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El novillo en dólares sigue cayendo, pero el consumo no logra repuntar

El animal en pie cuesta, en moneda norteamericana, la mitad que en Paraguay y Brasil, y algo menos aún que en Uruguay. Pero la demanda del mercado interno continúa en baja por el deterioro de los ingresos de la población

El debate desatado por el precio de la carne desde el 22 de mayo en adelante motivó casi 5 meses de fuerte discusión en torno al cierre de exportaciones, el real impacto sobre el valor de los cortes en las góndolas y los efectos en la cadena de la carne.

Sobre esos ejes y trazando una comparación con lo que ocurre en los países vecinos, el exsecretario de Agregado de Valor de la Nación, Néstor Roulet, elaboró un informe en el que revela que en dólares el precio del novillo cuesta la mitad en Argentina que en Brasil y Paraguay, y algo menos aún que en Uruguay. Pero por otro lado, el consumo interno no repunta debido a la pérdida de poder adquisitivo de la población en el país.

“El Gobierno intervino el mercado cárnico cerrando parte de las exportaciones, abarrotando los frigoríficos con carne que no se consume en el país, dejando morir vacas de rechazo en el campo (los gastos para poder salvarlas superan ampliamente su valor) y desalentando la inversión en ganadería”, enfatizó Roulet en el trabajo a modo de introducción.

“Hoy podemos decir que, a causa de estos manipuleos de mercados, de la presión impositiva y de la brecha cambiaria, el productor de nuestro país recibe el menor precio de la región teniendo en cuenta el dólar billete”, explica.

Y agrega: “Si observamos la evolución del precio de novillo pesado de Argentina y países vecinos, los productores ganaderos de nuestro país cobran un 50 % menos el kilogramo de novillo, que productores de los países vecinos”.

Esa brecha, Roulet la denomina “un verdadero desacople”. Pero luego, responde al interrogante de si esta situación permitió mejorar el consumo interno: “Y la repuesta será también insólita: no, cada vez se come menos carne vacuna”, enfatiza el trabajo.

Ese informe explica que al observar los promedios anuales, en los años 2016 y 2017, en que no había un desdoblamiento cambiario, donde hubo una menor presión impositiva (se eliminaron las retenciones a las exportaciones de carne) y donde se liberaron las exportaciones, sin trabas, fueron los años donde hubo un mayor consumo de carne en el país. Peor aún, en el último informe de Ciccra titula que nuevamente en setiembre de 2021 bajó el consumo a 47,3 kilos por habitante y por año”.

Y explica: “Por más carne barata comparada con cualquier país en el mundo, si el poder adquisitivo de la gente es cada vez más bajo debido a la alta inflación (en setiembre fue del 3,5%) por la descontrolada e irresponsable emisión monetaria, lo único que logra es que el productor ganadero por falta de rentabilidad, trate de reconvertir su negocio, bajando gasto e inversiones, con incidencia negativa para la productividad, mientras la gente come menos carne vacuna porque no le alcanza la plata para comprarla”.

De esta manera, en el cuadro que acompaña esta página, se observa que en los últimos dos años, el poder de compra del salario en corte de carne pasó de 80,9 kilos de asado en setiembre de 2019, a tan sólo 48,27 kilos en setiembre de 2021, un 60% menos.

“A pesar del bajo valor que reciben por su producción los ganaderos (obligados a producir con quebrantos) y del bajo valor del asado en el mostrador, en el país se come menos carne vacuna por habitante por año. Esto demuestra que el problema no es el desacople de los precios internos con los internacionales, el verdadero problema es el impuesto inflacionario”, finaliza.