esperamos retomar pronto la copa de leche porque hay muchas necesidades”, acotó.
Por su parte, Ramón, otro de los residentes del barrio, dijo que por las noches deben estar atentos para que, ante la falta de luminarias, los delincuentes no ingresen al predio y se lleven los elementos recreativos de la costa.
“Hay que levantarse a la noche para que no se roben las cosas. Por otro lado, necesitamos un contenedor para juntar la basura porque el servicio de recolección no funciona del todo bien”, consideró Ramón.
Medidores
Otra de las necesidades de los vecinos es la instalación de medidores de energía eléctrica para individualizar los consumos. Hoy por hoy, muchas familias “les prestan” la luz a otras, con los riesgos que eso implica.
“Lo de la luz es urgente. Se necesitan medidores. Nos han hecho una promesa y esperamos que se cumpla. Yo le estoy prestando la luz a una familia y el costo es altísimo, pero no los puedo dejar sin esa ayuda”, dijo Amelia.
En otro orden, Diego, un colaborador del barrio, contó que son varias las organizaciones que brindan su ayuda a los vecinos.
“Acá colaboran distintas organizaciones como la CTA, el Surrbac y los Telefónicos. También aportó mucho el padre Carlos Costale cuando estaba en la parroquia Jesús Resucitado. Aquí viven familias que trabajan con los ladrillos, son recolectores urbanos o hacen changas”, afirmó Diego.
Nicolás Cheetham. Redacción Puntal

